Ebook

Entre el campanario, el cuartel y el barco

La historia de ese "hilo" que nos une
🔍
Ebook

Entre el campanario, el cuartel y el barco

La historia de ese "hilo" que nos une · Cómo encontrar en los documentos militares la historia que une a tu familia con Italia

ancestrositalianos.com

Introducción

Introducción

Este trabajo comenzó a gestarse a comienzos de la década de 2010, a partir de la búsqueda de documentos militares de mis antepasados. Lo que inició como una búsqueda personal fue transformándose, con el paso de los años, en una investigación sostenida sobre los registros militares italianos y su contexto histórico. A lo largo del tiempo fui conociendo nuevas fuentes y enfoques historiográficos, pero el objetivo se mantuvo constante: crear una herramienta clara y contextualizada para comprender estos documentos como parte de la historia social y familiar de nuestros antepasados.

Este ebook no es solo una guía para encontrar documentos militares italianos. Es una invitación a comprender el mundo en el que vivieron quienes nos precedieron y el proceso histórico que dio origen a esos registros que hoy buscamos en los archivos.

Para entenderlos, es necesario situarlos en su marco histórico. La leva no fue simplemente un trámite administrativo: fue uno de los instrumentos centrales mediante los cuales el Estado italiano, después de la unificación de 1861, comenzó a contar, medir y clasificar a millones de jóvenes. Fue también uno de los principales mecanismos mediante los cuales el Estado intentó construir una identidad nacional sobre un territorio que durante siglos había vivido fragmentado y profundamente anclado en identidades locales.

Antes que italianos, nuestros antepasados eran hombres de su valle, de su comuna, de su campanario. El campanilismo ---ese apego intenso al paese, al dialecto, al entorno inmediato--- fue durante siglos la forma primaria de pertenencia. La unificación no borró ese modo de identidad: lo tensionó, lo reorganizó y lo incorporó a un proyecto nacional más amplio. Y sin embargo, el campanilismo sobrevivió. Sobrevivió dentro del cuartel, sobrevivió en el barco, sobrevivió en las mesas familiares de Buenos Aires y de tantas otras ciudades del mundo. Lo hizo con matices distintos en Italia y en Argentina, transformándose con el tiempo, pero sin desaparecer del todo.

En mis redes sociales suelo hablar de "ese hilo que nos une" para referirme a la historia, los documentos, los sentimientos y los vínculos que intentamos reconstruir. Sin embargo, a veces la síntesis más precisa no viene del campo académico sino de la experiencia vivida. Una seguidora lo expresó con una imagen sencilla y contundente: "el hilo en el que me hamaco". En esas palabras está todo: la pertenencia, el sostén, la necesidad de tener algo de dónde colgarse. Ese hilo no solo conecta con el pasado; también opera como anclaje en el presente.

Este libro propone explorar ese hilo desde cuatro ejes:

  • Conocer la época y la sociedad en la que vivieron nuestros antepasados: el campanilismo como forma de sentir y de pertenecer, los intentos del Estado por construir una identidad nacional por encima de ese apego local, y cómo ---a pesar de todo--- esa forma de sentir sobrevivió tanto en Italia como en Argentina, con matices propios en cada lugar.
  • Comprender que ese sentimiento tan difícil de explicar tiene nombre y tiene historia. El apego al lugar de origen del antepasado, esa pertenencia que sentimos sin haber estado nunca allí, es parte de ese hilo que nos une. No es casualidad ni capricho: es herencia.
  • Entender la importancia de los registros militares en la investigación genealógica. Estos documentos nos permiten conocer el lugar exacto de nacimiento del antepasado ---ese dato que tantas familias perdieron con el paso de las generaciones---, su historial militar y, en muchos casos, la fecha en que obtuvo el permiso para emigrar. Pero además nos hablan de algo más profundo: las condiciones concretas en que vivió, su estatura, su salud, su trabajo, su alfabetización.
  • Comprender que el servicio militar fue una de las herramientas centrales con las que el Estado construyó la nación. En ese proceso registró a la gran mayoría de los varones en edad militar --- lo que significa que hoy existe documentación sobre casi toda la población masculina de la época. Pero más allá de los documentos: presentarse ante la comisión de leva era un hito en la vida de cualquier joven italiano de esa época. Un momento que lo marcaba, independientemente de que terminara vistiendo el uniforme o volviendo a su casa. Una experiencia que atravesó a generaciones enteras y que hoy podemos leer en esos registros como si fuera una ventana a su historia de vida.

Porque la Italia que el Estado intentaba organizar no era una abstracción. Era una sociedad atravesada por pobreza, desigualdad, analfabetismo y desnutrición. Y esa realidad quedó escrita en los registros militares. Cada término administrativo ---abile, riformato, rivedibile--- refleja una realidad social y sanitaria concreta.

Este libro ofrece también herramientas prácticas: en qué archivos se conservan estos documentos, qué datos son necesarios para solicitarlos y cómo interpretar la información que contienen. Esos registros no están perdidos ni inaccesibles; en la mayoría de los casos están disponibles ---incluso en la web--- y al alcance de quien sabe cómo localizarlos.

Conocer el lugar de origen es un paso decisivo en la reconstrucción de la identidad. Es también una forma de intentar comprender ---y en cierta medida sanar--- las heridas que la emigración dejó y que, de manera silenciosa, atravesaron generaciones. Ponerle nombre al pueblo es ponerle nombre a una nostalgia que muchos sentimos sin saber explicarla del todo. Es recuperar el punto de partida de una historia que no comenzó con nosotros, pero que continúa en nosotros.

Comprenderlos es comprender el momento en que el Estado dejó constancia de las condiciones de vida de nuestros antepasados. Y descubrir que esas huellas, todavía hoy, pueden ayudarnos a entender quiénes fueron... y por qué nosotros seguimos preguntando de dónde venimos.

El campanile: el centro del mundo

Para comprender la historia de nuestros antepasados italianos ---y entender por qué los documentos de leva son tan importantes--- hay que empezar mucho antes del ejército, antes incluso de la unificación de Italia. Hay que empezar mirando un campanario.

Pueblo italiano rural a mediados del siglo XIX, con campesinos trabajando
Italia rural de mediados del siglo XIX: el pueblo, los trabajos del campo y la vida bajo la sombra del campanile.

Cuando visité la tierra de mis antepasados observé algo que atrapó mi atención, Desde una colina, desde la autostrada o desde el tren es posible ver los varios campanarios, cada pueblo con su campanario, cada uno distinto, cada uno reconocible. Algunos eran esbeltos y de ladrillo rojizo; otros, más macizos, de piedra clara; algunos parecían surgir apenas sobre el caserío, otros dominaban el valle como una afirmación vertical de presencia. Sin conocer el territorio, sin pertenecer a él, podía orientarme mirando esas torres.

Luego conocí las investigaciones del Prof. Marco Rovinello1 y se abrió ante mi un amplio panorama, que no solo me permitía comprender y analizar la documentación militar de mis antepasados, sino que encontré referencias al campanilismo, este apego que los campesinos italianos de fines del Siglo XIX y principios tenían por su pueblo, por su paese. Y en ese momento comprendí que en parte, también heredamos ese modo de sentir y de relacionarse con el pueblo de origen.

En la época de nuestros antepasados, cada campanario marcaba un centro. Cada uno indicaba que allí comenzaba un pequeño mundo. Mucho después supe que esa experiencia tenía nombre: campanilismo, una palabra que proviene de campanile es decir el campanario de la iglesia, que históricamente representaba el punto central y la identidad de cada pequeña comunidad italiana. Algunos autores lo describen como apego ciego, apasionado y a veces excesivo por la propia ciudad, pueblo, tradiciones y cultura local, a menudo acompañado de rivalidad o desdén hacia las localidades vecinas; simbolizando la lealtad extrema a la pequeña comunidad local antes que a la nación o región.2

Pero antes que concepto fue sensación física, espacial, conexión emocional. En 1861, cuando se proclamó el Reino de Italia, el nuevo Estado nació políticamente, pero la identidad nacional todavía no existía como experiencia compartida. Durante siglos, la península había estado fragmentada en reinos, ducados, Estados pontificios, repúblicas marítimas y pequeños señoríos. No había una sola Italia, sino muchas. Y lo más importante: la pertenencia principal de las personas no era a una nación, sino a su pueblo.

De allí surge el concepto de campanilismo: la identificación profunda con el propio campanario. El campanile no es una metáfora inventada por historiadores; es una realidad física. Es la torre visible desde los campos, desde las colinas, desde el valle. Es el punto más alto del paisaje y el centro simbólico de la comunidad.

Antes que italianos, los habitantes de la península eran piamonteses, lombardos, toscanos, sicilianos, napolitanos. Y antes incluso de eso, eran de un pueblo concreto: de esa plaza, de esa parroquia, de ese dialecto.

En muchas regiones ---especialmente en el norte y el centro--- existía una larga tradición de autonomía municipal. Las comunas medievales habían desarrollado sistemas propios de administración, regulación de recursos y resolución de conflictos. Incluso cuando dependían formalmente de un rey o de un duque, la vida cotidiana se organizaba localmente. El poder central era distante, el pueblo era tangible.

El horizonte geográfico coincidía, en gran medida, con el horizonte simbólico de la comunidad, configurando una identidad fuertemente localista. La mayoría de las personas nacía, trabajaba y moría dentro de un radio reducido. Se desplazaban a pie o en carro, y rara vez tenían necesidad de ir más allá de los pueblos vecinos. Desde una colina se podía divisar otro campanario a pocos kilómetros, pero esa cercanía visual no implicaba integración. Al contrario, marcaba diferencia: otro dialecto, otras familias, otro santo patrono.

El campanario marcaba el ritmo de la vida. Las campanas señalaban el inicio del trabajo, las fiestas, los incendios, las muertes. El tiempo comunitario era local y sonoro. El dialecto no era un simple acento: era la lengua en la que se pensaba y se soñaba; bastaban unas pocas palabras para reconocer a un forastero.

La pertenencia al paese no era una idea abstracta. Era el paisaje visible, el cementerio donde estaban enterrados los abuelos, la iglesia donde se celebraban los ritos que estructuraban la existencia. La confianza se basaba en el conocimiento directo; la red de parentesco sostenía la economía y la vida social. En ese mundo, la lealtad primaria no podía ser nacional porque la nación todavía no era una experiencia concreta.

El campanilismo no era una ideología política, sino una estructura emocional y social sedimentada durante siglos. Se expresaba en la solidaridad inmediata hacia el paisano y, al mismo tiempo, en la rivalidad con el pueblo vecino. No era extraño que comunidades separadas por pocos kilómetros mantuvieran tensiones que se remontaban a generaciones. El honor local, la precedencia en una procesión, el uso de un recurso común importaban y mucho.

Cuando Italia se unificó bajo la casa de Saboya, el nuevo Estado no llegó a un terreno vacío. Se encontró con comunidades muy arraigadas a su propio territorio y a sus propias identidades. El nuevo estado trajo consigo leyes unificantes, administración centralizada, sistema fiscal nacional y, sobre todo, servicio militar obligatorio. Para millones de campesinos, el Estado resultó una novedad abstracta asociada a impuestos y servicio militar. No era una comunidad imaginada con la que se identificaran espontáneamente. La nación era una construcción política; el campanile era una presencia visible y cotidiana.

Esta diferencia es clave para entender lo que vendrá después. Cuando el joven de veinte años sea llamado a la visita de leva y enviado al cuartel, no estará abandonando simplemente su casa: estará saliendo de un mundo organizado horizontalmente, basado en relaciones cara a cara, para ingresar en una estructura vertical, burocrática y distante.

El paso del campanario al cuartel no será solo geográfico, será cultural. Y esa tensión entre lo local y lo nacional ---entre el valle y el Estado--- marcará profundamente la experiencia de generaciones enteras. Porque si bien solo un porcentaje de la población realizaba efectivamente el servicio militar, todas las operaciones previas al ingreso a un cuartel (como el sorteo, el examen físico, etc.) involucraron y dejaron una marca en la casi totalidad de los varones de cada clase. También explicará por qué, un siglo después de la emigración, seguimos preguntándonos no solo "¿de Italia?", sino "¿de qué pueblo?".

Y el campanilismo no desapareció de un día para el otro, incluso dentro del ejército, muchos seguían pensando primero como hombres de su pueblo. El joven no era "italiano" sino miembro de un paese, de una comunidad concreta. Esta fuerte identificación local no fue falta de patriotismo. Fue una forma histórica de pertenencia que existía antes que el Estado. La identidad italiana se fue construyendo, poco a poco, negociando entre el campanario y la nación.

Porque antes que nación, hubo campanario. Y esa pertenencia dejó una huella más profunda de lo que a veces imaginamos.

Cuando el Estado llegó al valle

El nuevo Reino de Italia, bajo Víctor Manuel II, nació con un desafío enorme: transformar un territorio fragmentado en una nación cohesionada. Sobre el papel, la unidad estaba lograda, pero en la vida cotidiana de millones de personas, todavía no. El nuevo Estado no se limitó a cambiar fronteras, sino que introdujo una profunda reorganización administrativa y jurídica. Se unificaron las leyes, se centralizó la burocracia, se estableció un sistema fiscal nacional, se impuso el servicio militar obligatorio y hasta se cambió el nombre de muchas comunas, para evitar que fueran confundidas con homónimas. Para las élites políticas del momento, estos instrumentos eran necesarios para consolidar el país. Para muchos habitantes rurales, representaron la primera experiencia concreta con el Estado.

Hasta entonces, la autoridad más visible había sido local: el municipio, la parroquia, un juez, un notario. Ahora aparecía una estructura que contaba, clasificaba y registraba a los ciudadanos a escala nacional. El Estado comenzaba a saber quiénes eran, cuántos eran y dónde estaban sus súbditos.

Uno de los mecanismos más potentes de esa nueva presencia fue la leva. Cada año, los jóvenes de una determinada clase ---es decir, nacidos en el mismo año--- debían presentarse ante una comisión para ser examinados y registrados. Sus datos quedaban asentados: nombre, filiación, comuna de nacimiento, profesión, características físicas. El cuerpo se convertía en dato administrativo.

No todos eran incorporados al servicio activo. En los primeros años posteriores a la unificación, aproximadamente uno de cada tres jóvenes de veinte años ingresaba al sistema de leva, pero solo alrededor del 17 al 20 por ciento realizaba servicio activo completo. Tras las reformas militares de la década de 1870, ese porcentaje aumentó hasta cerca del 25 por ciento de cada generación. El Estado buscaba ampliar su capacidad militar y, al mismo tiempo, fortalecer su proyecto de nacionalización.

Sin embargo, incluso en su momento de mayor expansión, tres de cada cuatro jóvenes no hacían servicio activo prolongado. Esto significa que la experiencia del cuartel fue importante, pero no universal. El ejército fue una herramienta significativa de construcción estatal, pero su alcance tenía límites concretos. El servicio militar (la naja) arrancó a los jóvenes de los confines del paese diría Domenico Quirico,3 enfrentándolos a una Italia que nunca habían visto.

Para quienes sí eran llamados a filas, la experiencia implicaba una ruptura profunda. El viaje al cuartel suponía abandonar el valle, la red familiar, el dialecto dominante. El joven campesino que había vivido siempre dentro de un horizonte reducido se encontraba de pronto rodeado de hablas incomprensibles, costumbres distintas y órdenes impartidas en un italiano estándar que muchas veces no dominaba.

El Estado buscaba homogeneizar, pero la homogeneización no era automática.

Dentro del cuartel, el primer impulso de muchos reclutas no era abrazar una identidad nacional recién proclamada, sino buscar al paisano. Encontrar a alguien de la misma provincia o, mejor aún, del mismo pueblo, significaba reconstruir un mínimo de familiaridad en medio de la extrañeza. La lengua compartida funcionaba como refugio. La pertenencia local reaparecía como red de protección.

Las autoridades militares eran conscientes de las dificultades de adaptación. En algunos casos implementaron la llamada "estrategia del monitor": asignar a los nuevos reclutas un soldado veterano de la misma región para facilitar la instrucción y la disciplina. La intención era práctica pero el efecto era ambiguo. En lugar de disolver las diferencias, muchas veces reforzaba las solidaridades locales dentro del ejército.

El Estado había llegado al valle con leyes, impuestos y reglamentos. Pero no podía borrar en pocos años una estructura emocional y social construida durante siglos. La tensión se volvía visible. La nación política existía: tenía bandera, parlamento, ejército; pero el sentimiento de pertenecer a una misma nación apenas estaba en proceso.

El servicio militar obligatorio fue uno de los laboratorios donde ese proceso se intentó acelerar. Allí comenzaba un experimento histórico: transformar hijos del campanile en ciudadanos de Italia. Pero el resultado no sería simple ni lineal. Porque la identidad no se impone como un uniforme, se construye, se resiste, se adapta.

Y en ese espacio intermedio ---entre el valle que se deja atrás y el Estado que se presenta como horizonte--- se desarrollará la experiencia del cuartel.

El cuartel: la nación bajo techo

Para muchos jóvenes italianos del siglo XIX, el ingreso al cuartel fue la primera experiencia real de contacto con el Estado. No el Estado abstracto, el de las leyes o los impuestos, sino el Estado encarnado en una estructura concreta: uniforme, reglamento, jerarquía, horarios estrictos.

La vida en la caserma (cuartel) no tenía nada de épico. Lejos de la imagen heroica del soldado, la experiencia cotidiana estaba marcada por la repetición y la monotonía. Las jornadas giraban en torno a ejercicios constantes: manejo del fusil, formaciones, gimnasia colectiva, instrucción táctica, lectura y memorización de reglamentos. El objetivo no era formar individuos autónomos, sino producir disciplina. La sincronización de los gestos importaba más que la iniciativa personal.

Muchos testimonios describen la instrucción como mecánica, incluso estéril. Lecturas rápidas de manuales, prácticas superficiales, horas de espera. El tiempo parecía estirarse y la sensación dominante no era el entusiasmo patriótico, sino el aburrimiento. Cuando los mandos eran autoritarios o brutales, la experiencia podía volverse humillante. El ejercicio se transformaba en castigo. La disciplina, en tormento.

Desde el punto de vista psicológico, el impacto inicial era fuerte.4 El joven dejaba atrás la red de relaciones cara a cara que estructuraba su vida en el pueblo y se encontraba inserto en una jerarquía impersonal. En el mundo rural, la autoridad era conocida y situada: el padre, el alcalde, el párroco. En el cuartel, la autoridad vestía uniforme y respondía a una cadena de mando distante.

Sin embargo, una vez superado el shock inicial, la vida tendía a estabilizarse en una rutina. La repetición generaba adaptación. Y en ese contexto surgía algo fundamental: la horizontalidad entre conscriptos. Si el mundo del valle estaba organizado en torno a la comunidad local, el cuartel creaba una nueva forma de comunidad, distinta pero reconocible. Los soldados compartían litera, comida, fatiga y castigos. La solidaridad ya no se estructuraba únicamente en torno al campanario, sino alrededor del grupo inmediato.

El campanilismo no desaparecía, reaparecía reorganizado. Los reclutas buscaban a quienes hablaban su mismo dialecto. Se agrupaban por origen regional. Persistían insultos cargados de desprecio entre macrozonas: el "napolitano", el "mangia polenta", el "mangia patate". Las rivalidades podían escalar en peleas colectivas, algunas de ellas graves. La identidad local no se disolvía bajo el uniforme; se acomodaba dentro de él.

Al mismo tiempo, el cuartel fue también un espacio de alfabetización. Muchos jóvenes ingresaban analfabetos o apenas capaces de firmar su nombre. El ejército organizó escuelas regimentales donde se enseñaba a leer y escribir en italiano estándar. En el discurso oficial, el cuartel era una "escuela de la nación".

La realidad fue más compleja. La alfabetización tenía un objetivo principalmente instrumental: permitir que el soldado entendiera órdenes, leyera reglamentos y cumpliera funciones básicas. No se trataba de una educación política profunda ni de una formación cívica emancipadora. Los contenidos enfatizaban la disciplina, la moral, la religión y la higiene. El italiano se enseñaba como lengua de servicio.

Sin embargo, incluso en su carácter limitado, esa alfabetización produjo efectos sociales importantes. Saber leer y escribir abría oportunidades, permitía acceder a tareas administrativas menos duras físicamente, aspirar a un ascenso a suboficial o mejorar las posibilidades de empleo una vez terminado el servicio. Para un hijo de campesinos, esa habilidad podía significar movilidad social.

Pero hay un detalle revelador: muchos soldados utilizaron el italiano aprendido no para escribir sobre la patria, sino para enviar cartas a su casa. Preguntaban por la cosecha, por el vecino, por el estado del techo, por la salud de la madre. La lengua nacional se convertía en herramienta para reafirmar la pertenencia local. El Estado enseñaba italiano para formar ciudadanos, el soldado lo usaba para seguir siendo hijo del pueblo.

En ese gesto se revela la ambivalencia del proceso. El cuartel intentaba homogeneizar; la experiencia cotidiana mostraba que la cohesión real se sostenía más en la solidaridad del grupo inmediato que en una adhesión abstracta a la nación.

No obstante, algo comenzaba a cambiar. Por primera vez, jóvenes de regiones lejanas convivían durante meses o años. Escuchaban otros dialectos, compartían experiencias, aprendían a comunicarse en una lengua común. Aunque la identidad nacional no reemplazara a la local, empezaba a superponerse a ella.

El cuartel no borró el campanilismo. Lo tensionó. Y en esa tensión ---entre disciplina vertical y solidaridad horizontal, entre italiano estándar y dialecto, entre nación y pueblo--- se fue construyendo lentamente una experiencia compartida que marcaría a generaciones enteras.

Sobre el papel que cumplió el cuartel en la construcción de la identidad italiana existen dos lecturas historiográficas que se complementan y se tensionan al mismo tiempo. Domenico Quirico, desde una perspectiva cultural, sostiene que el servicio militar fue uno de los espacios decisivos donde "se hicieron los italianos". En su interpretación, el cuartel fue una escuela de nación: jóvenes provenientes de distintos territorios, dialectos y tradiciones convivían bajo una misma disciplina, aprendían el italiano estándar y compartían una experiencia generacional común. El ejército no solo formaba combatientes; producía ciudadanos. Para muchos campesinos pobres, además, el servicio implicaba comer con más regularidad que en sus hogares, recibir atención médica básica y entrar por primera vez en contacto con una realidad que excedía los límites del propio pueblo.

Marco Rovinello introduce una mirada más estructural que no niega ese efecto integrador pero lo obliga a matizarse. La conscripción no fue una experiencia homogénea. Antes de la reforma Ricotti de 1875, los sectores acomodados podían evitar el servicio mediante la sustitución o el pago. Incluso después, cuando la ley proclamó la igualdad formal, el peso del servicio continuó recayendo desproporcionadamente sobre campesinos y clases populares. La "escuela de la nación" que describe Quirico estuvo compuesta mayoritariamente por jóvenes pobres. Para sus familias, la leva no era solo formación cívica: era pérdida de mano de obra, ausencia del hijo en plena edad productiva, una carga económica real. En ese sentido, la conscripción puede leerse también como un impuesto oculto: el Estado extraía años de trabajo no remunerado de quienes menos podían permitírselo.

La tensión entre estas dos lecturas no es una contradicción que haya que resolver: es reveladora en sí misma. El cuartel fue al mismo tiempo escuela de italianidad y mecanismo de disciplinamiento social. Formó identidad nacional, pero lo hizo sobre una base socialmente estratificada y bajo una disciplina rígida. Integró, pero de manera desigual. Y no eliminó el campanilismo: lo obligó a dialogar con la nación.

Para el investigador genealógico, esta dimensión importa. Cuando encontramos en un foglio o un ruolo matricolare que el antepasado realizó servicio activo completo, estamos ante alguien que vivió esa experiencia de ruptura: años fuera del pueblo, en contacto con otras regiones, aprendiendo o perfeccionando el italiano, sometido a una disciplina que no conocía. Cuando en cambio encontramos que quedó en segunda categoría o fue licenciado rápidamente, su experiencia del Estado fue mucho más acotada. El documento no solo dice qué hizo el antepasado: dice también cuánto pesó sobre él la maquinaria nacional, y desde qué lugar social la atravesó.

Del valle al cuartel: dos mundos en contraste

Para comprender la profundidad de la experiencia militar es útil detenerse en el contraste entre la vida en el cuartel y la vida familiar en el valle, en la aldea de origen, generalmente rural. El paso de un espacio al otro no fue simplemente un cambio de ocupación: fue un desplazamiento cultural, afectivo y corporal radical. Siete dimensiones permiten apreciar esa distancia.

Espacio y entorno físico

En el valle, la vida se desarrollaba en un entorno conocido, aunque muchas veces humilde. Las casas campesinas podían ser pequeñas y austeras, pero estaban integradas en un paisaje abierto: campos, montañas, ríos, caminos familiares. El joven se movía en espacios amplios, incluso cuando la vivienda era reducida. En el cuartel, en cambio, el espacio era cerrado, rígido y artificial. Los dormitorios colectivos concentraban decenas de cuerpos en una misma sala. El aire era denso, los movimientos reglamentados, la arquitectura imponía orden y vigilancia. Si en el valle el horizonte era visible, en el cuartel el horizonte era un muro.

La familia frente a la jerarquía

En la familia campesina existía autoridad ---padre, madre, abuelo---, pero era una autoridad horizontalizada por el afecto y la necesidad mutua. El joven trabajaba la tierra no por obligación abstracta, sino porque su esfuerzo garantizaba la supervivencia común. En el cuartel, la autoridad era vertical, impersonal y absoluta. El oficial no conocía la historia del soldado ni sus necesidades familiares. La obediencia no era negociable ni afectiva: era reglamentaria. Se obedecía al rango, no a la persona. Mientras en el valle el joven era "hijo" o "hermano", en el cuartel era un número de matrícula.

Trabajo productivo y trabajo disciplinario

En el valle, el trabajo agrícola era duro pero tenía un sentido inmediato: sembrar, cosechar, cuidar animales. Cada esfuerzo estaba ligado a la subsistencia concreta de la familia. El cuerpo se fatigaba, pero el resultado era visible. En el cuartel, gran parte del esfuerzo se invertía en ejercicios repetitivos: marchas, movimientos sincronizados, prácticas de fusil. El objetivo no era producir, sino disciplinar. El soldado debía aprender a actuar automáticamente, incluso cuando la actividad parecía carente de sentido práctico inmediato. El campesino trabajaba para vivir; el soldado entrenaba para obedecer.

Alimentación: escasez conocida frente a ración impersonal

En muchas familias rurales, la alimentación podía ser limitada y poco variada. Sin embargo, respondía a tradiciones locales y a un sistema de reciprocidad doméstica. Se comía lo que la tierra daba, lo que la madre cocinaba, lo que la estación permitía. En el cuartel, la comida era uniforme, reglamentada y distribuida sin distinción. No respondía a costumbres regionales. La posibilidad de mejorar la dieta dependía del dinero personal, introduciendo desigualdades dentro del grupo. En el valle, el alimento era identidad y pertenencia. En el cuartel, era ración y cálculo.

Comunidad y pertenencia

La aldea funcionaba bajo una lógica de horizontalidad: vecinos que se conocían desde la infancia, redes de ayuda mutua, reputación compartida. El joven tenía un nombre, una historia, una genealogía reconocida. En el cuartel, la comunidad era forzada. Jóvenes de distintas regiones convivían bajo tensión. Las solidaridades locales persistían ---los paisanos se agrupaban---, pero el entorno estaba diseñado para romper esas lealtades en favor de una identidad nacional abstracta. El valle ofrecía pertenencia natural; el cuartel imponía pertenencia institucional.

El tiempo: ritmo agrícola frente a tiempo reglamentado

La vida rural seguía el ritmo de las estaciones. Había momentos de intensidad ---siembra, cosecha--- y momentos de relativa pausa. El tiempo estaba ligado al clima, a la naturaleza, al ciclo anual. En el cuartel, el tiempo era medido por órdenes, toques de corneta y reglamentos. Cada minuto tenía asignación. El soldado no decía cuándo descansar, cuándo comer, cuándo moverse. Su tiempo dejaba de ser orgánico para convertirse en administrativo.

Identidad y transformación

En el valle, la identidad estaba anclada en el linaje y la comunidad. El joven sabía quién era y cuál era su lugar dentro del entramado familiar. En el cuartel, esa identidad era suspendida. El corte de cabello, el uniforme, la clasificación médica y la disciplina colectiva buscaban reconstruirlo como parte de un cuerpo nacional. Si en el valle era hijo de una familia, en el cuartel debía convertirse en hijo de la patria.

Las condiciones de vida en el cuartel

Tras la unificación, el nuevo Estado italiano no contaba con infraestructura militar suficiente para alojar los contingentes crecientes de reclutas. Por ello, muchos soldados fueron alojados en edificios reutilizados: monasterios y conventos confiscados, construcciones deterioradas o instalaciones mal adaptadas. Estos espacios presentaban graves problemas de higiene. El hacinamiento era frecuente, los dormitorios colectivos carecían de ventilación adecuada, las letrinas eran improvisadas y las infestaciones de ratas, pulgas y piojos no eran raras. Para muchos jóvenes que llegaban desde aldeas rurales, el impacto no era tanto la pobreza ---que conocían bien--- sino la concentración masiva de cuerpos y la falta total de intimidad.

Dos soldados italianos comiendo rancho en el cuartel
La comida en el cuartel: pan duro y rancho, lejos de la cocina del pueblo.

El uniforme representaba la ruptura con el mundo civil: al vestirlo, el recluta abandonaba visualmente su identidad anterior. Sin embargo, la realidad material desmentía en parte el simbolismo. No siempre había suficientes uniformes; muchas prendas eran reutilizadas; las tallas no coincidían con los cuerpos; la calidad del tejido era modesta. Las botas ---esenciales para marchas prolongadas--- podían ser incómodas o escasas. Así, el uniforme encarnaba una paradoja: debía expresar orden y poder nacional, pero a menudo evidenciaba las limitaciones económicas del Estado.

La comida era uno de los aspectos más criticados por los soldados. El llamado "rancho" debía alimentar y al mismo tiempo homogeneizar a jóvenes de regiones con tradiciones alimentarias muy diversas. Sin embargo, las raciones no siempre eran suficientes en cantidad ni equilibradas en calidad. Durante maniobras o ejercicios intensos, la alimentación resultaba claramente insuficiente. Quienes tenían recursos económicos podían comprar alimentos adicionales en cantinas cercanas; los demás no tenían esa posibilidad, lo que generaba desigualdades dentro del propio cuerpo militar. Paradójicamente, para muchos campesinos pobres el rancho representaba una dieta más regular que la de su hogar ---dato que revela tanto la función integradora del ejército como la pobreza estructural del campo italiano.

Dormitorios y pérdida de intimidad

La vida en el cuartel se desarrollaba en grandes dormitorios comunes, donde decenas de hombres compartían literas estrechas y colchones rudimentarios. No existía espacio privado. Cada gesto, cada movimiento, cada error podía ser observado. La cama no era solo un lugar para dormir, sino un símbolo del orden militar: debía estar perfectamente tendida, alineada, sometida a inspección constante. El recluta aprendía rápidamente que su cuerpo y su espacio ya no le pertenecían.

Este entorno favorecía la aparición de jerarquías informales entre veteranos y recién llegados. Las novatadas ---a veces humillantes o violentas--- formaban parte de un proceso no escrito de iniciación. El joven ingresaba como individuo y era progresivamente reconstruido como miembro de un cuerpo colectivo.

Rutina, repetición y disciplina corporal

La jornada en el cuartel estaba organizada en torno a la repetición. Ejercicios en la plaza de armas, maniobras coordinadas, práctica constante del manejo del fusil, inspecciones de limpieza y sincronización de movimientos marcaban el ritmo diario. El objetivo no era fomentar la iniciativa individual, sino formar cuerpos disciplinados, sincronizados, obedientes. El soldado debía actuar casi de manera automática, integrándose como pieza en el engranaje del regimiento. El tiempo quedaba completamente regulado: horarios rígidos, servicios continuos, escasos momentos de ocio. El control no era solo físico, sino también psicológico.

Tensiones internas: dialectos, rivalidades y vigilancia política

Dentro del cuartel convivían jóvenes de universos sociales profundamente distintos: campesinos de valles rurales marcados por el campanilismo, obreros de minas habituados al encierro y al riesgo, trabajadores urbanos expuestos a ideas políticas modernas. El ejército debía absorber, clasificar y transformar esas tres culturas en un único molde disciplinario. El resultado fue una convivencia forzada que no eliminó las diferencias, sino que las reorganizó dentro del espacio militar.

Vale la pena detenerse en cada uno de esos tres mundos sociales, porque cada uno presentaba ante el ejército un perfil distinto, con ventajas y problemas específicos que la institución debía gestionar.

El campesino: del mundo horizontal al orden vertical

El campesino representaba el recluta tradicional. Provenía de comunidades pequeñas donde la identidad estaba anclada en la familia, el linaje y el campanario. Su mundo era horizontal: vecinos que se conocían, solidaridad entre paisanos, autoridad paternal pero cercana, trabajo vinculado directamente a la supervivencia doméstica. Para el ejército, el campesino tenía ventajas claras: resistencia física adquirida en el trabajo agrícola, acostumbramiento a la fatiga prolongada, familiaridad con la obediencia a figuras de autoridad como el padre o el patrón rural, y menor exposición a ideologías urbanas. Pero también presentaba límites: analfabetismo frecuente, dialectos cerrados que dificultaban la comunicación, fuerte lealtad local que podía oponerse a la autoridad militar, y tendencia a agruparse con paisanos para protegerse mutuamente.

El gran desafío era romper la "horizontalidad del pueblo". En la aldea, la solidaridad entre iguales era norma. En el cuartel, esa solidaridad podía transformarse en resistencia pasiva, silencio colectivo ante faltas o enfrentamientos con otros grupos regionales. La disciplina militar intentaba sustituir esa lealtad local por una lealtad vertical hacia el superior jerárquico y, en última instancia, hacia el Estado. El campesino debía dejar de ser hijo del valle para convertirse en soldado del Reino.

El minero: cuerpo fuerte, pulmón frágil, conciencia inquietante

El joven minero llegaba desde un entorno diferente. La mina implicaba jornadas extenuantes, encierro prolongado, riesgo constante, aire viciado, enfermedades pulmonares y trabajo colectivo altamente coordinado. Desde el punto de vista físico, el ejército podía valorar su resistencia al esfuerzo y su familiaridad con ambientes duros. Sin embargo, también encontraba signos de desgaste prematuro: afecciones respiratorias, debilidad crónica o secuelas corporales del trabajo infantil. El examen médico era decisivo: el Estado medía estatura, perímetro torácico y peso con obsesión casi biopolítica. El minero podía ser considerado fuerte o, por el contrario, un cuerpo ya deteriorado por la pobreza industrial.

Pero la cuestión no era solo sanitaria. Las regiones mineras eran espacios de conflictividad social. Allí circulaban discursos socialistas y anarquistas; existían experiencias de huelga y organización obrera. El minero estaba habituado a la solidaridad de oficio y a la acción colectiva. Para el ejército, esto generaba ambivalencia: era disciplinable porque conocía jerarquías laborales, pero potencialmente problemático porque conocía la protesta colectiva. La mina funcionaba bajo una disciplina económica; el cuartel imponía una disciplina política absoluta. El ejército debía transformar esa cultura laboral ---marcada por la explotación y la solidaridad horizontal--- en obediencia sin negociación.

El joven urbano: alfabetizado, móvil y potencialmente politizado

Con la modernización del país, crecían los contingentes de jóvenes urbanos: obreros de fábricas, aprendices de talleres, empleados modestos, trabajadores portuarios, pequeños comerciantes. A diferencia del campesino tradicional, muchos de estos jóvenes estaban alfabetizados. Leían periódicos, estaban expuestos a debates políticos y podían haber participado en huelgas o asociaciones mutualistas. Para el ejército, esta alfabetización tenía un doble filo. Por un lado, facilitaba la comprensión de órdenes escritas, agilizaba la administración, permitía una adaptación rápida a reglamentos formales y se apoyaba en la familiaridad previa con horarios rígidos y control industrial. Por otro lado, generaba riesgos: posible simpatía por el socialismo o el anarquismo, experiencia previa de protesta colectiva, crítica al Estado liberal visto como aliado del capital industrial, y capacidad de liderazgo dentro de grupos de reclutas.

En el barrio obrero, la autoridad era económica y, en cierto modo, negociable. En el cuartel, la autoridad era total. La insubordinación se convertía en delito penal militar. La prisión disciplinaria ---con aislamiento, raciones reducidas y prolongación del servicio--- actuaba como mecanismo de domesticación. El joven urbano pasaba así de una subordinación económica a una subordinación política absoluta.

Las rivalidades regionales no eran solo culturales: podían volverse violentas. Persistían insultos cargados de desprecio ---"napolitanaccio", "mangia polenta", "mangia patate"--- que reproducían estereotipos entre norte y sur. Pero las tensiones no se limitaban a grandes divisiones geográficas: también reaparecían antagonismos entre pueblos vecinos trasladados al espacio militar. Hay registros de peleas colectivas que terminaron con heridos graves e incluso muertos, como el episodio de Murata d'Arce en 1870, donde reclutas de municipios cercanos se enfrentaron con armas blancas. Las divisiones locales eran más profundas que cualquier línea política reciente.

La imposición del italiano estándar era otro frente de tensión. Muchos reclutas llegaban sin saber leer ni escribir en italiano, hablando únicamente su dialecto. El ejército organizó escuelas regimentales con un objetivo principalmente instrumental: que el soldado comprendiera órdenes y reglamentos, no que se emancipara culturalmente. Sin embargo, esa alfabetización básica tuvo efectos sociales reales. Saber leer y escribir abría puertas concretas: acceder a tareas administrativas menos duras físicamente, aspirar a suboficial, o ---una vez terminado el servicio--- ingresar como carabinero, guardia, cartero o empleado ferroviario. Uno de mis antepasados era guardia daziario después de su servicio: aunque ya sabía leer al ingresar, su ejemplo ilustra cómo el paso por el ejército funcionaba como credencial de acceso a empleos estatales que de otro modo habrían sido inalcanzables para un hijo de campesinos.

Hay además un detalle revelador sobre el uso que los soldados hacían del italiano aprendido: no lo usaban para escribir sobre la patria, sino para enviar cartas a su casa. Preguntaban por la cosecha, por el vecino, por la salud de la madre. La lengua nacional se convertía en herramienta para reafirmar la pertenencia local. El Estado enseñaba italiano para formar ciudadanos; el soldado lo usaba para seguir siendo hijo del pueblo.

El ejército desconfiaba también de las ideas políticas que circulaban entre los reclutas, especialmente en los sectores urbanos. El socialismo y el anarquismo habían ganado terreno entre obreros y trabajadores industriales; el cuartel era un espacio donde esas ideas podían propagarse entre hombres de distintas regiones. La respuesta no fue la apertura intelectual sino el control estructural: la mezcla regional deliberada para impedir que se consolidaran bloques por afinidad política, la vigilancia constante, y la justicia militar activa incluso en tiempos de paz.

La justicia militar y el rey como padre benevolente

La disciplina se reforzaba mediante un sistema de sanciones severas. Las faltas leves podían implicar días de arresto con condiciones rigurosas, aislamiento o raciones reducidas. Los delitos más graves eran juzgados por tribunales militares, incluso en tiempos de paz. La prisión militar no solo castigaba una acción: suspendía el tiempo del soldado. En muchos casos, los días bajo arresto no contaban como tiempo de servicio cumplido, lo que prolongaba la permanencia en el ejército. Para un joven campesino cuya familia dependía de su trabajo, esa extensión podía significar una ruina económica.

Muchos de los casos que llegaban a la justicia militar no eran actos de rebelión consciente, sino el resultado de tensiones sociales y culturales profundas. La llamada "insubordinación" podía originarse en la simple incomprensión lingüística: un recluta que no entendía las órdenes en italiano estándar podía ser interpretado por el superior como desobediente cuando en realidad no comprendía lo que se le pedía. La justicia militar no se organizaba en torno a la intención del soldado sino al efecto disciplinario del acto: si la autoridad quedaba debilitada ante la tropa, el hecho debía ser sancionado, aunque mediara ignorancia del idioma.

Algo similar ocurría con los casos de abandono o retraso tras una licencia. Muchos soldados provenían de familias rurales que dependían de su trabajo para completar la cosecha. Cuando regresaban al pueblo con permiso temporal, la necesidad urgente de quedarse unos días más para ayudar a la madre o a los hermanos chocaba frontalmente con la lógica militar. Desde el hogar, quedarse era evitar la ruina; desde el cuartel, era ausencia injustificada. El tribunal podía reconocer el contexto, pero no podía aceptar que cada soldado subordinara el reglamento a la necesidad doméstica sin abrir una brecha en la disciplina general. El castigo tenía así una dimensión pedagógica: no solo corregía al individuo, sino que reafirmaba ante toda la tropa que la lealtad debía desplazarse de la familia a la institución.

Sin embargo, esta severidad institucional coexistía con una construcción simbólica diferente en la cúspide del sistema. Mientras los jueces militares imponían sanciones para preservar el orden, la figura del rey se presentaba como instancia última de justicia y clemencia. Las amnistías e indultos ---concedidos con motivo de celebraciones dinásticas, aniversarios patrióticos o coyunturas políticas--- permitían reabsorber a desertores, renitentes o condenados por faltas menores. De este modo, el monarca aparecía como padre benevolente que podía perdonar donde la institución castigaba. En muchos imaginarios soldados, la única jerarquía plenamente reconocida era la del rey: podían temer al sargento, resentir al oficial o percibir arbitrariedad en el tribunal, pero la figura del soberano encarnaba una autoridad distante y potencialmente misericordiosa. Esta combinación de severidad estructural y clemencia monárquica permitió sostener el equilibrio del sistema: la disciplina se imponía desde abajo, mientras la legitimidad se preservaba desde arriba. Y en ese esquema, el campanilismo encontraba un último eco: el soldado que no reconocía al sargento podía sin embargo reconocer al rey, la única figura de autoridad lo suficientemente lejana y superior como para parecerse ---aunque fuera vagamente--- a la lógica del poder que conocía desde el pueblo.

Los mecanismos comunes de gestión disciplinaria

Frente a esta diversidad social y cultural, el ejército desplegaba una serie de dispositivos comunes orientados a producir un soldado homogéneo y obediente. Conviene retenerlos porque, en conjunto, explican cómo la institución traducía la heterogeneidad de origen en uniformidad disciplinaria:

  • Clasificación médica y administrativa: el cuerpo era medido, etiquetado, declarado apto o reformado. El Estado transformaba al individuo en categoría.
  • Uniformización material: corte de cabello, uniforme estándar, cama alineada. La diferencia social quedaba visualmente reducida.
  • Ración homogénea: la comida buscaba borrar diferencias regionales y crear un "gusto medio" nacional, aunque con resultados imperfectos.
  • Ritualización del tiempo: la jornada reglamentada sustituía el ritmo agrícola o industrial. El tiempo dejaba de ser natural o laboral para convertirse en militar.
  • Fragmentación de solidaridades previas: mezcla regional deliberada, rotación de servicios, vigilancia constante.
  • Sistema punitivo ejemplar: arrestos disciplinarios breves pero severos, prisión militar prolongada, días de castigo que no contaban como servicio cumplido.
  • Educación funcional: alfabetización orientada a la obediencia y la eficiencia, no a la emancipación crítica.

Estos dispositivos no eran neutros: actuaban juntos, reforzándose mutuamente. El cuerpo medido, el uniforme estándar, la ración compartida, el reloj militar y el castigo ejemplar formaban un sistema integrado de producción de soldados, diseñado para que la heterogeneidad social que entraba al cuartel saliera convertida en disciplina uniforme.

De la plaza a la trinchera

Si el cuartel fue el primer gran laboratorio de la nación, la guerra fue su prueba más extrema. El joven que había salido de su valle para cumplir el servicio militar ya había experimentado una ruptura importante: dejar atrás el campanile e ingresar en una estructura vertical, jerárquica y reglada. Pero la vida en caserma, con toda su dureza y monotonía, no era todavía la guerra.

En el frente, la experiencia cambiaba de escala. Las investigaciones históricas5 muestran que el soldado italiano no combatía necesariamente impulsado por una conciencia nacional abstracta o por una adhesión ideológica intensa a la patria. En la práctica cotidiana de la trinchera, el motor inmediato del valor era más cercano: el grupo. En el mundo campesino, la identidad se organizaba horizontalmente. El joven se definía por su pertenencia al pueblo, por la red de relaciones cara a cara, por la mirada de los vecinos. El honor era público y local. En la trinchera, esa lógica no desapareció: se reconfiguró.

La comunidad ya no era el valle, sino la unidad. El soldado avanzaba no tanto porque pensara en Italia como entidad abstracta, sino porque no quería fallar ante quienes estaban a su lado. La presión no provenía del Parlamento ni de la bandera, sino de la mirada del compañero. La vergüenza ante el grupo, la lealtad a la escuadra, la confianza en el que compartía el mismo pozo bajo la lluvia y el barro se volvieron decisivas.

La fidelidad se organizaba en capas. En primer lugar, al grupo inmediato. Luego, a la cadena de mando. Más ampliamente, al deber. Y recién en un plano más abstracto, a la patria. La nación funcionaba como marco simbólico, como justificación superior del sacrificio. Pero el suelo afectivo seguía siendo concreto. El "nosotros" no era todavía un concepto nacional pleno; era la pequeña comunidad de combate.

En ese sentido, puede decirse que la horizontalidad del mundo rural sobrevivió en la guerra bajo la forma de solidaridad entre soldados. El campanilismo no desapareció: fue absorbido y canalizado. El honor ante el campanario se transformó en honor ante la compañía.

La trinchera intensificó esta dinámica. Allí, la supervivencia dependía literalmente del compañero. El miedo compartido, el frío, el hambre y el peligro generaban un vínculo que superaba las diferencias regionales. La identidad local podía persistir en el habla o en los recuerdos, pero en el momento del ataque lo que importaba era no romper la línea.

La guerra, entonces, no sustituyó automáticamente el campanilismo por una identidad nacional plena. Lo que hizo fue reordenar las lealtades dentro de una estructura estatal más amplia. El Estado necesitaba soldados; utilizó mecanismos comunitarios preexistentes para sostener la cohesión.

La pregunta clave es qué ocurrió después. ¿Esa solidaridad de combate se transformó en identidad nacional duradera? ¿O permaneció ligada a la experiencia excepcional del conflicto? Es probable que la guerra acelerara procesos de nacionalización. Jóvenes de regiones lejanas convivieron, sufrieron y murieron juntos. Aprendieron a comunicarse más allá del dialecto. Descubrieron que compartían una historia común.

Pero también es cierto que, terminado el conflicto, muchos regresaron a sus pueblos y retomaron formas de pertenencia locales. La nación no borró el valle. Se superpuso a él.

La trinchera fue, en este sentido, un laboratorio de reconfiguración identitaria. El joven que antes se debía a su familia y a su campanario aprendió a inscribirse en una comunidad más amplia. Pero lo hizo utilizando mecanismos afectivos que ya conocía: la lealtad al grupo, la presión social, la solidaridad horizontal. No hubo una ruptura absoluta entre el mundo campesino y el mundo de la guerra. Hubo una transformación. Y esa transformación no eliminó el campanile. Lo desplazó dentro de una estructura más grande.

Las investigaciones históricas6 muestran que el soldado italiano no combatía necesariamente impulsado por una conciencia nacional abstracta. En muchos casos ---y esto aparece también en los relatos transmitidos por descendientes de emigrantes--- la guerra no era percibida como una causa íntimamente propia, sino como un acontecimiento lejano, decidido en esferas distantes del mundo del valle.

En conversaciones, testimonios familiares y relatos heredados, muchos descendientes recuerdan haber escuchado a sus abuelos o bisabuelos decir que aquella no era "su" guerra. No porque faltara valor personal, sino porque la pertenencia primaria seguía siendo el paese, la familia, el grupo inmediato. El horizonte afectivo no era todavía la nación abstracta, sino la comunidad concreta.

Domenico Quirico, en su estudio sobre la naja7, no elude esta cuestión. Señala que, a lo largo de la historia, los soldados italianos no se distinguieron particularmente por una inclinación a enfrentar al enemigo sin miedo, y que la tradición militar italiana estuvo marcada por retiradas y derrotas que alimentaron el estereotipo del italiano como pueblo poco inclinado al militarismo. Esta imagen fue utilizada muchas veces como juicio moral.

Sin embargo ---y aquí reside la clave interpretativa--- Quirico sostiene que fue precisamente el servicio militar obligatorio el que contribuyó, en lo bueno y en lo malo, a forjar un carácter nacional. La naja no creó héroes homogéneos, pero sí generó una experiencia compartida. A través de ella, millones de jóvenes atravesaron un mismo ritual estatal, convivieron con otros territorios, aprendieron una lengua común y comenzaron a reconocerse dentro de una estructura más amplia que el propio campanile.

La aparente "vocación a la retirada" puede leerse entonces no como cobardía estructural, sino como expresión de una identidad históricamente anclada en lo local. Cuando la nación todavía era una construcción reciente y frágil, el vínculo más fuerte seguía siendo horizontal y comunitario. La guerra pedía una lealtad vertical; el mundo campesino estaba acostumbrado a otra lógica.

Desaparecida la naja con la abolición del servicio militar obligatorio, aquella experiencia dejó de reproducirse institucionalmente. Pero permanece en la memoria de millones de italianos como un rito generacional, ambivalente y complejo, donde se cruzaron disciplina estatal, pertenencia local y aprendizaje nacional.

Un proceso de transformación total

Visto en su conjunto, el ingreso al servicio militar implicaba una ruptura profunda con el mundo de origen. El joven abandonaba su familia, su ritmo de trabajo, su comunidad. Era sometido a exámenes médicos, clasificaciones, corte de cabello, uniformización del cuerpo. Cada uno de estos pasos ---pequeños y burocráticos en apariencia--- tenía un efecto acumulativo: borrar progresivamente las marcas de la pertenencia anterior.

El proceso apuntaba a despersonalizar para reconstruir. El recluta debía dejar de ser hijo, campesino o artesano para convertirse en soldado. El ejército no solo organizaba cuerpos: moldeaba identidades. Pero ese moldeado nunca fue completo. Como veremos a continuación, debajo del uniforme y de la disciplina seguía latiendo una pertenencia anterior que ni la maquinaria estatal ni la guerra lograron borrar del todo.

La identidad que no se dejó borrar

El proyecto del Estado italiano después de 1861 fue ambicioso: construir una nación donde antes había una suma de territorios. El ejército, la escuela y la burocracia fueron instrumentos centrales de ese proceso. Pero la identidad local no desapareció frente a ellos. Persistió, se adaptó, se reconfiguró.

Dentro del cuartel, las rivalidades regionales no eran un detalle folklórico. Eran parte de la vida cotidiana. Los soldados se agrupaban por procedencia, compartían dialecto y desconfiaban de quienes hablaban distinto. Los insultos entre norte y sur circulaban con naturalidad. Pero no se trataba solo de grandes divisiones geográficas. También podían reaparecer antagonismos entre pueblos vecinos, trasladados al espacio militar. Hay registros de peleas colectivas entre reclutas de distintas comunidades que terminaron con heridos graves e incluso muertos. Estas tensiones revelan algo importante: la unificación política no había borrado las fronteras emocionales.

El ejército intentó administrar esa diversidad. La llamada "estrategia del monitor", que asignaba a cada nuevo recluta un veterano de la misma región para facilitar la adaptación, buscaba eficiencia disciplinaria8. Pero al mismo tiempo consolidaba redes locales internas. El Estado pretendía uniformar; muchas veces reforzaba solidaridades provinciales.

Esta persistencia del campanilismo no fue un fenómeno aislado del mundo militar. Formaba parte de una tradición histórica más amplia: la experiencia prolongada de autonomía comunal y la desconfianza hacia el poder central.

En la segunda mitad del siglo XIX, en ese mismo suelo cultural emergieron con fuerza el anarquismo y el socialismo. El socialismo se desarrolló sobre todo en los centros industriales del norte, donde la explotación laboral generó organización obrera. El anarquismo, influido por corrientes europeas, encontró resonancia tanto en ambientes urbanos como rurales.

¿Por qué estas ideas prendieron con tanta intensidad en Italia?

No solo por la pobreza o la desigualdad. También porque existía una cultura política marcada por la experiencia local y por la distancia respecto del Estado central. La propuesta anarquista de abolir el poder estatal y organizar la sociedad en comunidades autogestionadas no resultaba completamente ajena en un territorio con larga tradición de vida municipal autónoma. El nuevo Estado intentaba construir unidad desde arriba. Pero la cultura heredada privilegiaba la pertenencia cercana y concreta.

Esto no significa que Italia no se nacionalizara. Significa que el proceso fue gradual, conflictivo y ambivalente. La nación política avanzaba; la nación cultural se construía lentamente, con largas negociaciones entre la nación y el campanario. El ejército pudo imponer cierta disciplina, pero no podía borrar de inmediato siglos de identidad local.

La persistencia del campanilismo no fue simplemente resistencia. Fue también adaptación. La identidad local no compitió necesariamente con la nacional: convivió con ella. En muchos casos, un individuo podía sentirse italiano y, al mismo tiempo, profundamente ligado a su pueblo.

Esta coexistencia explica algo que todavía hoy se percibe con claridad. En Italia, la referencia al origen local conserva una fuerza extraordinaria. El orgullo por la propia comuna, por la provincia, por la región, no es un vestigio del pasado. Es una continuidad histórica.

El campanile no cayó con la unificación. Se mantuvo en pie. Y para comprender hasta qué punto esa pertenencia sobrevivió ---e incluso se transformó--- basta mirar un ámbito donde la identidad territorial sigue siendo central: la mesa.

El campanile en la mesa

Si uno quiere comprobar que el campanilismo no desapareció con la unificación italiana, no hace falta entrar en un cuartel del siglo XIX ni revisar archivos militares. Basta sentarse a una mesa en Italia.

Pedir un queso. Pedir un vino. Y escuchar la conversación. No es simplemente "parmesano". Es Parmigiano Reggiano. No es solo jamón. Es Prosciutto di Parma. No es vino tinto. Es Barolo, y no cualquier Barolo, sino de una colina específica, con determinada exposición al sol.

En Italia, el territorio no es un detalle. Es identidad.

Cada producto lleva un apellido geográfico. Cada etiqueta declara procedencia. Cada denominación de origen funciona como una afirmación territorial. Lo que antes señalaba el campanario, hoy se expresa institucionalmente a través de sellos como DOP (Denominazione di Origine Protetta), DOC (Denominazione di Origine Controllata) e IGP (Indicazione Geografica Protetta). Estos certificados no solo garantizan calidad, sino que protegen el vínculo entre un producto y su territorio específico de origen. No se trata de "vino italiano" en general, sino de un vino de una zona concreta; no de "queso italiano", sino de uno producido en un área delimitada.

Lo que en el siglo XIX podía interpretarse como campanilismo ---la insistencia en la primacía del pueblo--- hoy constituye uno de los pilares culturales y económicos de Italia. El mensaje es el mismo que durante siglos organizó la vida local: "Esto es nuestro." "No puede hacerse en cualquier parte." "No sabe igual fuera de aquí."

El orgullo territorial no desapareció. Cambió de escenario.

Y cuando uno recorre Piemonte o Lombardia y ve distintos campanarios recortarse contra el cielo, comprende que ese impulso de pertenecer a un lugar concreto ---de nombrarlo, de defenderlo, de saborearlo--- no es una reliquia del pasado. Es una continuidad. El campanilismo no murió. Se transformó.

Y mientras el estado italiano intentaba construir una identidad nacional, millones de italianos comenzaban a cruzar el océano llevando consigo esa misma pertenencia.

Cuando el campanile cruzó el mar

A fines del siglo XIX y comienzos del XX, millones de italianos cruzaron el océano. No se trató de un movimiento marginal: fue una transformación demográfica masiva. En 1911, aproximadamente cinco millones de italianos vivían fuera del país. Es decir, casi una sexta parte de la población estaba en el exterior. Pero, más allá de que realizaran el servicio militar o quedaran exentos, el ejército condicionó las posibilidades de emigrar, al vincular la salida del país con la regularización de la situación militar.

El campanile no desapareció. Se trasladó. En Buenos Aires, en Nueva York, en São Paulo, en Montevideo, los emigrantes reconstruyeron redes de paisanos. Se instalaron cerca de quienes hablaban su mismo dialecto. Fundaron sociedades de socorros mutuos con nombres que remitían a sus provincias de origen. Las cadenas migratorias funcionaban a escala local: no se emigraba "de Italia", se emigraba de un pueblo concreto hacia un destino donde ya había alguien del mismo pueblo.

La identidad seguía siendo microterritorial.

Pero en 1915, cuando Italia entra en la Primera Guerra Mundial, esa trama transatlántica se ve atravesada por la leva. El Estado italiano intenta movilizar también a sus ciudadanos en el exterior. Y allí aparece un dato que cambia por completo la narrativa tradicional: solo alrededor del 13% de los emigrantes en edad militar regresó para cumplir el servicio. Es decir, casi nueve de cada diez no volvieron. Esto no fue un fenómeno marginal ni excepcional. Fue estructural.

Durante mucho tiempo, la historiografía puso el foco en quienes regresaron como ejemplo de patriotismo. Pero investigaciones más recientes muestran que la decisión de volver o no volver no puede explicarse simplemente como un acto de lealtad o deslealtad nacional. La decisión fue, en la mayoría de los casos, familiar.

Las cartas cruzaban el Atlántico cargadas de dudas, miedos y negociaciones. No era solo el joven quien decidía. Intervenían la madre, la esposa, los hermanos. A veces la convocatoria era ocultada. A veces se aconsejaba no regresar. A veces el retorno implicaba dejar sin sustento a quienes dependían del salario enviado desde América. La leva dejó de ser un deber abstracto. Se convirtió en un dilema íntimo.

Para muchos emigrantes, el deber patriótico competía con otro deber más inmediato: el deber con la familia. Regresar implicaba exponerse a la muerte, perder el trabajo, arriesgar la estabilidad construida. No regresar implicaba cargar con la culpa, la sospecha o el estigma de evasor. La evasión no siempre fue un acto de indiferencia. Fue muchas veces una estrategia de supervivencia familiar.

Las cartas revelan angustia, vergüenza, ambivalencia9. Hombres que se justifican ante sus madres. Esposas que temen el regreso porque podría significar la viudez. Hermanos que aconsejan esperar una amnistía. La identidad nacional se vuelve negociable cuando entra en tensión con la economía doméstica y con los afectos.

En algunos casos, la guerra alteró definitivamente proyectos migratorios que habían sido pensados como temporales. Hombres que planeaban regresar tras ahorrar un capital postergaron la vuelta por temor a sanciones. La condición de evasor bloqueó el retorno. Lo que iba a ser una migración circular se convirtió en permanente.

La leva, entonces, no solo movilizó cuerpos. Redefinió trayectorias vitales.

El impacto no fue exclusivamente masculino. Las esposas de quienes no regresaron podían quedar atrapadas en el país de destino, sin posibilidad de volver a Italia por miedo a represalias contra el marido. Las mujeres quedaron sujetas a decisiones que no habían tomado solas, pero que condicionaban su vida entera. La guerra europea alteró también la experiencia femenina de la migración.

Desde una perspectiva genealógica, este fenómeno es fundamental. Si un antepasado no regresó entre 1915 y 1918, no es un caso extraño. Es estadísticamente lo más probable. Puede aparecer registrado como ausente, evasor, contumaz o simplemente no figurar en determinados listados. Puede haber servido en un ejército extranjero. Puede haber esperado una amnistía posterior.

Los silencios documentales, esto de no encontrar los registros de nuestros antepasados, a veces, no son vacíos inexplicables. Son huellas de decisiones familiares complejas.

La leva transatlántica fue un fenómeno singular por su escala. Ningún otro país europeo tuvo una masa migratoria comparable sujeta a movilización externa. Italia intentó convocar a hombres que ya habían reorganizado su vida en otro continente.

En ese cruce entre nación y familia, entre Estado y hogar, el campanile volvió a pesar.

Para muchos emigrantes, la pertenencia más concreta seguía siendo el pueblo, la madre, la esposa, los hijos. La nación aparecía como una capa superior, pero no necesariamente como la más urgente.

Y sin embargo, la guerra también dejó huellas en la identidad. Incluso quienes no regresaron vivieron la movilización como una prueba. La pregunta por la lealtad atravesó familias enteras. La correspondencia se volvió el único puente afectivo posible. La escritura sostuvo vínculos que la guerra y el océano amenazaban con romper.

El campanile cruzó el mar. Pero el Estado también lo alcanzó. Y en ese encuentro ---a veces silencioso, a veces dramático--- se definieron muchas de las historias familiares que hoy intentamos reconstruir.

La decisión que cruzó el océano

Decir que nueve de cada diez emigrantes en edad militar no regresaron a cumplir el servicio durante la Primera Guerra Mundial es una estadística. Entender por qué no volvieron es otra cosa. Durante mucho tiempo, la historiografía interpretó ese no regreso como indiferencia patriótica o como simple cálculo económico. Las investigaciones más recientes, en particular las de Selena Daly a partir del análisis de correspondencia privada, muestran algo mucho más complejo: la decisión de quedarse o volver fue, en la mayoría de los casos, una negociación familiar que se desarrollaba a ambos lados del Atlántico.

Las cartas que cruzaban el océano no eran solo comunicaciones afectivas: eran el espacio donde se tomaban decisiones que podían cambiar una vida entera. Un hombre en California o en Buenos Aires recibía noticias de Italia ---a veces con semanas de demora--- y debía decidir sin poder ver a su familia, sin saber bien qué estaba pasando en el frente, sin certeza sobre cuánto duraría la guerra. Y en ese vacío de información y de presencia, la familia intervenía activamente. Hay casos documentados en los que la esposa o la madre, sabiendo que el hombre había sido convocado, decidía no comunicarle la notificación. No por traición al Estado, sino por un cálculo concreto: si regresaba y moría, la familia perdía las remesas que permitían sobrevivir. La evasión, en esos casos, era una decisión tomada en Italia, no en América.

La dimensión emocional de esa decisión fue enorme y no siempre visible en los documentos. Los hombres que no regresaron cargaron durante años ---a veces décadas--- con la condición de evasores. Muchos no podían volver a Italia por miedo a ser detenidos apenas bajaran del barco. Proyectos migratorios que habían sido pensados como temporales se volvieron permanentes por esa razón. Matrimonios que sobrevivieron separados durante la guerra se sostuvieron a través de cartas que intentaban compensar con palabras lo que la distancia y la situación legal hacían imposible. La escritura se convirtió en el único puente, y en esas cartas aparecen el miedo, la culpa, la ambivalencia de quien no sabe si hizo lo correcto.

La situación se resolvió, para muchos, con la amnistía de 1919, que el gobierno italiano dictó específicamente para los emigrantes que no habían regresado a cumplir el servicio durante la guerra. El Estado se vio forzado a reconocer que no podía encarcelar o sancionar a cientos de miles de ciudadanos dispersos por América. Quienes regularizaron su situación quedaron absueltos de la condición de renitente o disertore. Quienes no lo hicieron ---por desconocimiento, por desconfianza, por indiferencia--- quedaron con esa mancha en sus registros, aunque en la práctica nunca fueran perseguidos. Esta amnistía es distinta de las que operaban dentro del sistema disciplinario del cuartel, que se concedían por faltas cometidas durante el servicio; la de 1919 fue una medida específica para la situación transnacional creada por la guerra y la emigración masiva.

Para el investigador genealógico, todo esto tiene consecuencias prácticas muy concretas. Si un antepasado no aparece en los registros de servicio activo entre 1915 y 1918, eso no es un caso extraño ni inexplicable: es estadísticamente lo más probable. Puede figurar en las listas de leva como ausente, como renitente o simplemente no aparecer en determinados registros. Puede haber servido en el ejército del país de destino en lugar del italiano. Puede haber esperado la amnistía y regularizado su situación años después. Los silencios en los archivos militares de ese período no son vacíos: son el rastro de una decisión que, en muchos casos, tomó toda una familia junta, a miles de kilómetros de distancia, con una carta como único medio de comunicación.

Hasta aquí hemos recorrido un camino amplio. Vimos cómo el campanilismo organizó durante siglos la identidad de los habitantes de la península italiana. Observamos cómo la unificación intentó superponer una nación política sobre ese entramado local. Analizamos el papel del cuartel, la trinchera y la emigración como escenarios donde esa tensión entre lo local y lo nacional se volvió concreta.

Pero hay un punto preciso donde todo esto se vuelve visible en papel.

Ese punto es la leva.

La leva no fue simplemente el servicio militar obligatorio. Fue el momento en que el Estado entró formalmente en la vida de cada joven varón. Fue el instante en que el muchacho del valle, del pueblo, del campanile, y también el que trabajaba en las minas o era hijo de un comerciante un marino o un artesano, fue contado, medido y registrado por una administración central.

Hasta entonces, su existencia estaba documentada en registros parroquiales y municipales: bautismo, matrimonio, defunción. Con la leva, aparece una nueva capa documental. El Estado nacional lo inscribe en un sistema que ya no es local, sino provincial y estatal.

La visita de leva implicaba examen médico, verificación de datos personales, filiación, profesión, características físicas. Allí el joven dejaba de ser solo "hijo de" dentro de una comunidad conocida, para convertirse en parte de una clase de reclutamiento organizada por año de nacimiento.

El Estado lo clasificaba. Y esa clasificación no era simbólica. Tenía consecuencias concretas. Según el resultado del sorteo y las disposiciones legales vigentes, podía ser asignado a distintas categorías: servicio activo prolongado, reserva o situaciones que lo eximían temporal o definitivamente. Podía ser declarado abile, rivedibile o riformato. Cada término reflejaba una decisión administrativa sobre su cuerpo y su destino.

La maquinaria estatal comenzaba a funcionar sobre individuos que hasta entonces habían vivido dentro de estructuras locales.

En ese sentido, los documentos de leva no son solo registros militares. Son el punto de encuentro entre dos mundos: el del campanile y el del Estado nacional.

En ellos vemos cómo el joven campesino, artesano u obrero fue integrado ---de manera desigual y a veces conflictiva--- a una estructura que lo trascendía. Vemos cómo el Estado intentó organizar a generaciones enteras bajo un mismo sistema. Y vemos también cómo las diferencias sociales, regionales y familiares influyeron en el modo en que cada uno atravesó ese proceso.

Comprender qué era la leva, cómo funcionaban sus categorías y qué significaban las distintas condiciones ante el servicio no es solo un ejercicio técnico. Es entender el momento en que nuestros antepasados dejaron una huella en la historia nacional.

Una huella que hoy podemos leer.

A partir de aquí, vamos a adentrarnos en esa estructura: qué era exactamente la leva, cómo se organizaban las categorías del ejército y qué implicaban términos como primera categoría, segunda categoría, terza categoria, abile, rivedibile o riformato.

Porque detrás de cada palabra administrativa hay una historia personal.

Y detrás de cada registro, un joven que un día dejó su campanile para presentarse ante el Estado.

Importancia de los documentos de leva en la genealogía y en la historia familiar

Todo lo que vimos hasta aquí ---el campanilismo, el Estado que irrumpe en el valle, el cuartel como laboratorio de la nación, la emigración y sus dilemas--- confluye en un punto concreto y material: los documentos que ese proceso generó. Porque al intentar construir un ejército nacional, el Estado italiano hizo algo que ninguna institución anterior había hecho a esa escala: registró, midió y clasificó a la casi totalidad de los varones en edad militar. Y esos registros llegaron hasta nosotros.

Para quienes investigamos nuestras raíces familiares, esto tiene una consecuencia fundamental. El dato que con más frecuencia falta cuando buscamos a un antepasado italiano es la comuna exacta de nacimiento. Las familias emigradas conservaron el apellido, a veces la región, pero muchas veces no el pueblo preciso. Ese dato, sin embargo, figura en los documentos militares. Por eso son una fuente tan valiosa: no solo para quienes tramitan ciudadanía italiana, sino para cualquiera que quiera saber de dónde venía realmente su abuelo.

Pero hay algo más, y es lo que hace a estos documentos verdaderamente excepcionales. Cuando los consultamos no solo encontramos un dato geográfico: encontramos a una persona. Su estatura anotada en centímetros. El perímetro de su tórax. El color de sus ojos y su cabello. Su profesión. Si sabía leer o no. Y, en muchos casos, la causa por la que fue declarado no apto para el servicio: una hernia, una deformidad del ojo derecho, la falta de un dedo, una contextura física por debajo del mínimo requerido. Cada uno de esos datos es una ventana a su infancia, a su trabajo, a las condiciones de vida que lo moldearon.

A lo largo de años de investigación he podido consultar más de veinte listas de leva y ruoli matricolari de mis propios antepasados. En ellos encontré exactamente esa diversidad: jóvenes de 1,74 metros de estatura, robustos y declarados aptos; otros rechazados por no alcanzar la contextura torácica mínima; uno con ausencia del dedo pulgar; otro con deformidad del ojo derecho. Cada expediente cuenta una historia diferente. Y en conjunto, esos documentos forman un retrato colectivo de las condiciones de vida de una generación.

Para entender bien qué podemos encontrar y dónde buscarlo, es importante distinguir tres tipos de documentos que el sistema de leva generó, porque tienen alcances muy diferentes.

Las liste di leva son las más abarcadoras: las confeccionaban las comunas e incluían a todos los varones en edad de cumplir el servicio militar, independientemente de si luego fueron declarados aptos o no, de si emigraron o de si realizaron el servicio. Por eso son la primera fuente a consultar cuando no conocemos el lugar de nacimiento del antepasado: en ellas aparece la comuna de origen con sus datos básicos de filiación. Pasados setenta años del año de la leva correspondiente, estas listas son transferidas a los Archivos de Estado provinciales, donde pueden consultarse libremente, y en muchos casos ya están disponibles en línea.

Los ruoli matricolari los elaboraban los Distritos Militares e incluían a todos los varones que fueron enrolados, es decir, a quienes resultaron aptos en el sorteo, ya sea que hayan realizado efectivamente el servicio o que hayan quedado exentos de hacerlo. Contienen datos físicos ---estatura, perímetro torácico, colorido, señas particulares---, la profesión, el nivel de instrucción y el historial militar, que puede ser más extenso si el joven realizó servicio activo o más acotado si quedó en reserva o fue licenciado. Al igual que las listas de leva, también pueden aportar el lugar de nacimiento cuando no lo conocemos. Estos documentos se conservan en los Archivos de Estado y muchos están ya disponibles para su consulta en línea.

Los fogli matricolari son el documento más completo: contienen el historial militar detallado, los datos físicos, las campañas en las que participó el soldado, las condecoraciones, las sanciones y toda la trayectoria desde el enrolamiento hasta el congedo. Sin embargo, tienen dos limitaciones importantes. La primera es de alcance: solo se confeccionaban para quienes realizaron efectivamente el servicio militar de primera categoría, o para quienes fueron llamados a las armas en tiempo de guerra. Un joven que emigró antes de cumplir el servicio o que quedó en reserva sin ser movilizado no tiene foglio matricolare. La segunda limitación es de acceso: a diferencia de las listas de leva y los ruoli, los fogli matricolari no están disponibles para la consulta pública en la mayoría de los casos. Son precisamente los documentos que investigadores como Marco Rovinello utilizan para sus análisis, pero el acceso para particulares es muy limitado. En el apartado correspondiente se explica cómo intentar solicitarlos y en qué circunstancias es posible obtenerlos.

Esta distinción es clave para orientar la búsqueda. Si no conocemos la comuna de nacimiento del antepasado, el camino más directo son las listas de leva o los ruoli matricolari. Si ya conocemos la comuna y queremos saber más sobre su vida y trayectoria militar, el ruolo es la fuente más accesible y rica. Y si el antepasado realizó servicio activo, podemos intentar solicitar el foglio, sabiendo que el proceso es más complejo.

Pero más allá de la utilidad práctica, hay una dimensión que estos documentos ofrecen y que ninguna otra fuente genealógica puede igualar: la posibilidad de leer las condiciones de vida del antepasado directamente en su cuerpo. El joven de 1,74 metros que aparece en mi ruolo familiar era probablemente hijo de una familia con alimentación relativamente adecuada. El que fue declarado riformato por contextura torácica insuficiente cargaba en ese dato la huella de una infancia con desnutrición o trabajo físico precoz. El que no tenía el dedo pulgar íntegro pudo haber sufrido un accidente laboral, o en casos documentados, haberse mutilado deliberadamente para evitar el servicio. El del ojo derecho anotado como defectuoso quedó excluido porque sin ese ojo no podía apuntar el fusil.

El historiador Marco Rovinello, que analizó miles de estos expedientes, describe las listas de leva como un verdadero "mapa del hambre" de la Italia liberal. Leídos en conjunto, los datos físicos de una generación entera revelan la desigualdad estructural del país: las regiones más pobres, las enfermedades carenciales, las marcas que el trabajo infantil dejaba en los cuerpos. Cada número individual es una biografía; en conjunto, son historia social.

Por eso este libro no es solo una guía para encontrar documentos. Es una invitación a leerlos de otra manera: no como trámites administrativos, sino como retratos. El dato geográfico es el punto de partida. Pero lo que esos registros guardan es mucho más: la estatura de un hombre que no conocimos, la enfermedad que lo marcó de chico, el trabajo que le deformó el cuerpo antes de los veinte años. Y a veces, si tuvimos suerte en la búsqueda, también el nombre del pueblo desde el cual un día cruzó el océano.

El llamado a la leva: cuando el Estado entraba en la casa

Antes de convertirse en un registro, en una lista o en un expediente archivístico, la leva militar fue ante todo un acontecimiento vital. Para cada joven ---y para cada familia--- el servicio militar comenzaba mucho antes del ingreso efectivo al ejército: comenzaba en el momento en que el Estado hacía saber que ese ciudadano había sido llamado a cumplir con su obligación.

Las formas de este llamado variaron a lo largo del tiempo. En los estados preunitarios y durante las primeras décadas del Reino de Italia, la comunicación se realizaba a través de avisos públicos, notificaciones comunales, listados expuestos en parroquias o edificios municipales, o citaciones escritas transmitidas por la autoridad local. En todos los casos, el efecto era similar: el joven era separado, al menos simbólicamente, de la esfera familiar y colocado bajo la órbita del Estado.

En el siglo XX, este procedimiento administrativo adoptó una forma que quedó profundamente grabada en la memoria colectiva italiana: la cartolina di chiamata, conocida popularmente como cartolina rosa. Aunque este instrumento pertenece a una etapa relativamente reciente de la historia de la leva, su valor es sobre todo simbólico. Representa la continuidad de una práctica mucho más antigua: el momento preciso en que la obligación militar dejaba de ser una abstracción legal para transformarse en una realidad concreta y personal.

La llegada de la notificación ---fuera un aviso parroquial en el siglo XIX o una cartulina postal en el siglo XX--- marcaba un punto de inflexión. Para el joven significaba la interrupción de su vida cotidiana; para la familia, el inicio de una espera. En contextos rurales o económicamente frágiles, implicaba además la pérdida temporal ---y a veces definitiva--- de una fuerza de trabajo esencial.

Comprender este momento es fundamental para el investigador genealógico. Los documentos militares que hoy consultamos nacen de ese acto inicial: del llamado, de la inscripción, de la respuesta obligada del ciudadano. Detrás de cada registro de leva hay una historia previa que no figura en los archivos, pero que explica su existencia.

La leva como experiencia personal y familiar

La conscripción obligatoria no fue solo un mecanismo de organización militar ni un instrumento administrativo del Estado moderno. Fue, durante más de un siglo, una experiencia compartida que atravesó hogares, generaciones y comunidades enteras. Fue también una experiencia marcada por un fuerte componente de coerción, en la que los proyectos individuales y familiares quedaban subordinados a las necesidades del Estado.

Para millones de jóvenes italianos, el servicio militar constituyó un verdadero rito de paso entre la adolescencia y la vida adulta. La leva los alejaba por primera vez de su lugar de origen, del ámbito familiar y del mundo restringido del paese. En los cuarteles convivían jóvenes de regiones distintas, hablantes de dialectos diferentes y pertenecientes a clases sociales diversas. Esa convivencia forzada contribuyó de manera decisiva a la formación de una identidad común y a la difusión del idioma italiano más allá de las élites urbanas.

Pero la experiencia no se limitó a quienes vestían el uniforme. La leva marcó profundamente a las familias. Madres, padres, esposas y novias vivieron la ausencia, la incertidumbre y, en muchos casos, el temor. Las largas estancias lejos del hogar afectaban la economía doméstica, especialmente en contextos campesinos, donde la falta de un hijo varón podía comprometer seriamente la subsistencia familiar.

Las cartas enviadas desde los cuarteles, las licencias esperadas y los regresos temporarios o definitivos formaron parte de una cotidianeidad compartida por amplios sectores de la sociedad italiana. Incluso quienes evitaron el servicio ---los riformati, los exentos o los emigrantes--- quedaron igualmente incluidos en esta experiencia colectiva, así como las mujeres, que, aunque excluidas formalmente de la leva, la vivieron de manera indirecta pero constante.

Desde el punto de vista genealógico, esta dimensión humana es inseparable del valor documental de los registros militares. Las listas de leva, los ruoli matricolari y los fascículos personales no son únicamente fuentes administrativas: son huellas de trayectorias vitales condicionadas por una institución que moldeó comportamientos, decisiones y destinos familiares.

Analizar estos documentos sin considerar el contexto personal y social en el que fueron generados implica perder una parte esencial de su significado. Comprender la leva como experiencia vivida permite al investigador reconstruir no solo datos, sino también el marco histórico y humano en el que se inscriben las historias familiares.

A este fenómeno se sumó un elemento fundamental que marcó profundamente a la sociedad italiana de entreguerras: la memoria todavía viva de la Primera Guerra Mundial. Lejos de ser un recuerdo distante, el conflicto había dejado huellas visibles en casi todas las comunidades. Padres, hermanos mayores, tíos o vecinos habían combatido en el frente y regresado, en muchos casos, heridos, mutilados o profundamente transformados por la experiencia bélica.

Estas vivencias se transmitieron en el ámbito familiar como relatos de sufrimiento, privaciones y pérdidas. Para las nuevas generaciones, la guerra no era una idea abstracta, sino una experiencia conocida a través de quienes la habían padecido directamente. En este contexto, los rumores de una posible nueva guerra y el progresivo clima de militarización generaron un temor concreto y extendido.

Para numerosas familias, la perspectiva de que sus hijos volvieran a ser llamados a las armas ---repitiendo una experiencia que había resultado devastadora para la generación anterior--- fue determinante en la toma de decisiones migratorias. La emigración se convirtió así no solo en una salida económica o política, sino también en una estrategia para evitar que la historia reciente se repitiera.

Desde el punto de vista genealógico, este contexto ayuda a comprender por qué muchos jóvenes abandonaron Italia antes de figurar en las listas de leva o interrumpieron bruscamente su trayectoria documental. La ausencia de registros militares, en estos casos, no responde a un vacío administrativo, sino a una elección profundamente condicionada por la memoria del conflicto y el temor a uno nuevo.

La leva bajo el fascismo

El proceso que venimos describiendo ---el Estado que intenta construir italianos a través del servicio militar--- encontró su forma más extrema y coercitiva durante el régimen fascista. Si en la Italia liberal el cuartel era una escuela de nación imperfecta y desigual, con Mussolini la militarización dejó de ser una etapa de la vida adulta para convertirse en una condición permanente que comenzaba en la infancia.

El régimen no esperaba a que el joven cumpliera veinte años para capturarlo institucionalmente. A través de organizaciones juveniles fascistas, la formación militarizada comenzaba a los seis años. Los niños desfilaban, usaban uniformes, aprendían consignas y ejercicios físicos, en una progresión continua que desembocaba directamente en el servicio militar obligatorio. Lo que en el siglo XIX había sido un intento del Estado liberal de "hacer italianos" en el cuartel, el fascismo lo convirtió en un proyecto de formación ideológica total que abarcaba toda la vida.

El servicio militar dejó de ser principalmente un mecanismo de selección física para convertirse también en un instrumento de control político. El foco de los documentos se desplazó: ya no solo importaba si el joven era apto físicamente, sino también su adhesión al régimen, su conducta política, su lealtad ideológica. Los registros de la época fascista suelen ser más detallados en cuanto a la "condotta morale e politica" del soldado. Si un antepasado sirvió durante los años treinta, es posible encontrar en su foglio matricolare anotaciones sobre su comportamiento político que no aparecerían en documentos de épocas anteriores.

Las guerras coloniales ---Etiopía en 1935, España en 1936, Albania en 1939--- convirtieron la leva en una amenaza concreta de muerte en un frente lejano. La memoria de la Primera Guerra Mundial, todavía viva en las familias, hacía que la perspectiva de una nueva guerra fuera visceralmente temida. Para muchos jóvenes y sus familias, la emigración dejó de ser solo una salida económica para convertirse en una estrategia de supervivencia. Partir antes de ser alcanzados por la leva fue, en muchos casos, una decisión tomada conscientemente para evitar el enrolamiento en un ejército al servicio de un régimen y de guerras que no eran las propias.

Para el investigador genealógico, este contexto es fundamental. Si un antepasado emigró en los años veinte o treinta y no aparece en registros militares italianos, esa ausencia no es necesariamente un vacío documental: puede ser el rastro de una decisión deliberada. La emigración previa al llamado a la leva interrumpía la trayectoria documental de manera abrupta. El joven dejaba de figurar en las listas, no completaba el proceso de enrolamiento, y su historial militar quedaba en blanco. Ese silencio en el archivo es, en muchos casos, una historia en sí mismo.

Vale distinguir, además, entre los documentos de la época liberal y los del período fascista. En los primeros, el foco era principalmente sanitario y físico: estatura, tórax, enfermedades, aptitud para cargar el fusil. En los segundos, la burocracia militar se volvió más densa y políticamente cargada. Encontrar el foglio matricolare de un antepasado que sirvió bajo el fascismo puede revelar no solo su historial militar sino también el modo en que el régimen lo clasificó como ciudadano.

La conscripción obligatoria en Italia

Las raíces del servicio militar en Italia datan de las primeras décadas del Siglo XVI, cuando fue implementada en Florencia y en la Serenísima República de Venecia. Posteriormente, en la segunda mitad del Siglo XVI la leva fue suprimida. El servicio militar sólo tuvo éxito en los dominios de los Savoia, en el Reino del Piemonte y Cerdeña, contribuyendo a que las fuerzas armadas sardas fueran el único instrumento político-militar utilizado en la construcción de la Independencia y la Unificación Italiana.

La creación de los registros civiles en Italia no fue la única innovación administrativa que Napoleón introdujo cuando se auto-coronó como rey de Italia en 1805. El reclutamiento obligatorio fue introducido en Francia en el período revolucionario, la primera ley orgánica sobre el alistamiento militar fue aprobada en 1798. Antes de esa fecha los ejércitos estaban formados por voluntarios y de tanto en tanto, cuando se producía una urgencia, se realizaba algún reclutamiento obligatorio.

Las guerras imperiales francesas se caracterizaron por la creciente sed de tropas. Un decreto del mes de marzo de 1818 proveyó las bases para la creación de las leyes sobre el alistamiento en la mayor parte de los estados europeos, incluidos aquellos que formaban parte de la actual Italia. Según datos oficiales (no siempre exactamente reales) las guerras napoleónicas, primero republicanas, luego imperiales, costaron al menos dos millones de muertos a una Europa, que en esa época contaba con unos 57 millones de habitantes. De estos dos millones, al menos un par de centenas de miles fueron italianos, caídos en un primer momento en la tentativa de oponerse a la invasión del 1796 y en las siguientes crueles represiones a base de fusilamientos masivos, incendios y saqueos de países enteros. A esto se sumó la participación forzada mediante el "odiadísimo" reclutamiento obligatorio.

Estableceremos dos períodos de tiempo en el análisis de los documentos militares generados en Italia y veremos las posibilidades que tenemos de acceder a los mismos. Aclarando, como siempre, que día a día nuevos archivos se examinan y nuevos registros salen a la luz. Estos dos períodos están delimitados por un acontecimiento histórico: la Unificación Italiana. Veremos entonces cómo se formaban los ejércitos de los estados preunitarios.

El servicio militar antes de la Unificación italiana

En 1812 fueron difundidas instrucciones precisas en relación a los procedimientos para el alistamiento del ejército en el Reino de Italia Napoleónico: la administración municipal realizó listas en que fueron inscritos todos los jóvenes entre los veinte y los veinticinco años. De las mismas se extrajeron los hombres necesarios para completar la armada. Los reclutados debían prestar servicio por un período de cuatro años. Después de expulsar a las tropas francesas del territorio italiano, muchos estados italianos pre-unitarios mantuvieron la ley del servicio militar obligatorio y las comunas italianas continuaron con su función de realizar la listas de jóvenes residentes en la misma que estaban en condiciones de realizar el servicio militar.

La Leva en el Reino del Piemonte y Cerdeña

Los regimientos provinciales del Piemonte (sabaudo), eran una de las más famosas milicias europeas del antiguo régimen y, según algunos estudiosos, las mejores en Italia. Creadas en 1713 como estructura permanente y con una fuerza de 7.200 hombres, fueron un derivación de las milicias saboyanas, piamontesa, nizardas, valdenses y aostanas que desde 1703 a 1706, durante la guerra de sucesión española, habían reunido más de 30.000 combatientes. Reforzada y reorganizada en 1774, la milicia provincial tuvo una importancia cada vez mayor y eran vistas con desconfianza por el ejército francés. A pesar de la dificultad para reclutar tropas voluntarias, el gobierno evitó crear una conscripción forzosa, alentando el reclutamiento voluntario mediante la concesión de algunos privilegios.

La Repubblica Piemontese nació durante la época napoleónica, como resultado de las conquistas de Napoleón en la península italiana. Entre otros objetivos Napoleón quería dominar los pasos alpinos y comenzó con un trabajo de asimilación de Piamonte a Francia. El 28 de abril 1796 con el armisticio Cherasco Vittorio Amedeo III de Saboya se vio obligado a ceder Saboya y Niza a Francia y también todas las fortalezas. Esta República tuvo una corta vida (1802 - 1805). En 1805, a raíz de la proclamación de Napoleón como Emperador de los franceses, todo el territorio italiano pasaría a ser una monarquía. Napoleón se convirtió en su rey y el territorio se denominó Reino de Italia.

En Octubre de 1802 se extendieron al Piemonte de las leyes francesas sobre el servicio militar obligatorio ordenando una leva de 8000 reclutas. Como el Piemonte estaba acostumbrado a los reclutamientos (aunque no forzosos), la introducción del servicio militar obligatorio no fue tan traumática como había resultado ser 5 años antes en Francia. En teoría el servicio militar duraba menos tiempo, 5 años en lugar de 20, pero la ferma podía ser prolongada indefinidamente en tiempos de guerra. Desde 1802 hasta 1815, año tras año, se reclutaba a nuevos grupos de soldados, en función de las exigencias de las guerras napoleónicas. Expulsados los franceses y reconstituido el Reino del Piemonte se procedió en un primer momento a la abolición de la conscripción por considerarla una "odiosa imposición napoleónica", pero meses más tarde se restauró el sistema, en virtud de la necesidad que el estado tenía de contar con un ejército sólido.

Finalmente, en Marzo de 1854 la Ley N° 1676 instituía el servicio militar obligatorio en el Reino del Piemonte y Cerdeña. Por todo esto, es posible encontrar en los archivos de estado italianos, listas de leva que datan de esta época: 1802 (Saluzzo, Cuneo) 1792 (Alessandria y Cuneo).

Dónde se conservan hoy estos registros?

Los registros de leva del Piemonte se conservan en los Archivos de Estado de cada provincia. En algunos casos, como en la provincia de Cuneo, se conservan listas correspondientes a clases de fines del siglo XVIII (década de 1790), lo que constituye una fuente de gran valor para investigaciones tempranas.

En los últimos años se ha anunciado la digitalización parcial de estos fondos documentales, aunque al momento de redactar esta guía no todos se encuentran disponibles en línea. Actualmente pueden consultarse en formato digital algunos ruoli matricolari y liste di leva correspondientes a la provincia de Torino y a sectores que hoy pertenecen a la provincia de Vercelli.

En los demás casos, la consulta deberá realizarse directamente ante el Archivo de Estado competente. En el apartado correspondiente se explicará el procedimiento para solicitar copias o información específica.

La Leva en el Reino de las Dos Sicilias

Joaquín o Joachim Murat fue un noble y militar francés al servicio de su cuñado Napoleón que fue rey de Nápoles entre 1808 y 1815. Durante su reinado, en 1810, se introdujo el reclutamiento obligatorio. En 1814, con la expulsión de los franceses (momento histórico conocido como la Restauración), se abolió la conscripción y se requirió la cantidad de 3 voluntarios por cada 2000 habitantes, el servicio duraba 5 años para la infantería y 9 para caballería. Posteriormente, una ley de febrero de 1823 reestableció la conscripción para los varones entre 18 y 25 años.

Son numerosas las publicaciones históricas que indican que el Reino de las Dos Sicilias era la tercera potencia industrial antes de la Unificación y que contaba con un aparato militar de gran respeto. La mala fama que se ganó este aparato militar se debe a la corruptibilidad del personal militar de alto rango, que durante el avance de los camisas rojas de Garibaldi prefirieron retirarse en lugar de luchar, sabiendo que pronto se integrarían en el ejército de un país más grande territorialmente. Sobre el valor de los soldados existe otra opinión, no es casualidad que el diario francés "Le Moniteur" publicó una caricatura de un soldado y un oficial del ejercito duosiciliano. El soldado tenía la cabeza de un león y el oficial la cabeza de un asno.

El gobernante que más contribuyó a la formación de un ejército fuerte y preparado fue Fernando II de Borbón que al asumir el trono en 1830 mostró un fuerte temperamento. Fernando buscó los servicios de los oficiales que sirvieron bajo el régimen de Murat, reconociendo su preparación y experiencia. Con las reformas que realizara, en 1859 el ejército del reino se articulaba sobre la leva. Se cambió la duración de las levas: cinco años "bajo bandera" más otros cinco años en la reserva para la infantería, ocho años en la artillería, la caballería y la policía, pero con licenciamiento definitivo después de este período.

El rey establecía año a años el número de conscriptos y que eran elegidos mediante sorteo realizado en las comunas del reino, entre los jóvenes que comprendían los 18 a 25 años de edad. Después eran enviados a la capital de la provincia de pertenencia para el examen de idoneidad y sucesivamente eran enviados a los repartos para realizar un adiestramiento de seis meses. Fueron excluidos de la exigencia de la leva los distritos marítimos de Ponza e Ischia, cuyos hombres estaban destinados a cubrir los cupos requeridos por la armada real. Por un antiguo privilegio, los súbditos de Sicilia no estaban sujetos al servicio militar obligatorio. Sin embargo, alrededor de 12.000 sicilianos servían en el ejército, en calidad de voluntarios.

Además de la leva, existía la posibilidad de prestar servicio voluntario durante ocho años para los ciudadanos del estado y cuatro años para los extranjeros. El alistamiento voluntario y la extensión de la ferma absorbían un gran número de aspirantes, por lo que la demanda de reclutas fue muy baja.

La Leva en el Veneto y la Lombardia

Después de la caída de Napoleón, mediante una Sovrana Patente del 7 de abril de 1815, la Lombardía y el Veneto fueron unidos para formar un reino denominado Regno Lombardo-Veneto, dependiente del Imperio Austríaco. Quedaron exceptuados de esta reorganización Novara, que volvió a pertenecer al Reino de Piamonte, y el Alto Adige, que fue incluido en el Condado del Tirol.

La conscripción obligatoria fue reintroducida en el reino en el año 1819, extendiéndose el período de ferma a ocho años. Desde 1815, el territorio fue dividido en ocho distritos militares, cada uno encabezado por un regimiento de infantería. La Patente Imperiale del 20 de septiembre de 1820 contenía instrucciones precisas sobre las operaciones de leva.

Estaban sujetos al servicio militar todos los súbditos del Imperio Austríaco cuyas edades oscilaban entre los 20 y los 25 años. Se exigía una estatura mínima de 1,58 metros, y estaban exentos los funcionarios públicos, profesores y maestros, sacerdotes y seminaristas, así como aquellos que padecían enfermedades o imperfecciones físicas. El gobierno comunicaba anualmente el número de conscriptos que cada comuna debía aportar al Estado, en función de su población, y la selección se realizaba mediante sorteo.

Tras un período de instrucción, los soldados eran asignados a destinos lejanos, como Buda, Praga o Viena, y no regresaban a sus hogares hasta después de largos meses. Este sistema de conscripción, impuesto por las autoridades austríacas, obligaba a los jóvenes a ausentarse de sus familias por períodos incluso más prolongados que bajo el régimen napoleónico. A pesar de las sanciones previstas, fueron numerosos los desertores y evasores del servicio militar, especialmente en el mundo rural. Muchos de estos jóvenes se ocultaban en zonas montañosas, perseguidos por la gendarmería austríaca, o emigraban hacia otros territorios del Imperio, como Austria, Hungría o Alemania. Estas prolongadas ausencias representaban para las familias más pobres una significativa disminución de sus ingresos.

El sistema de leva instituido durante el período napoleónico establecía que las comunas debían encargarse de confeccionar listas de todos los jóvenes en edad de cumplir el servicio militar. Esta función se mantuvo vigente en el Reino Lombardo-Veneto. Cada cinco años se compilaban listas correspondientes a las distintas clases de edad de los conscriptos.

La Lombardía fue anexada al Reino de Italia en 1859, mientras que el Veneto lo sería en 1866. La Ley n.º 223 del 22 de agosto de 1861 autorizó una leva militar en la Lombardía, y seis años más tarde, la Ley n.º 3847 del 15 de agosto de 1867 extendió la conscripción al Veneto.

El Archivo de Guerra (Kriegsarchiv) de Viena conserva documentación relativa al ejército austríaco desde el siglo XVI hasta el final de la Primera Guerra Mundial. Una parte significativa de estos fondos ha sido digitalizada y hoy puede consultarse a través de instituciones archivísticas y plataformas especializadas. Para una guía detallada sobre los registros militares del Reino Lombardo-Veneto y su localización actual, puede consultarse el siguiente recurso:\ 🔗 https://ancestrositalianos.com/registros-militares-del-reino-lombardo-veneto/

Conocer el nombre del regimiento en el que un soldado fue enrolado resulta fundamental para la investigación de su historial militar, ya que los reclutamientos se realizaban por regimientos con competencia territorial específica. Si bien existen índices para los oficiales, no ocurre lo mismo con los soldados. Las listas de jóvenes en edad de cumplir el servicio militar, redactadas por las comunas, se conservan en archivos comunales y, en algunos casos, en Archivos de Estado provinciales, como los de Belluno y Bérgamo.

La Leva en las regiones de Trentino-Alto Adige y Friuli-Venezia Giulia

El Imperio Austriaco fue fundado en 1804 como reacción a la creación del Primer Imperio Francés bajo Napoleón I. Tras varios intentos fallidos de reforma constitucional, el Imperio Austríaco se transformó en el Imperio Austro Húngaro gracias al Compromiso Austro Húngaro de 1867, otorgando igualdad de estatus a los territorios húngaros.

Dos territorios importantes que fueron parte del imperio Austriaco forman parte de Italia en la actualidad:

  1. Condado del Tirol: que comprende la actual región de Trentino-Alto Adige
  1. Condado de Gorizia; que comprende la actual Región de Friuli-Venezia Giulia.

Los registros del enrolamiento de esta parte del Imperio Austríaco se conservaban en Trieste, pero durante los conflictos previos a la Primera Guerra Mundial, parte de los archivos de la administración estatal austriaca fueron transportados a los archivos de Viena, Graz y Liubliana para mantenerlos a salvo de cualquier daño o de la ocupación enemiga, puesto que la ciudad estaba peligrosamente cerca del frente enemigo. Las autoridades políticas austriacas ante el inminente colapso de la monarquía enviaron a Trieste diversos fondos documentales y destruyeron otros. Manipulación de archivos y otras alteraciones se produjeron en el corto período de tiempo que precedió a la llegada de las tropas italianas.

Al final de la Primera Guerra Mundial, 10 de septiembre de 1919, se firmó entre Austria y las potencias de la Triple Intesa el Tratado de San Germain-en-Laye, según la cual se repartieron los territorios que pertenecían a la monarquía austriaca anterior. A raíz de las negociaciones de la Comisión Italiana de Armisticio en Viena que procesaba las solicitudes para la reivindicación de los archivos eliminados, el gobierno austriaco restituye, a partir de 1922 un fondo llamado Miscellanea ex austro ungarica (ex-AU) - 1846/1900, que contiene registros militares del ex Litoral Austríaco (incluida la zona de Trieste, Gorizia, Sesana, Comeno, Plezzo, Tolmino, Monfalcone, Cervignano, l'Istria, Cherso, Lussino e Veglia) que, con pocos cambios territoriales, se corresponde con el territorio de Venezia-Giulia establecido después de la guerra.

La Leva en la Toscana

En 1741 la Toscana fue elegida como base de operaciones del Cuerpo Expedicionario Español en Italia para invadir Lombardía. Al no tener la fuerza suficiente para impedir el paso de estas tropas, tuvo que cederlo pero fue necesario mantener una fuerza que controlara el paso de las tropas e impidiera la invasión. Se creó entonces la Milizia Nazionale Toscana. Esto generó un fuerte descontento de los clérigos disidentes y la aristocracia, por lo que unos años más tarde sería desarticulada reduciéndose el número de infantería y fusileros. Esto también sirvió para fortalecer el puerto de Livorno, que fue un punto focal de gran interés.

El Gran Ducado de la Toscana sostuvo una política de no beligerancia, garantizada por Austria, que fue rechazada durante la Guerra de los Siete Años (1756 - 1763) con la formación de un contingente de 3.000 hombres (el 4 por mil de la población). Se constituyó un regimiento con 24 batallones con poca formación y armamento de mala calidad que se disolvió poco después. En 1760, especialmente para las carencias y los problemas financieros más que por el anti-militarismo del Gran Duque Pietro Leopoldo, Gran Duque de Toscana, se procedió al desarme. El Gran Ducado se había convertido en un estado tapón, con soberanía limitada y la mentalidad desarmista, subordinado a la política austriaca.

En 1808 las tropas francesas entonces, inician la ocupación de la Toscana que, desprovista de un ejército fue conquistada fácilmente. La invasión napoleónica introdujo la innovación de la conscripción que implicaba el enrolamiento de los jóvenes toscanos en el ejército francés de Napoleón. Esta innovación suscitó protestas más o menos prolongadas, pero sobre todo antipatía por Napoleón y por Francia. El gobierno francés a cargo del Gran Ducado de la Toscana enviaba al vicario una orden en la cual se prescribía el enrolamiento de un determinado número de jóvenes. Muchos jóvenes trataron de evadir esta obligación utilizando las estrategias. Algunos se disfrazaban de seminaristas, por ejemplo, porque los seminaristas estaban exentos de esta obligación. Cuando el gobierno francés advirtió esta situación, trató de disuadir a los sacerdotes complacientes con una medida drástica: prohibió la recolección de ofrendas dentro y fuera de las iglesias.

Restablecida la soberanía del Gran Ducado, se restablecieron todas las leyes del período anterior incluyendo la ley del reclutamiento, a la que se le realizaron algunas reformas no sustanciales en el año 1826. El servicio militar, también llamado ferma o capitolazione duraba seis años y las autoridades militares establecían anualmente, en base a las necesidades de los cuerpos, el número de reclutas a enrolar. A cada comuna se le solicitó una cantidad de reclutas en relación al número de habitantes. En el año 1826 se requirió la cantidad de 600 reclutas en todo el Gran Ducado. Mientras que 60 conscriptos se requirieron en 1828, 58 en 1829 y 59 en 1830.

En las puertas de las parroquias se colocaba una Notificazione que invitaba a los jóvenes a inscribirse en los listados. Establecida la cantidad de conscriptos que se exigía a cada comuna, se utilizaron distintos métodos para determinar quiénes cumplirían el servicio militar, esos métodos eran la tratta y la tassa. La tassa consistía en que quienes realizarían la conscripción (que como mencionáramos más arriba eran muy pocos) recibirían un premio pagado por el resto de los jóvenes de su clase. La tratta era una especie de sorteo, habiéndose quitado previamente a quienes tenían alguna dificultad física.

Este sistema continuó en vigor hasta la Unificación de Italia, cuando el Ejército Toscano se une al del Reino del Piemonte y Cerdeña, adoptando sus normas. Ej Ejército Toscano fue incorporado en las primeras etapas de la Unificación y en Enero de 1860 se publicaron en la Toscana las normas para la conscripción obligatoria establecidas en el Piemonte en 1854. Por esta razón, muchos archivos comunales de las provincias comprendidas en la región Toscana conservan listas de leva de la comuna que fueron compiladas a partir de 1860. En algunos archivos comunales de esta región se conservan también unos registros anteriores a 1860 llamados ruoli dei richiamati y Deputazione sopra l'arruolamento militare que contienen los listados de conscriptos incluyendo nombre, apellido, fecha de nacimiento y de muerte en caso de que ya hubieran fallecido.

El ejército en los Estados Pontificios

El pequeño Ejército Pontificio estaba compuesto por voluntarios católicos de todas las naciones, con el único propósito de defender el orden público e institucional. Cuando Napoleón invadió la península itálica, el ejército de los Estados Pontificios, que debía proteger al Papa, estaba desarticulado a causa de la ruina financiera.

A principios de 1860, Pío IX adhirió al proyecto de Monseñor De Merode de Bélgica para construir un gran ejército de cruzados de toda Europa, para defender los Estados Pontificios. En septiembre, el nuevo ejército tenía 15.000 hombres, dos tercios eran extranjeros, sobre todo de Austria, Francia, Bélgica, Irlanda y otros países, imbuidos de furia sagrada, pero sin una formación válida y creíble. Estas fuerzas se enfrentan al Piamonte y en pocos días sin demasiado derramamiento de sangre, ocuparon Le Marche y Umbria. En 1867, el ejército papal tenía 10.000 soldados regulares bajo el mando del General suizo Kanzler. En la batalla de Porta Pía (1870), el número se elevó a 15.000 soldados, pero contra 50.000 de los piamonteses no había mucho por hacer.

Cumplida la conquista militar de Roma, un plebiscito realizado en el Lazio sanciona la unión al Reino de Italia. Con el fin de los Estados Pontificios y la disolución de su ejército, las necesidades militares se limitaron sólo a la defensa del Papa y para garantizar el orden en el Estado de la Ciudad del Vaticano. Para estas funciones fueron suficientes sólo dos cuerpos: Guardia Suiza y la Policía.

El servicio militar de los Estados Pontificios era voluntario y no hay listas de leva anteriores a 1870 como existen en otras regiones italianas. La búsqueda de información de un soldado que fue miembro del Ejército Pontificio debe basarse en los registros de matrícula de cada cuerpo en particular: esto quiere decir: chequear individualmente los registros de la Infantería, la Artillería, de la Guardia Palatina, la Gendarmería del Vaticano, etc.

El servicio militar después de la Unificación italiana

El reclutamiento o servicio militar obligatorio fue una de las primeras medidas tomadas en 1860 por el recién nacido Reino de Italia. La reforma impulsada por el ministro Alfonso Ferrero marqués de La Marmora en 1854 introdujo la conscripción obligatoria en el Reino del Piemonte y Cerdeña. Con la unificación administrativa del Reino de Italia, la leva fue obligatoria en todas las regiones italianas, en 1862 para los nacidos en 1842, contribuyendo significativamente a la formación de una identidad unificada italiana.

De los estados italianos pre-unitarios solamente dos tenían una ley de conscripción militar obligatoria, el Reino del Piemonte y Cerdeña y el Reino de las dos Sicilias, aunque los habitantes de la isla de Cerdeña (Sardos) estaban exceptuados de la conscripción obligatoria. Solo estos dos estados tenían un ejército nacional. Por lo tanto, la institución de la conscripción obligatoria fue una novedad traumática en varias provincias del flamante Reino, con la consecuente renuencia y la búsqueda de alternativas para evitar el largo servicio militar lejos de la familia y del paese de origen.

Durante el proceso de Unificación Italiana, en 1859, el gobierno aplicó la Ley sobre Reclutamiento que había sido promulgada en el Reino del Piemonte y Cerdeña en Marzo de 1854. Recordemos que en ese momento el Reino de las Dos Sicilias no formaba aún parte de Italia. Según esta ley solamente un hombre cada 55 era llamado a las armas, puesto que el número de voluntarios que se reclutaban era numeroso.

Con la constitución del Reino de Italia en 1861, la llamada Ley de Leva del Reino Sardo fue extendida a todo el territorio nacional. En el año 1862 se realiza el primer reclutamiento en todo el territorio del flamante estado italiano que no incluía al Véneto. Ese año se llama a la clase 1842, aunque las tareas de reclutamiento de esta clase finalizaron a principios del año 1863, reclutándose dos clases casi al mismo tiempo. Se estableció una cantidad de 45.000 hombres de esa clase que debían ser reclutados, pero a falta de inscriptos idóneos, solo se reclutó la cantidad de 43.011 hombres. Al mismo tiempo, ese año se otorgó la baja del ejército a soldados piamonteses, lombardos y toscanos de las clases 1831 a 1832 y 1837 a 1841. También se licenció a la clase 1855 de soldados parmenses y a los soldados napolitanos que fueron obligados a las armas en el año 1857. Estos soldados habían sido reclutados por los estados pre-unitarios y muchos de ellos estuvieron diez años realizando la conscripción.

La precocidad de tal disposición en materia de enrolamiento, antes de la entrada en vigor de la ley N° 2248 del 22 de marzo de 1865 para la unificación administrativa se explica por la necesidad de disponer en tiempo breve, de un aparato militar en caso de un retorno de las fuerzas austríacas y al mismo tiempo, para garantizar el mantenimiento del orden público en los nuevos territorios adquiridos llevando a la fusión de las fuerzas militares pre-unitarias en torno del ejército piemontés.

En el nuevo Reino de Italia se extendió a las comunas las funciones de la inscripción anagrafica, la transcripción de los eventos del registro civil y la elaboración de las listas del servicio militar. En muchas regiones, las comunas ya realizaban estas tareas antes de la Unificación. Así, en 1863 y hasta mediados de 1880, se llevó a cabo un intercambio frecuente de documentos e información entre la autoridad civil y la religiosa. Además, los futuros reclutas estaban obligados a inscribirse en las listas de leva al cumplir los 20 años de edad, con esto se adquiría el pleno status de ciudadano y por lo tanto titular de derechos. Por ley N° 226 del 23 de Agosto de 2004, el servicio militar obligatorio fue suspendido en favor de la formación de un ejército profesional de voluntarios. En materia de reclutamiento los órganos competentes eran los Uffici di Leva (oficinas de leva municipales), el Ministerio de Guerra y los Consigli di leva (consejos de leva provinciales).

Etapas del reclutamiento militar

Primera etapa: Listas de Leva preliminares y Estrazione

El reclutamiento en el ejército se realizaba en dos etapas claramente definidas. Primero, las oficinas comunales confeccionaban unos listados preliminares (llamados también elenchi preparatori -listas preparatorias-) con los nombres de los jóvenes potencialmente enrolables, es decir que estaban próximos a cumplir la edad establecida (20 o 18 años, según la época). Durante el mes de enero se procedía a la notificación pública, suscrita por el sindaco, llamando a las armas a todos los jóvenes en condiciones, y posteriormente se realizaba la corrección de la Lista de leva, eliminando los nombres de los que habían fallecido, extraviado o emigrado e insertando aquellos que, excluidos por diferentes motivos, solicitaron ser incluidos.

La redacción definitiva de la Lista de leva era sometida en el mes de marzo a la aprobación de la Giunta Comunale (Junta Municipal) y luego era transmitida en copia auténtica al Prefetto o al Subprefetto del circondario y finalmente al Comisario de Leva. Estos jóvenes participaban luego en la extracción de un número (estrazione) que se utilizaba para determinar el orden en que deberían presentarse, en un momento posterior, a la verificación de los Consejos de Leva (Consigli di Leva), realizados a nivel del circondario, donde se le asignaría la categoría correspondiente.

El proceso de extracción se justificaba por la incapacidad del Estado para enrolar a todos los ciudadanos idóneos. Recordemos que en base en la ley municipal y provincial de 1865 el territorio del reino de Italia fue dividido en provincias, circondari, mandamenti y comunas. Cada año el Ministerio de Guerra establecía por ley el número de hombres a reclutar en la primera categoría, es decir en el ejército permanente. En base al número de inscriptos en las listas de leva se establecía, de manera proporcional, el número de hombres que cada mandamento tenía que aportar al ejército, estos hombres eran elegidos mediante sorteo.

El sorteo (estrazione) se realizaba por mandamento, públicamente y en presencia de los inscriptos en las listas por mandamento (por lo tanto por grupos de comunas). No todos los jóvenes tenían la posibilidad de extraer su número, que indicaba el orden en que habrían de ser examinados por el Consejo de Leva del circondario; los jóvenes que no participaron en el sorteo eran puestos encima de la lista y eran llamados capilista. Ser capilista brindaba la certeza casi automática, de ser considerado de primera categoría y por lo tanto de tener una conscripción más larga. En este grupo eran colocados los jóvenes considerados rivedibile por Consejos de Leva anteriores, también aquellos que fueron omitidos erróneamente y el grupo (a menudo amplio) de quienes de manera fraudulenta trataron de evitar sus obligaciones militares y fueron descubiertos.

Supervisaba esta extracción el Comisario de Leva y un oficial de los Carabineros Reales quienes junto al sindaco y empleados de la Prefectura quitaban de las Listas de Leva a quienes no se consideraba apto para el servicio militar como por ejemplo las personas enfermas o con discapacidad física. Los jóvenes que por diversos motivos no pudieron estar presentes tenían derecho a ser representado por un tutor, generalmente sus padres. Al finalizar el sorteo a cada inscripto le correspondió un número.

Antes de realizar la extracción el Comisario de Leva preparaba una serie de boletos, la misma cantidad de boletos que de inscriptos en la Lista de leva del mandamento. Luego contaba la cantidad de capiliste y quitaba el mismo número de boletos, comenzando por el número 1, de este modo los capiliste no participaban del sorteo. El resto de los boletos eran colocados nuevamente en la urna. Los jóvenes que tenían derecho extraían su número, que indicaba el orden progresivo en que deberían presentarse ante el Consejo de Leva del Circondario. Por lo tanto, si el joven sacaba un número alto en el sorteo, tenía mayores posibilidades de que al momento de su examen se hubiera completado la cantidad de conscriptos requerida por el ministerio, y por lo tanto era puesto en segunda categoría, es decir en la milicia provincial que requería un desempeño de tiempo parcial.

Segunda etapa: Consejo de Leva del Circondario

Una vez acabada esta etapa, seguía un período de tiempo en que las listas de los conscriptos con su número de estrazione eran enviadas a los prefectos y de este al Ministerio de Guerra. El ministerio, en base en estos datos y en el número de reclutados de primera categoría que necesitaba, repartía el número total entre las distintas provincias, circondari y mandamenti y lo informaba a los presidentes de los Consejos de Leva que eran oficiales del ejército. El número de hombres que tenían que listarse en la primera categoría era proporcional al número de jóvenes del mandamento. Una vez establecido el número de soldados que se destinaría a las distintas categorías, los presidentes de los consejos de Leva, convocaban al Consejo de Leva del Circondario.

En estos consejos además del presidente, participaban otros dos oficiales del ejército, dos representantes provinciales (cuya función era salvaguardar los intereses de los conscriptos), un oficial de los carabineros reales y un oficial médico, los sindacos de las comunas del circondario, el Comisario de Leva y un representante del Prefetto. Delante de los mismos tenían que presentarse todos los jóvenes inscriptos en las listas de Leva. En primer lugar debían presentarse los capilista y luego los demás en función del número extraído (sorteo). Por mayoría el consejo decidía sobre la asignación a la primera o a la segunda categoría y decidía sobre casos particulares. Allí se procedía al enrolamiento y el Consejo se pronunciaba en relación a la rivedibilita, renitenza o arruolamento de cada joven inscripto.

Una vez alcanzado el número de miembros de primera categoría en un determinado mandamento, los jóvenes que continuaban en el orden de la lista eran destinados a la segunda categoría, esto es en la milicia móvil también llamada provincial. Se entiende por lo tanto, como la suerte de extraer un número alto ampliaba las posibilidades de ser examinado cuando el reparto de la primera categoría ya estaba cerrado. Quien no se presentaba ante el Consejo de Leva del circondario era considerado renuente y perseguido penalmente. Esta era la práctica común, según el reglamento publicado en la Gazzetta Ufficiale de 1877, que también comprendía casos particulares y excepciones.

Reforma del año 1923

En el mes de mayo de 1923 se introdujeron algunas reformas al servicio de Leva. La ley N° 1309 reorganiza las jurisdicciones, dejando de lado las divisiones en circondari y mandamenti. La Oficina de Leva a partir de ese momento tuvo sede en las capitales de provincia y su competencia se extendió a todas las comunas de cada provincia. Por otro lado, la ley quitó al Prefetto de toda autoridad en la materia. Mientras que el Comisario de Leva, manteniéndose en la cabeza de la oficina, era designado directamente por el Ministro de Guerra. El Consejo de Leva ya no era presidido por el Prefetto sino por el Presidente del Tribunale, de este modo la oficina de leva adquirió un carácter marcadamente militar. Estos cambios fueron efectivos a partir de 1927.

El Consiglio di Leva

El Consiglio estaba formado por un presidente, un consejero provincial, un médico, un cirujano y el comisario de leva. Su función era examinar en modo definitivo a los conscriptos para determinar la idoneidad al servicio militar o para evaluar los casos dudosos. Su decisión se reportaba sobre dos registros: el Sommarione y sobre las Liste di estrazione: abile, arruolato en las diversas categorías, esento, deceduto, renitente, rivedibible, riformato.

Joven recluta italiano frente a oficiales militares en el Consiglio di Leva
El Consiglio di Leva: el joven, recién salido del pueblo, frente al tribunal del Estado.

Tras la unificación de 1861, los gobernantes italianos aspiraban a construir un ejército moderno, comparable al de las grandes potencias continentales como Francia o Prusia. No se trataba solo de disponer de tropas, sino de consolidar un ejército de masas, disciplinado, homogéneo y capaz de movilizar grandes contingentes con rapidez. El ejército debía cumplir una doble función: defensiva y política. Por un lado, garantizar la seguridad y el prestigio internacional del nuevo Estado; por otro, actuar como instrumento de integración nacional en una sociedad profundamente fragmentada por identidades locales, dialectales y regionales. El cuartel era concebido como una "escuela de italianidad": un espacio donde jóvenes que se identificaban antes como napolitanos, sicilianos o piamonteses que como italianos aprendieran una lengua común, hábitos compartidos y una disciplina uniforme.

Sin embargo, el ideal militar chocaba con la realidad social del país. Italia era, en su mayoría, rural y pobre. Amplios sectores de la población sufrían desnutrición, enfermedades endémicas como la pelagra o el tracoma, y altos niveles de analfabetismo. Muchos jóvenes no alcanzaban la estatura mínima requerida o presentaban condiciones físicas que los hacían inadecuados para el servicio. La distancia entre el modelo de soldado que el Estado imaginaba ---robusto, disciplinado, alfabetizado--- y el perfil real del recluta italiano revelaba las debilidades estructurales del país. El ejército quería ser una institución moderna en una sociedad que todavía atravesaba un proceso lento y desigual de modernización.

En este contexto, la insistencia de los historiadores en la noción de "cuerpos" cobra pleno sentido12. El sistema de conscripción funcionaba, en la práctica, como un mecanismo de clasificación biológica. La revisión médica era central: se medía la altura, se examinaba la vista, la dentadura, la fuerza muscular, la presencia de enfermedades. Tras la abolición de los mecanismos de sustitución y pago, el dinero dejó de ser el principal filtro; el cuerpo pasó a serlo. El Estado evaluaba qué jóvenes eran útiles para la maquinaria militar y cuáles no. Antes de ser reconocidos como ciudadanos, eran examinados como material militar.

Ahora bien, ¿esto significa que al Estado no le importaba la salud de la población en general? La respuesta es más matizada. La preocupación por la salud pública no estaba ausente, pero no era el punto de partida. Lo que activaba la atención estatal era la necesidad de disponer de soldados aptos. Al examinar de manera masiva a generaciones enteras de jóvenes, el ejército se convirtió en un observatorio privilegiado del estado sanitario del país. La baja estatura promedio, las enfermedades carenciales y las deficiencias físicas pusieron en evidencia los límites del desarrollo italiano. En ese sentido, la conscripción reveló el problema sanitario antes de resolverlo.

Por lo tanto, puede decirse que la salud interesaba al Estado en la medida en que afectaba la capacidad militar. La lógica era instrumental: un país débil físicamente no podía sostener un ejército fuerte. Solo de manera indirecta esa preocupación se proyectó hacia debates más amplios sobre higiene, nutrición y educación.

En síntesis, los gobernantes italianos soñaban con un ejército moderno, disciplinado y nacional, pero debían construirlo sobre una población marcada por desigualdades sociales y fragilidades biológicas. La leva fue simultáneamente un instrumento de construcción estatal y un espejo de los límites estructurales del país. El Estado quería soldados fuertes para fortalecer la nación; al medir esos cuerpos, descubrió que la fragilidad de sus habitantes.

El cuerpo frente al Estado

Antes de que un joven fuera asignado a la Prima, Seconda o Terza Categoria, debía atravesar un momento decisivo: la visita de leva. Ese día no era un simple trámite administrativo. Era el primer filtro del Estado sobre el cuerpo masculino. Allí se decidía si ese cuerpo era útil para la nación o quedaba fuera del engranaje militar.

La comisión médica lo medía, lo pesaba, le revisaba la vista, los dientes, el pecho, las cicatrices, el color de la piel. Ese examen convertía al hijo del paese en un posible soldado del Regio Esercito. El cuerpo dejaba de pertenecer exclusivamente a la familia y a la comunidad local para ser evaluado en función de su utilidad militar.

Al presentarse ante el Consiglio di Leva y someterse a los exámenes médicos el joven podía ser encuadrado en dos grupos de condiciones.

  1. Según su condición física:
  • Idoneo o Abile: es decir, apto para realizar el servicio militar.
  • Riformato: Se encuadraba en esta categoría a aquellos varones que no fueron aptos para realizar el servicio militar por algún problema físico (sordera, ceguera, etc.) Aquellos jóvenes que resultaban ser no idóneos al servicio militar fueron insertados en listas aprobadas con decreto del Presidente de la República, con la especificación de las imperfecciones y las enfermedades que determinaron su falta de idoneidad para el servicio militar. En caso de guerra, estos hombres podrían ser llamados a las armas, de allí la confección de las listas de riformati.
  • Rivedibile: esto quiere decir "revisable". Era el joven que a causa de una enfermedad temporánea pero sanable no podían ser enrolados el año de su leva. En ese caso era examinado dentro de los 12 meses siguientes, en el siguiente llamado a la Leva, y eventualmente considerado riformato.
  1. Según su acatamiento a la leva:
  • Renitente: Era aquel varón que no se presentaba al examen médico, es decir renuentes (reacios) a la leva. También se le daba el nombre de refrattari. Los jóvenes que emigraban antes de cumplir los 20 años podían ser considerados renuentes, pudiendo presentarse voluntariamente a cumplir su obligación en el Consulado más cercano al lugar donde residía.
  • Ritardato: Aquel joven que pidió una prórroga por algún motivo especial.
  • Los disertori (desertores) son los que abandonaban el servicio militar luego de haber sido enrolados, son los que al momento oportuno tagliavano la corda (cortaban la cuerda) como se solía decir. Se incluyen en los ruoli matricolari y eran buscados y penados, al igual que los renuentes.

Tres destinos posibles Abile, rivedibile, riformato

Ser declarado abile significaba que el joven cumplía con los requisitos físicos mínimos. No implicaba necesariamente ir de inmediato al cuartel, pero sí quedar plenamente disponible para el servicio. Desde un punto de vista simbólico, era el momento en que el Estado "aprobaba" su cuerpo como recurso nacional.

El rivedibile, en cambio, quedaba en suspenso. Se trataba de una inhabilidad temporal: bajo peso, desarrollo físico incompleto, enfermedad transitoria. Debía presentarse nuevamente al año siguiente. No era una liberación ni una condena, sino una espera.

El riformato quedaba excluido definitivamente del servicio. Las causas podían ser baja estatura, debilidad constitucional, hernias voluminosas, cardiopatías, malformaciones óseas, tuberculosis, problemas graves de visión o trastornos mentales. Para la familia, podía significar alivio: el hijo no se iba. Pero en ciertas comunidades también podía vivirse como señal de debilidad.

Rovinello13 señala que la "riforma" no era simplemente un diagnóstico médico. Era una clasificación estatal que separaba cuerpos útiles de cuerpos descartados. Al analizar sistemáticamente actas de reclutamiento y fogli matricolari, muestra que estas categorías no eran solo técnicas. Eran, en realidad, una radiografía social del país.

Las causas de la riforma

Las causas por las que un joven podía ser declarado riformato eran variadas, pero rara vez aleatorias. Detrás de cada diagnóstico había una historia social: la región de origen, la alimentación recibida en la infancia, el tipo de trabajo realizado desde niño. El cuerpo que se presentaba ante la comisión médica era el resultado de años de condiciones concretas de vida, y el Estado, al registrarlo, dejaba constancia involuntaria de todo eso.

Entre las causas más frecuentes de riforma aparecen las enfermedades oculares, en particular todo lo que afectara al ojo derecho. La razón era estrictamente militar: era el ojo con el que se apuntaba el fusil. Un defecto en el izquierdo podía tolerarse; en el derecho, casi siempre implicaba exclusión. Entre las enfermedades temidas figuraba el tracoma, una infección ocular altamente contagiosa vinculada a condiciones de higiene precaria, que podía inutilizar a un regimiento entero si se propagaba en el cuartel. Pero no era la única. Cualquier "vizio di conformazione" en el ojo derecho era motivo suficiente de exclusión definitiva. En los documentos de mis antepasados aparece el caso de Giuseppe Massolo, de Alessandria (Piemonte), declarado riformato per deformità del occhio destro. Una deformidad del ojo derecho que lo dejaba fuera del sistema, sin posibilidad de revisión.

Lo que hace especialmente valioso ese dato para el investigador genealógico es que el mismo apellido familiar puede aparecer en distintas condiciones. Otro Giuseppe Massolo de la misma familia y de la misma provincia, de la clase de leva de 1852, figura primero como rivedibile: su cuerpo no era rechazado ni aceptado, quedaba en suspenso para ser revisado al año siguiente. Esto era frecuente en los casos de enfermedades transitorias o de desarrollo físico incompleto al momento del examen. La rivedibilità era un limbo jurídico: el joven no sabía si sería incorporado, si debía prepararse para años de servicio o si finalmente quedaría excluido. Y en ese intervalo de incertidumbre, muchos tomaban la decisión de emigrar. Vale aclarar también que en familias donde varios hombres llevaban el mismo nombre ---algo muy común en el Piemonte y en toda Italia, donde era habitual nombrar a los hijos en honor al padre o al abuelo---, encontrar dos registros con el mismo nombre no significa que se trate de la misma persona. Distinguirlos requiere cruzar la clase de leva, los nombres de los padres y otros datos de filiación.

Otra causa frecuente era la ausencia o mutilación del dedo índice o pulgar de la mano derecha, indispensable para accionar el fusil. La falta podía deberse a accidentes laborales ---frecuentes en el trabajo agrícola o artesanal desde la infancia---, pero también existieron casos documentados de mutilazione fraudolenta: jóvenes que se lesionaban deliberadamente para evitar el servicio. Si se comprobaba la intención, podían enfrentar juicio militar. En mis documentos familiares figura Giovanni Ronci, de Gemmano (Rimini, Emilia Romagna), declarado riformato per mancanza del dito pollice. El registro no dice cómo ocurrió. Pero la pregunta queda abierta, y con ella, una historia que ya no podemos reconstruir del todo.

Entre las causas que más revelan sobre las condiciones de vida está la gracilità o debolezza di costituzione: el término paraguas que el ejército usaba cuando el joven no tenía una enfermedad específica pero su cuerpo simplemente no alcanzaba los estándares mínimos. Peso insuficiente, tórax estrecho, desarrollo físico por debajo de lo esperado para su edad. Para Rovinello, estos casos son la prueba más directa de que el examen de leva era un mapa del hambre: cada "gracilità" anotada en un registro es la huella de años de alimentación insuficiente, de trabajo físico precoz, de una infancia que no pudo ser del todo infancia. Secondo Quadrelli, de Montescudo (Rimini, Emilia Romagna), aparece en sus registros con exactamente esa anotación: affiso alla riforma per gracilità. Un cuerpo que el Estado consideró insuficiente para cargar un fusil y una mochila.

También eran frecuentes las enfermedades oculares infecciosas como la congiuntivite (conjuntivitis). A diferencia de la deformidad permanente, una enfermedad infecciosa activa podía ser motivo de rivedibilità antes que de riforma definitiva, ya que en teoría era tratable. Pero el ejército no podía permitirse incorporar a alguien con una infección contagiosa activa. Francesco Massolo, también de la familia Massolo de Alessandria, aparece con la anotación rimandato alla riforma per congiuntivite: enviado a revisión por conjuntivitis, en un estado intermedio entre la exclusión temporal y la definitiva.

Rovinello señala además una distinción social que estos documentos hacen visible con crudeza. El hijo de una familia burguesa podía ser declarado riformato por miopía, consecuencia de haber pasado la infancia leyendo. El hijo del campesino lo era por deformaciones físicas causadas por el trabajo desde los seis o siete años, por una dieta basada en polenta o pan sin proteínas, por enfermedades carenciales como la pelagra o el raquitismo. Ambos quedaban fuera del ejército, pero las causas hablaban de mundos completamente distintos. La "cicatriz social", como la llama Rovinello, quedaba escrita en el legajo con la misma letra administrativa para todos, pero no decía lo mismo.

Para el investigador genealógico, estas causas de riforma son mucho más que un dato administrativo. Son una puerta de entrada a la vida concreta del antepasado. Saber que fue declarado riformato per gracilità no dice solo que no fue al ejército: dice que probablemente creció con hambre. Saber que le faltaba el pulgar abre una pregunta que el documento no responde pero que invita a seguir buscando. Y saber que fue rimandato por una infección ocular sitúa su cuerpo en el contexto sanitario de su tiempo y su región.

La estatura mínima: la nación medida en centímetros

Durante la segunda mitad del siglo XIX, la estatura mínima reglamentaria para ser declarado abile oscilaba entre 1,54 y 1,56 metros, según el período y la ley vigente. En momentos de necesidad militar, como durante la Primera Guerra Mundial, ese mínimo fue reducido. Un joven que midiera 1,53 metros podía ser declarado riformato per bassa statura. A veces bastaban pocos milímetros para quedar fuera.

Lo significativo es que la estatura promedio italiana apenas superaba ese límite. En muchas regiones la media rondaba entre 1,60 y 1,63 metros y esto es algo que me sorprendió hace años, cuando recibía los documentos de mis antepasados por correo postal. El margen entre apto y no apto era mínimo.

Rovinello identifica la talla física como un indicador indirecto de la nutrición infantil, interpretándola no como un factor puramente genético, sino como el resultado de décadas de pobreza estructural. Las dietas deficientes en proteínas, la morbilidad recurrente y el trabajo infantil prematuro se traducían en marcas antropométricas precisas. Para el autor, el ejército operaba como el laboratorio donde se evaluaba el éxito de la unificación: una juventud de baja estatura (inferior a 1,55 m) alertaba al Estado sobre la existencia de una nación «raquítica».

El cuerpo como mapa del hambre

Las causas de riforma variaban según origen social y geográfico.

Jóvenes italianos desnutridos esperando ser examinados
Cuerpos marcados por el hambre: los riformati por enfermedades de la pobreza.

En el campesinado eran frecuentes la baja estatura por desnutrición crónica, la anemia, el raquitismo, las hernias inguinales provocadas por trabajos agrícolas pesados desde la infancia, y la tuberculosis en zonas rurales pobres. Aunque el campesino respiraba aire más limpio que el obrero urbano, su dieta ---basada muchas veces en polenta en el norte o pan y legumbres en el sur--- era monótona y pobre en proteínas.

En los sectores urbanos pobres aparecían con mayor frecuencia la tuberculosis pulmonar, los problemas respiratorios derivados de ambientes industriales, el raquitismo por falta de sol, la debilidad general por hacinamiento y problemas de visión vinculados al trabajo prolongado en interiores. En zonas mineras o textiles, Rovinello detecta estaturas más bajas y deformidades torácicas asociadas a condiciones laborales extremas.

Las listas de leva, leídas en conjunto, se convierten así en un verdadero mapa del hambre. Cada número individual es una biografía; en conjunto, revelan la desigualdad estructural de la Italia liberal.

Aquí es donde Rovinello es más crudo. La reforma no era igual para todos.

  • Qué agregar: Menciona que muchas de las causas de ser riformato eran enfermedades de la pobreza: pelagra (por comer solo maíz), bocio, o varicocele.
  • La mirada social: Rovinello destaca que mientras el hijo del burgués era riformato por una miopía (leer mucho), el hijo del campesino lo era por deformaciones físicas causadas por el trabajo infantil o la desnutrición. Era la "cicatriz social" en el legajo.

El ideal del soldado

El ejército no buscaba cualquier cuerpo. Buscaba un cuerpo específico: joven, robusto, disciplinable. Se medía la ampiezza torácica (amplitud toráxica), se evaluaba la dentadura, la musculatura, la vista.

El índice derecho debía estar íntegro: era el dedo que apretaba el gatillo. La falta del dedo podía deberse a accidentes laborales infantiles, pero también existieron casos de mutilazione fraudolenta, jóvenes que se lesionaban deliberadamente para evitar el servicio. Si se comprobaba la intención, podían enfrentar juicio militar.

El ojo derecho era esencial para apuntar. Un defecto en el izquierdo podía tolerarse; en el derecho, casi siempre implicaba exclusión. Entre las enfermedades temidas estaba el tracoma, infección ocular altamente contagiosa que podía inutilizar a un regimiento entero.

El término colorito, que aparece en muchos registros (sano, pálido, cetrino), no era una descripción estética. Era una señal clínica. El color pálido podía delatar malaria o pelagra. Rovinello muestra cómo estos detalles eran marcas epidemiológicas de la pobreza rural.

Campesinos y obreros: dos formas de pobreza

Rovinello distingue entre la pobreza por aislamiento del campesino y la pobreza por hacinamiento del obrero urbano.

El campesino era considerado más resistente al esfuerzo prolongado y menos politizado. El obrero urbano, aunque a veces mejor alimentado, podía presentar mayor fragilidad pulmonar y mayor exposición a ideas socialistas. El Estado desconfiaba de la ciudad como foco de protesta.

Incluso existieron intentos de evitar que reclutas rurales se "contaminaran" políticamente en los cuarteles. El ejército no era solo una institución militar: era también un espacio de control social.

El cuartel como reparación parcial

En los cuarteles la alimentación estaba reglamentada: pan diario, sopa, pasta o arroz, legumbres, algo de carne, vino. Para muchos jóvenes campesinos era la primera experiencia de comida regular y relativamente abundante.

Algunos informes médicos registran aumento de peso durante el servicio. El ejército no solo seleccionaba cuerpos: en cierto modo, también los reconstruía.

Pero el objetivo no era una reforma social integral. El interés principal del Estado era garantizar la eficiencia militar. Alimentaba y fortalecía a quienes vestían uniforme; el resto de la población seguía dependiendo de sus propios recursos.

El cuerpo como frontera entre nación y pobreza

La visita de leva fue el momento en que el proyecto nacional se encontró con la realidad social. El Estado aspiraba a un ejército moderno y robusto; la sociedad le ofrecía cuerpos marcados por décadas de pobreza estructural.

En cada foglio matricolare ---con su estatura anotada en centímetros, su perímetro torácico, su colorito, sus cicatrices--- se lee algo más que un dato técnico. Se lee la infancia del joven, su alimentación, su trabajo precoz, las epidemias que atravesaron su territorio.

Rovinello muestra que estos documentos militares son, en el fondo, un inventario de daños. El Estado no describía rasgos por curiosidad: evaluaba si ese cuerpo podía cargar un fusil y una mochila. La nación política ya existía. La nación biológica estaba muy debilitada.

La visita de leva fue el punto de contacto entre ambas. Y en ese encuentro quedó claro que la construcción de Italia no dependía solo de banderas, leyes y discursos patrióticos, sino también de proteínas, higiene, centímetros de crecimiento y la capacidad de sostener un cuerpo en pie.

Distribución y porcentajes de riforma

Si imaginamos una cohorte de cien jóvenes de veinte años hacia fines del siglo XIX, los estudios disponibles ---incluidos los análisis de actas de leva trabajados por Rovinello--- permiten estimar una distribución aproximada:

  • Entre 55% y 65% eran declarados abile.
  • Entre 20% y 30% quedaban riformati por causas físicas permanentes.
  • Un 5% a 10% era considerado rivedibile.
  • Un pequeño porcentaje resultaba renitente o ausente.

Es importante subrayar que estos valores no eran uniformes en todo el territorio italiano. Variaban de manera significativa según la región, la coyuntura económica y el momento histórico. En algunas provincias del norte industrializado, el porcentaje de aptos podía ser ligeramente superior; en zonas rurales pobres del sur o en áreas afectadas por crisis agrícolas, los riformati podían acercarse o superar el 30% en determinados años. Rovinello detecta que estas oscilaciones no responden únicamente a criterios médicos más o menos estrictos, sino que reflejan diferencias estructurales en nutrición, condiciones sanitarias y trabajo infantil. La estadística militar termina convirtiéndose, así, en un indicador indirecto del bienestar biológico de la población.

Qué significaba realmente ser declarado riformato

Ser declarado riformato no era simplemente "quedar libre". Era quedar oficialmente fuera del ideal corporal del Estado. En términos prácticos, significaba que el joven no sería incorporado al servicio activo. No pasaría años en el cuartel. No sería llamado a filas, salvo casos excepcionales. Permanecería en su comunidad.

Para muchas familias campesinas, esto podía ser una bendición económica. Un hijo varón en edad productiva era fuerza de trabajo indispensable. Su ausencia durante tres o cinco años podía desorganizar la economía doméstica. En ese sentido, la riforma protegía la subsistencia familiar.

Pero al mismo tiempo, el riformato quedaba marcado por un dictamen oficial: su cuerpo no cumplía con los estándares de la nación armada. En comunidades donde el servicio militar comenzaba a asociarse con la masculinidad y el deber patriótico, esa exclusión podía generar ambivalencia. Alivio privado, pero posible estigmatización pública.

Rovinello detecta que, en muchos casos, la riforma no era un evento anecdótico sino una consecuencia directa de pobreza estructural. La baja estatura, el tórax estrecho, la debilidad constitucional o las secuelas de enfermedades infantiles no eran fallas individuales: eran marcas sociales. Por eso la lista de leva o el ruolo matricolare que indica "riformato per debolezza" o "riformato per bassa statura" no describe solo un cuerpo. Describe una infancia de trabajo precoz, una dieta insuficiente, un territorio afectado por epidemias.

Ser riformato significaba quedar fuera del ejército. Pero también significaba que la pobreza había dejado huella suficiente como para que el Estado lo registrara oficialmente.

El riformato en tiempos de guerra

En tiempos de paz, ser declarado riformato significaba quedar definitivamente fuera del servicio. El joven volvía a su casa y el expediente quedaba cerrado. Pero en contextos de guerra, la situación podía cambiar. Durante la Primera Guerra Mundial, por ejemplo, la necesidad de hombres fue tan grande que el Estado revisó criterios médicos, redujo la estatura mínima y reexaminó categorías previamente excluidas. Algunos jóvenes que habían sido declarados riformati por debilidad leve o baja talla pudieron ser reconsiderados para tareas auxiliares, milicia territorial o servicios de retaguardia.

Rovinello señala que la guerra relativizó la pureza del ideal corporal. Cuando el ejército necesitaba masas de hombres para cubrir pérdidas constantes, el estándar físico se volvió más flexible. Lo que antes era "inútil" podía convertirse en "suficiente".

Sin embargo, no todos los riformati eran llamados. Aquellos con enfermedades contagiosas graves, discapacidades evidentes o patologías irreversibles permanecían excluidos. El Estado no podía permitirse incorporar cuerpos que pusieran en riesgo la operatividad general.

Esto introduce una dimensión interesante: la riforma no era solo una categoría médica, sino también política y estratégica. Dependía del contexto. En tiempos de estabilidad, el ejército podía ser selectivo. En tiempos de guerra total, el criterio se ampliaba.

Para el individuo, esto significaba que la exclusión no siempre era definitiva en términos absolutos. El cuerpo quedaba registrado. Y en una emergencia nacional, podía volver a ser convocado.

Alivio, marca y memoria

Ser riformato, entonces, tenía varias capas de significado:

  • En el plano familiar, podía significar protección económica.
  • En el plano social, podía implicar ambivalencia simbólica.
  • En el plano estatal, era una clasificación técnica de utilidad militar.
  • En el plano histórico, era una huella de desigualdad social.

Rovinello insiste en que la leva fue uno de los momentos en que el Estado midió materialmente la calidad biológica de su población masculina. El riformato no era simplemente un joven que "no fue al ejército". Era el resultado visible de una infancia marcada por pobreza, enfermedad o trabajo precoz.

En el foglio matricolare, la palabra riformato aparece seca, administrativa. Pero detrás de ella puede haber hambre, malaria, pelagra, tracoma, raquitismo, tuberculosis o simplemente una vida demasiado dura para cumplir con el estándar militar.

Y en tiempos de guerra, incluso esa exclusión podía volverse relativa.

La rivedibilità: el limbo jurídico del joven italiano frente al Estado

Dentro del sistema de conscripción italiano entre fines del siglo XIX y comienzos del XX, la categoría de rivedibile ocupaba un lugar ambiguo y profundamente revelador. No se trataba de un joven declarado apto (abile), pero tampoco de un excluido definitivo (riformato). El rivedibile quedaba suspendido: su cuerpo no era rechazado ni plenamente aceptado por el Estado. Debía ser revisado nuevamente al año siguiente.

Esa espera de doce meses no era neutra. Los documentos la describen como un verdadero limbo jurídico. El joven no podía organizar su vida con certeza: no sabía si sería incorporado, si debía prepararse para años de servicio o si finalmente sería descartado. Esta condición provisional afectaba decisiones laborales, proyectos familiares e incluso la posibilidad de contraer matrimonio. La incertidumbre no era solo administrativa; era existencial.

En una sociedad donde el servicio militar implicaba la ausencia del hijo en plena edad productiva, la rivedibilità prolongaba la tensión entre dos esferas de lealtad: el Estado que reclamaba cuerpos y la familia que necesitaba brazos. La decisión de emigrar, en muchos casos, emergía precisamente en ese intervalo. Los documentos señalan que esa espera anual fue motor de numerosas partidas ilegales. El joven que no tenía garantías sobre su futuro optaba por anticiparse, migrar y construir una alternativa fuera del alcance inmediato del distrito militar.

En este sentido, la rivedibilità se vincula estructuralmente con el fenómeno de la evasión. No todos los que emigraban lo hacían por rechazo ideológico al Estado; muchos respondían a una estrategia familiar de supervivencia. En el exterior, particularmente en contextos como Argentina, un porcentaje significativo de inscriptos eludía la conscripción anual. La emigración funcionaba como una válvula de escape frente a un sistema que mantenía a los jóvenes en suspensión.

La categoría también revela la lógica biopolítica del sistema de leva. Tras la abolición de los mecanismos de sustitución y pago, la desigualdad no desapareció, sino que se trasladó al cuerpo. El Estado evaluaba, clasificaba y jerarquizaba a los jóvenes según criterios físicos y médicos. El rivedibile formaba parte de ese universo de clasificación: era un cuerpo en observación, un recurso potencial cuya utilidad aún no estaba definida. Su destino quedaba en manos de una segunda evaluación.

A diferencia del riformato, que recibía una exclusión definitiva (a menudo cargada de estigma social), el rivedibile no obtenía liberación ni integración. Tampoco era aún renitente o desertor. Su condición era provisional, pero con consecuencias reales: prolongaba la incertidumbre, alimentaba decisiones migratorias y tensaba el vínculo entre nación y familia.

La rivedibilità, por lo tanto, no fue una categoría menor dentro del sistema militar italiano. Fue una figura clave para comprender la naturaleza desigual y ambivalente de la conscripción. Encarnaba la superposición de escalas que caracterizó a la leva: dispositivo estatal, clasificación corporal, presión familiar y estrategia migratoria. En ella se condensan los límites del proyecto nacionalizador italiano: el Estado podía clasificar cuerpos, pero no siempre podía retenerlos.

Guía de consulta: las causas de la riforma

Cómo usar esta sección. Si encontraste en una lista di leva, un ruolo matricolare o un esito di leva la anotación que motivó la exclusión de tu antepasado, buscá acá el término. Cada entrada explica tres cosas: qué exigía el ejército, por qué lo exigía, y qué te está diciendo ese diagnóstico sobre la infancia y el trabajo de ese joven. Los términos figuran en italiano tal como aparecen en los documentos, con su traducción. Las grafías varían: vas a encontrar abreviaturas, formas latinizadas y errores de copista. Si tu anotación no coincide exactamente con ninguna entrada, buscá por la raíz de la palabra.

Conviene entrar a esta lista con una idea en la cabeza, porque desarma un prejuicio muy extendido.

Los datos de las visitas de leva de los nacidos entre 1843 y 1871 muestran que la región con mayor proporción de jóvenes no idóneos fue Cerdeña, con 45,6 %, seguida de Calabria con 43 % y de Lombardía con 41,5 %. Es decir: Lombardía, en el corazón del futuro triángulo industrial, casi empatada con Calabria. Y el patrón se sostiene: en Liguria, Lombardía y Piamonte los porcentajes de reformados resultaron mayores que los de Abruzzo, Campania y Apulia.

Lo que cambia entre una zona y otra no es tanto la cantidad como el motivo. En las regiones meridionales la causa principal de reforma era la baja estatura; en las del norte, las enfermedades —gracilidad constitucional, afecciones respiratorias y del aparato urinario y reproductivo—. Dos formas distintas de pobreza, dos marcas distintas en el cuerpo: el sur producía cuerpos pequeños, el norte cuerpos enfermos.

La provincia con peor resultado del reino fue Sondrio, con 56 % de reformados en una zona donde el bocio era endémico, seguida por Cagliari con 47,4 %, Catanzaro y Reggio Calabria con 45 %, y Milán y Catania con 43,4 %. Como referencia general, la estatura media de los italianos nacidos en 1854 era de 162,1 cm: 164,5 cm en el Noreste y 160,2 cm en el Sur y las Islas.

I. Medidas del cuerpo

1. Deficienza di statura / bassa statura — Deficiencia de estatura

Qué exigía el ejército. Una talla mínima reglamentaria que osciló entre 1,54 y 1,56 m según el período y la ley vigente, reducida en momentos de necesidad militar.

Por qué. El mínimo respondía menos a la fuerza que a la estandarización: uniformes, equipo, mochila, fusil y bayoneta estaban dimensionados para una talla de referencia, y la formación cerrada exigía cierta homogeneidad. Un cuerpo demasiado pequeño no podía cargar un equipo diseñado para otro cuerpo.

Qué revela de su infancia. La estatura adulta es el indicador más confiable que tenemos de la nutrición durante los primeros años de vida. Un joven reformado por baja estatura creció con una dieta pobre en proteínas, probablemente con enfermedades recurrentes y con trabajo físico desde muy chico. Dado que la media nacional apenas superaba el mínimo, quedar afuera por estatura no era una rareza: era el destino estadístico de una porción enorme de la población pobre.

2. Deficienza toracica / ampiezza toracica insufficiente — Amplitud torácica insuficiente

Qué exigía el ejército. Un perímetro torácico evaluado siempre en relación con la estatura, no como cifra aislada. La regla práctica que circulaba en la medicina militar decimonónica pedía que el perímetro alcanzara al menos la mitad de la talla.

Por qué. El tórax se leía como medida de capacidad respiratoria y por lo tanto de resistencia: marcha prolongada con carga, esfuerzo sostenido, tolerancia al frío y a la intemperie. Un pecho estrecho anticipaba un soldado que se quedaba atrás en la columna.

Qué revela de su infancia. Desarrollo torácico insuficiente apunta a desnutrición sostenida durante la pubertad, o a enfermedad respiratoria crónica. En zonas mineras y textiles, también a exposición temprana a polvo y fibras.

3. Gracilità costituzionale / debolezza di costituzione — Gracilidad o debilidad constitucional

Qué exigía el ejército. No una medida, sino un juicio global del perito: masa muscular, coloración de la piel, tono general, proporción entre talla y perímetro.

Por qué. Era la categoría comodín para el joven que no fallaba ningún parámetro concreto pero que evidentemente no iba a soportar la vida de cuartel.

Qué revela de su infancia. Es, de todas, la anotación más socialmente transparente: describe a un chico que creció mal alimentado, sin poder nombrar una enfermedad específica. Fue la principal causa de inhabilidad en el norte industrial. Detrás de esas dos palabras hay una infancia entera.

II. Enfermedades de la carencia

4. Gozzo — Bocio

Qué exigía el ejército. Ausencia de agrandamiento tiroideo visible o palpable. Los casos avanzados se rechazaban de plano.

Por qué. El bocio voluminoso interfería con el cuello del uniforme y con el porte del fusil al hombro, pero sobre todo alarmaba por su asociación con el cretinismo endémico y con deficiencias cognitivas que hacían al recluta ineducable.

Qué revela de su infancia. Carencia de yodo en el agua y en los alimentos, endémica en los valles alpinos y prealpinos. Es un diagnóstico casi geográfico: si tu antepasado fue reformado por bocio, con altísima probabilidad creció en una zona de montaña del norte. En Piamonte casi el 20 % y en Lombardía el 17 % de los jóvenes visitados fueron reformados por esta causa.

5. Pellagra — Pelagra

Qué exigía el ejército. Ausencia de las lesiones cutáneas características y de signos de deterioro neurológico.

Por qué. La pelagra avanzada producía debilidad, trastornos digestivos y alteraciones mentales. Un enfermo de pelagra no era recuperable dentro del cuartel.

Qué revela de su infancia. Deficiencia de niacina por dieta basada casi exclusivamente en maíz. Es la enfermedad del monocultivo del maíz y de la polenta como alimento único: Véneto, Lombardía, Emilia. Marca a una familia campesina que comía lo que cultivaba y cultivaba una sola cosa.

6. Rachitismo — Raquitismo

Qué exigía el ejército. Ausencia de deformidades óseas en piernas, pelvis y tórax.

Por qué. Las piernas arqueadas y las deformidades pélvicas impedían la marcha prolongada; el tórax raquítico reducía la capacidad respiratoria.

Qué revela de su infancia. Falta de vitamina D por escasa exposición solar y dieta deficiente. Es un marcador urbano: hijo de familia hacinada en vivienda sin sol, o niño puesto a trabajar en interiores desde muy temprano.

III. Enfermedades del ambiente y del contagio

7. Tubercolosi polmonare / tisi — Tuberculosis pulmonar

Qué exigía el ejército. Ausencia de signos de afección pulmonar activa.

Por qué. Doble motivo: el enfermo no resistía el esfuerzo, y el cuartel —dormitorio colectivo, aire viciado, contacto estrecho— era el ambiente ideal para propagar el contagio a toda una compañía.

Qué revela de su infancia. Hacinamiento, humedad, mala ventilación, trabajo fabril. Aparece con más frecuencia en los sectores urbanos pobres, aunque también existía en el campo.

8. Scrofola / linfoadenite / adenite — Escrófula, adenitis

Qué exigía el ejército. Ausencia de ganglios cervicales inflamados, supurantes o fistulizados.

Por qué. Además de ser signo de infección tuberculosa, las lesiones abiertas del cuello eran incompatibles con la higiene y el uniforme.

Qué revela de su infancia. Típicamente tuberculosis contraída por leche sin hervir de animales infectados, o por convivencia estrecha con enfermos. Marca una infancia rural pobre o una casa donde ya había tuberculosis.

9. Tracoma / congiuntivite granulosa / oftalmia — Tracoma

Qué exigía el ejército. Ausencia de la conjuntivitis granulosa crónica y de sus secuelas cicatriciales.

Por qué. El tracoma es altamente contagioso y, sin tratamiento, conduce a la ceguera. Un recluta con tracoma podía infectar a su unidad entera compartiendo toallas y agua de lavado.

Qué revela de su infancia. Falta de agua limpia, hacinamiento y convivencia con moscas. Fue endémico sobre todo en el sur, y muy asociado a la escuela y a la vida familiar apretada. Es una de las anotaciones que más claramente señala pobreza extrema.

10. Malaria / cachessia palustre / febbri intermittenti — Paludismo, caquexia palúdica

Qué exigía el ejército. Ausencia de fiebres recurrentes, de bazo agrandado y del deterioro general que producía la infección crónica.

Por qué. El palúdico crónico era un soldado permanentemente indisponible: anémico, febril por temporadas, incapaz de campaña sostenida.

Qué revela de su infancia. Crecimiento en zona pantanosa. La malaria fue el gran problema sanitario italiano de la época. Si el diagnóstico aparece, apuntá a Cerdeña, el Agro Romano, las marismas pontinas, el delta del Po, o las llanuras costeras del sur. Es un dato geográfico casi tan preciso como el bocio.

IV. Lesiones del trabajo

11. Ernia inguinale / ernie e sventramenti — Hernia inguinal, eventraciones

Qué exigía el ejército. Pared abdominal íntegra.

Por qué. El porte de mochila y equipo, y el esfuerzo de la marcha, agravaban la hernia hasta el riesgo de estrangulación. Sin cirugía segura disponible, era un problema sin solución dentro del ejército.

Qué revela de su infancia. Levantamiento de cargas pesadas desde temprana edad. Es la marca del jornalero agrícola, del changador, del que cargó bolsas antes de terminar de crecer. Fue una de las principales causas de reforma en todo el reino.

12. Varicocele / cirsocele — Varicocele

Qué exigía el ejército. Ausencia de dilatación pronunciada de las venas del cordón espermático. Los casos leves pasaban; los intermedios daban rivedibile; los marcados, riforma.

Por qué. El criterio no era la enfermedad en sí, sino si comprometió la marcha prolongada y el porte de carga.

Qué revela de su infancia. Asociado a bipedestación prolongada y esfuerzo físico sostenido. Estaba además bajo sospecha permanente de simulación o agravamiento deliberado, junto con las hernias: tenelo presente si el documento sugiere revisiones repetidas.

13. Varici / vene varicose — Várices

Qué exigía el ejército. Miembros inferiores sin dilataciones venosas importantes.

Por qué. Las várices marcadas se ulceraban con la marcha y con el uso de polainas y calzado militar.

Qué revela de su infancia. Muchas horas de pie desde chico, a menudo en oficios urbanos o en trabajo agrícola intensivo.

14. Deformità della colonna / scoliosi / cifosi — Deformidades de la columna

Qué exigía el ejército. Columna sin desviaciones que impidieran el porte de mochila ni la posición de tiro.

Por qué. La mochila reglamentaria distribuía el peso sobre una espalda que se suponía recta; una columna desviada convertía la marcha en lesión progresiva.

Qué revela de su infancia. Trabajo pesado o postura forzada durante el crecimiento, secuela de raquitismo, o ambas cosas juntas.

15. Anchilosi / esiti di frattura — Anquilosis, secuelas de fractura

Qué exigía el ejército. Articulaciones con movilidad completa.

Por qué. El manejo del fusil, la carga y la marcha requerían rango articular pleno.

Qué revela de su infancia. Esta anotación casi siempre significa lo mismo: una fractura que nunca recibió atención médica adecuada y consolidó mal. Es un indicador directo de falta de acceso a la medicina, más que de accidente.

16. Mancanza di dita / anchilosi dell'indice destro — Falta de dedos, anquilosis del índice derecho

Qué exigía el ejército. Mano derecha completa y funcional, con especial atención al índice.

Por qué. El índice derecho era el dedo del gatillo. Su ausencia o rigidez inutilizaba al soldado para el arma reglamentaria, por sano que estuviera el resto del cuerpo.

Qué revela de su infancia. Accidente laboral, casi siempre. Maquinaria agrícola, herramienta de corte, trabajo textil. También es el motivo que más se asocia históricamente con la automutilación deliberada para evadir la leva, aunque conviene ser prudente: la enorme mayoría de estos casos fueron accidentes reales de gente que trabajaba con las manos desde chica.

V. Sentidos, palabra y mente

17. Miopia / ambliopia / deformità dell'occhio — Miopía, ambliopía, deformidad ocular

Qué exigía el ejército. Agudeza visual suficiente para apuntar y para distinguir señales a distancia, con atención particular al ojo derecho.

Por qué. El tiro y el reconocimiento del terreno dependían de la vista. También importaba la visión en penumbra, para el servicio de guardia.

Qué revela de su infancia. La miopía se asociaba entonces al trabajo prolongado en interiores con poca luz. Las deformidades y pérdidas de visión unilateral suelen remitir a infección no tratada o a traumatismo.

18. Sordità / otite cronica — Sordera, otitis crónica

Qué exigía el ejército. Audición suficiente para recibir órdenes verbales y toques de corneta.

Por qué. Toda la maniobra militar de la época se transmitía por voz y por instrumento. Un soldado sordo desarmaba la formación.

Qué revela de su infancia. Infecciones de oído repetidas sin tratamiento durante la niñez.

19. Carie dentaria / mancanza di denti — Caries, falta de dientes

Qué exigía el ejército. Piezas dentarias suficientes y enfrentadas para masticar la ración.

Por qué. La ración de campaña incluía galleta dura, que exigía dentadura funcional. Un soldado que no podía masticarla no podía alimentarse en campaña.

Qué revela de su infancia. Desnutrición, ausencia total de higiene y de atención dental. En un joven de veinte años, la pérdida de piezas es un dato elocuente sobre las condiciones de vida de toda su familia.

20. Balbuzie — Tartamudez

Qué exigía el ejército. Habla clara.

Por qué. El soldado debía repetir consignas, dar el alto y transmitir órdenes. La cadena de mando dependía de la palabra hablada.

Qué revela de su infancia. Poco en términos materiales, pero sí algo del criterio militar: muestra hasta qué punto la aptitud se definía por la capacidad de operar dentro de un sistema de comunicación, y no solo por la fuerza física.

21. Imbecillità / deficienza mentale / epilessia — Deficiencia mental, epilepsia

Qué exigía el ejército. Capacidad de comprender y ejecutar órdenes; ausencia de crisis convulsivas.

Por qué. El armamento en manos de alguien con crisis imprevisibles era un riesgo para la unidad.

Qué revela de su infancia. Conviene mucha cautela con estas anotaciones. La terminología de la época era imprecisa y frecuentemente confundía analfabetismo, desconocimiento del italiano, sordera o simple terror ante el tribunal con deficiencia intelectual. Un joven de dialecto cerrado, aterrado frente a una comisión que lo interrogaba en italiano y desnudo, podía ser anotado de manera injusta. Leé este diagnóstico como una hipótesis, nunca como un hecho.

Advertencias para leer estas anotaciones

No todas las anotaciones son diagnósticos. Muchos registros consignan simplemente riformato sin causa. Eso no significa que no la hubiera: significa que el escribiente no la asentó.

La reforma no era igual para todos. El mismo cuadro clínico podía dar abile, rivedibile o riformato según el año, la necesidad de contingente, la región y el criterio del perito. En años de alta demanda de hombres los umbrales se relajaron. Un antepasado declarado apto en 1915 podría haber sido reformado en 1890 con el mismo cuerpo.

El rivedibile es una historia en dos actos. Si tu antepasado fue declarado revisable, buscá el registro del año siguiente: ahí vas a encontrar si se recuperó, si empeoró, o si simplemente ya no estaba en el país.

Y una consecuencia que suele pasarse por alto: el riformato quedaba libre de la obligación militar, y eso removía uno de los obstáculos centrales para emigrar legalmente. Muchas de estas anotaciones —una hernia, un bocio, un tórax estrecho— son, indirectamente, la razón por la que una familia entera terminó del otro lado del océano.

El servicio militar en la vida de nuestros ancestros

Entre el campanile y el Estado

Desde el punto de vista social, el servicio militar marcaba un hito decisivo en la vida de la población masculina, ya fuera que el joven terminara incorporado o no. La leva no era simplemente un mecanismo administrativo del Estado: era un acontecimiento colectivo que atravesaba a toda la comunidad.

Jóvenes italianos caminando con sus bolsas hacia el cuartel
La partida: los jóvenes dejan el campanile y caminan hacia el cuartel.

En una Italia profundamente marcada por el campanilismo ---ese fuerte sentimiento de pertenencia al propio paese, al campanario visible desde cualquier punto del pueblo---, la leva representaba el primer momento en que el Estado nacional intervenía de forma concreta sobre la vida de los jóvenes.

Hasta entonces, la identidad principal era local: familia, parroquia, comuna. Con la notificación oficial comenzaba otra dimensión.

La transición comenzaba cuando el joven recibía la citación para presentarse ante el Consiglio di Leva. Ese aviso era vivido con sentimientos ambivalentes. Por un lado, significaba el ingreso simbólico a la edad adulta. Por otro, implicaba responsabilidades nuevas y, muchas veces, el primer alejamiento real del hogar.

Para muchos era el primer viaje fuera del paese. Algunos tomaban el tren por primera vez. Otros debían expresarse en italiano en lugar de su dialecto, con resultados inciertos. La leva ponía en evidencia la fragmentación lingüística del país.

La visita médica era percibida como una prueba pública de virilidad. El cuerpo era observado, medido y comparado. No estar en condiciones físicas adecuadas podía convertirse en motivo de burla. La masculinidad quedaba expuesta al juicio estatal y al escrutinio de los pares.

Al mismo tiempo, la clase de leva generaba una identidad generacional. Los jóvenes de la misma edad formaban un grupo visible dentro de la comuna. Se fotografiaban con inscripciones como "W la leva del...", donde la W abreviaba "evviva". Esa expresión no era solo entusiasmo: era afirmación colectiva dentro del propio campanile.

Rovinello subraya que este momento no debe leerse únicamente como rito festivo. Es también el primer contacto directo con la maquinaria estatal. El joven dejaba de ser solamente miembro de su comunidad local para convertirse en un número dentro de un sistema nacional.

El sorteo, las cábalas y la tensión social

La leva obligatoria nunca fue plenamente aceptada. A diferencia de otros países europeos, el voluntariado fue limitado y el grueso del ejército se formó mediante conscripción forzosa. En una Italia donde más del 70% de la población era campesina, el servicio militar significaba "robar brazos" a la agricultura. Para muchas familias, la ausencia de un hijo durante años podía desorganizar la economía doméstica.

Jóvenes italianos besando amuletos antes del sorteo de leva
El día del sorteo: cábalas, amuletos y un número que podía cambiar una vida.

El sorteo que determinaba el número de orden generaba enorme expectativa. En torno al bolillero surgían rezos, gestos propiciatorios, fórmulas supersticiosas. La extracción del número no era un acto neutro: era una escena cargada de ansiedad colectiva.

Rovinello muestra que detrás de estas prácticas aparentemente folklóricas existía una tensión real. En regiones rurales pobres, el llamado a filas podía significar ruina económica. En tiempos de guerra, la incorporación masiva de campesinos agravaba el resentimiento.

El entusiasmo y el temor convivían.

La Fiesta de Leva: celebración local, intervención nacional

La Fiesta de Leva se organizaba generalmente cuando los jóvenes estaban por cumplir los veinte años. En muchas comunas era un evento central del calendario local. Se asistía a misa, se compartía un almuerzo, se organizaban bailes y recorridas por el paese con banderas y birretes. Al final se entregaba la fascia di leva o el fazzoletto di leva como símbolo de pertenencia.

Sacerdote bendiciendo a jóvenes con bandas tricolores frente al campanile
La festa di leva: la bendición pública antes de partir, entre el campanile y la bandera nacional.

A primera vista, parecía una celebración alegre de la mayoría de edad, un rito secular que marcaba el ingreso al mundo adulto.

Sin embargo, Rovinello aporta una mirada más compleja. A partir de documentación judicial y administrativa, muestra que estas fiestas no eran siempre expresiones puramente patrióticas. Podían ser momentos de exceso, tensión y ambivalencia.

La fiesta funcionaba como una despedida anticipada, como afirmación pública de virilidad y cohesión generacional. Pero también podía ser una forma indirecta de canalizar angustia. No todos celebraban con entusiasmo la perspectiva de años de cuartel. Para muchos jóvenes campesinos significaba abandonar familia y trabajo en un contexto frágil. La alegría podía mezclarse con temor.

En numerosas comunas, la Fiesta de Leva incluía comportamientos que en otro contexto habrían sido censurados: consumo excesivo de alcohol, cantos provocativos, bromas pesadas, pequeños actos de desorden.

Estos excesos eran, en gran medida, tolerados. ¿Por qué? Porque la fiesta operaba como un ritual de inversión controlada. Durante uno o dos días, los jóvenes podían transgredir ciertas normas antes de ingresar en el orden disciplinario del cuartel. Era una válvula de escape colectiva.

Rovinello documenta casos en los que estas celebraciones derivaron en disturbios o enfrentamientos. No eran siempre celebraciones armónicas. Eran espacios donde la comunidad expresaba, a su manera, tensiones frente a la intervención estatal.

La tolerancia tenía una lógica política: permitir un desborde acotado antes de exigir obediencia plena.

El Estado y la apropiación de los ritos

La Fiesta de Leva no fue simplemente una creación estatal. En muchas regiones existían rituales tradicionales vinculados al paso a la adultez. Con el tiempo, el Estado liberal fue integrando esos ritos al calendario de la conscripción. La leva coincidía con períodos de menor actividad agrícola, especialmente en invierno, facilitando la superposición entre rito comunitario y procedimiento estatal.

Rovinello sugiere que este proceso no fue casual. El Estado no destruyó el campanilismo; lo utilizó. Permitió la fiesta, no prohibió sus símbolos, aceptó la expresión local, pero la encuadró dentro del sistema nacional. El joven celebraba bajo la identidad del paese. Pero celebraba porque estaba entrando en una institución nacional. La identidad local servía como puente hacia la identidad estatal.

Campanilismo y nación: una tensión persistente

La Fiesta de Leva muestra con claridad que la identidad nacional no sustituyó automáticamente a la identidad local. El joven seguía profundamente anclado en su campanile. La nación aparecía en forma concreta: notificación, sorteo, examen médico, eventual uniforme. Rovinello insiste en que este proceso fue desigual y conflictivo. La leva no fue simplemente una fábrica de italianidad ni únicamente una imposición violenta. Fue un proceso complejo donde comunidad, Estado y economía se entrelazaron.

Si vemos la fiesta solo como celebración, simplificamos. Si la vemos solo como resistencia, también. Fue ambas cosas al mismo tiempo. En ese cruce ---entre rito comunitario y clasificación estatal--- se jugó buena parte de la experiencia generacional de nuestros antepasados.

El campanilismo no desapareció con la leva. Se transformó. Y en muchos casos, sobrevivió incluso después del cuartel, del barco y de la emigración.

La Fiesta de Leva era un momento público, colectivo, visible. El joven celebraba junto a sus pares, bajo el campanile, rodeado de su comunidad. Allí predominaba la identidad local. El gruppo della leva era ante todo el grupo del paese. Pero ese momento de cohesión comunitaria tenía un límite muy claro. Después de la fiesta venía la visita de leva.

Allí el escenario cambiaba por completo. El joven ya no era parte de un grupo festivo. Estaba solo frente a una comisión médica. Ya no importaba su pertenencia al paese ni su popularidad dentro de la clase. Importaba su cuerpo. Si la Fiesta de Leva era horizontal ---jóvenes iguales celebrando juntos---, la visita médica era vertical. El Estado miraba, medía y clasificaba.

Rovinello muestra que este pasaje es fundamental para comprender la experiencia de la leva. La dimensión simbólica y comunitaria convivía con una dimensión profundamente técnica y estatal. La nación no se construía únicamente a través de banderas y cantos. Se construía a través de centímetros, perímetros torácicos y diagnósticos médicos.

Durante la fiesta, el joven podía vivir la leva como rito de paso. Podía exagerar, beber, reír, afirmarse ante sus pares. Podía sentirse protagonista de un momento generacional. En la visita médica, esa teatralidad desaparecía. El cuerpo era evaluado en silencio. Se anotaba la estatura. Se medía el tórax. Se examinaban los ojos, los dientes, la piel.

Allí comenzaba la verdadera integración ---o exclusión--- dentro de la maquinaria militar. El joven que horas antes recorría el paese con banderas ahora era un cuerpo frente a una mesa médica. Ese contraste resume buena parte de la tensión entre campanilismo y Estado nacional.

La clase de leva reforzaba la identidad generacional dentro del pueblo. Pero en el registro militar, cada joven recibía un número. Era incorporado a un sistema que no reconocía vínculos locales sino categorías administrativas.

Rovinello insiste en que este proceso no debe leerse como una simple transición natural hacia la identidad nacional. Fue una operación concreta del Estado sobre cuerpos individuales. La nación empezaba por medir.

Solo después de ese examen se abría la siguiente fase: la asignación a la Prima, Seconda o Terza Categoria.

En el paese, el joven era "el hijo de...", "el nieto de...", miembro de una red familiar.

En el sistema militar, pasaba a ser: abile o riformato; primera, segunda o tercera categoría; soldado activo o reserva. El lenguaje cambiaba. La lógica cambiaba. La pertenencia cambiaba de escala.

Sin embargo, como muestra Rovinello, el campanilismo no desaparecía en ese tránsito. En el cuartel, los jóvenes tendían a agruparse por región y dialecto. La identidad local sobrevivía incluso dentro de la institución nacional.

La fiesta reforzaba la identidad del paese. La visita médica iniciaba la clasificación nacional. El cuartel intentaba disciplinar ambas dimensiones.

Si la Fiesta de Leva expresa la nación simbólica ---la incorporación ritual al mundo adulto---, la visita médica inaugura lo que podríamos llamar la nación biológica. La nación política necesitaba cuerpos útiles.

Rovinello demuestra que en ese examen se reveló algo inesperado: la Italia social no estaba preparada biológicamente para el ideal militar que el Estado imaginaba. La visita de leva se convirtió en un espejo incómodo de pobreza estructural.

Y así, el recorrido se vuelve claro: primero, la comunidad celebra. Luego, el Estado examinay finalmente clasifica. En ese tránsito ---del rito local al diagnóstico médico--- comienza verdaderamente la historia militar de nuestros antepasados.

Del cuerpo examinado al soldado clasificado

El paso siguiente: las categorías

La visita de leva era el primer filtro. Allí el Estado decidía si el joven era útil o no. Pero la historia no terminaba en el dictamen médico.

Ser declarado abile no significaba automáticamente ir al frente ni pasar años en el cuartel. Significaba algo previo y fundamental: quedar dentro del sistema. A partir de ese momento, el joven entraba en otra lógica administrativa y militar: la asignación a categorías.

Prima Categoria, Seconda Categoria, Terza Categoria. Servicio activo prolongado, reserva, milicia territorial. Años de cuartel o licencia ilimitada. Permanecer en casa o vestir uniforme durante años.

Todo eso venía después.

Pero el punto de partida siempre era el mismo: el cuerpo examinado.

Rovinello muestra que el Estado liberal italiano no construyó su ejército solamente a través de leyes y decretos, sino a través de una operación mucho más concreta y material: medir, clasificar y jerarquizar cuerpos. Antes de que existiera el soldado, existía el joven de veinte años frente a una comisión médica.

La diferencia entre quedarse en el paese o partir al cuartel; entre continuar trabajando la tierra o aprender a disparar; entre permanecer en la economía familiar o integrarse a la maquinaria militar, comenzaba en ese examen.

En ese sentido, las categorías del ejército no pueden comprenderse sin entender primero este filtro corporal. La nación empezaba por el cuerpo. Y solo después organizaba ese cuerpo en líneas, reservas y milicias.

El paso siguiente, entonces, ya no es médico. Es organizativo.

Tres Categorías en el ejército italiano

Antes de la primera guerra mundial el ejército italiano estaba dividido en tres grandes categorías: la milicia provincial (3° categoría), la milicia móvil (2° categoría) y el ejército permanente (1a categoría). Esta repartición estaba inspirada en el criterio fundamental de dividir la totalidad de la masa de ciudadanos en condiciones de cumplir con las obligaciones militares en partes homogéneas en cuanto a las exigencias militares y a la edad de los conscriptos. Este modelo se inspiró en el ejército prusiano y permitía movilizar en poco tiempo un elevado número de hombres. El ejército permanente y la milicia móvil constituyeron el ejército de campaña, las tropas que iban al frente en caso de un conflicto bélico.

Rovinello14 explica que la división en categorías era el mecanismo que el Estado usaba para equilibrar sus necesidades militares con la paz social (especialmente para no enfurecer a las clases medias y altas).

Primera categoría: Milicia permanente.

La Prima Categoria constituía el núcleo del ejército italiano liberal. Era la categoría que concentraba a los conscriptos incorporados al servicio activo continuo y, por lo tanto, la que daba forma concreta al ejército permanente del Estado. Mientras que la Seconda Categoria representaba una disponibilidad potencial y la Terza protegía situaciones familiares específicas o integraba líneas territoriales posteriores, la Prima implicaba la apropiación real y prolongada del cuerpo masculino por parte del Estado.

En términos de duración, el servicio activo variaba según la legislación vigente. Bajo el sistema heredado de la ley La Marmora, podía alcanzar hasta cinco años continuos. Las reformas posteriores ---especialmente bajo Ricotti en la década de 1870--- racionalizaron el sistema, pero la permanencia activa se mantuvo generalmente entre tres y cinco años según el arma y el período. A ello se sumaban años en la reserva, extendiendo la obligación militar a buena parte de la juventud adulta.

Si tomamos una cohorte hipotética de 100 jóvenes hacia fines del siglo XIX:

  • 55--60 eran declarados aptos (abile).
  • 25--35 no aptos definitivos (riformati).
  • 5--10 rivedibili u otros casos.

De los aptos:

  • 20--25 ingresaban en la Prima Categoria.
  • 5--10 en la Seconda.
  • Un número reducido en la Terza, según condiciones jurídicas.

En términos generales, esto significa que aproximadamente un cuarto de cada generación masculina vivía la experiencia prolongada del cuartel. No era la mayoría absoluta, pero sí un segmento estructuralmente central. El hecho de que hasta un tercio pudiera ser declarado no apto revela además desigualdades nutricionales, regionales y sociales: la nación se construía también seleccionando cuerpos.

Desde el punto de vista social, la Prima Categoria concentraba mayoritariamente jóvenes de sectores populares. En una sociedad predominantemente rural, una parte sustancial provenía del mundo campesino. En los años previos a la Primera Guerra Mundial, los "agricultores y similares" representaban alrededor del 48% de los incorporados, cifra aún mayor en décadas anteriores. Sumados jornaleros y obreros urbanos pobres, los sectores populares constituían la mayoría clara.

Aunque la leva era formalmente universal, la experiencia más intensa del servicio recaía con mayor frecuencia sobre quienes disponían de menos recursos para mitigarla. Tras la abolición de la sustitución y la redención monetaria, las diferencias persistieron de manera indirecta a través del acceso desigual a educación, capital cultural y recursos administrativos. En la práctica, los jóvenes campesinos y obreros pobres tenían mayores probabilidades de cumplir el servicio completo.

La experiencia de la Prima Categoria implicaba una ruptura profunda con el entorno de origen. Durante varios años, el joven abandonaba su pueblo y su economía familiar para ingresar en una institución jerárquica y disciplinaria. La vida de cuartel organizaba el tiempo, el cuerpo y la sociabilidad en clave nacional. El objetivo no era solo formar combatientes, sino producir sujetos integrados en una estructura estatal más amplia.

Desde la perspectiva del campanilismo, este era el momento de mayor tensión entre identidad local y proyecto nacional. La separación prolongada, el contacto interregional y la exposición al italiano estándar favorecían procesos de nacionalización más intensos. Sin embargo, incluso en el cuartel persistían redes de paisanaje y solidaridades regionales.

En síntesis, la Prima Categoria fue el principal laboratorio de nacionalización del Estado liberal. La transformación más profunda afectó a una fracción significativa ---y socialmente marcada--- de cada generación masculina. La nación se construyó con especial intensidad sobre ese grupo, mientras otros jóvenes experimentaron formas más limitadas o intermitentes de pertenencia militar.

Segunda categoría: Milicia móvil.

La Seconda Categoria, formalizada especialmente con la ley del 19 de julio de 1871, constituyó la segunda línea del ejército italiano y se inspiró claramente en el modelo prusiano de la Landwehr. No se trataba de soldados activos permanentes, sino de conscriptos aptos que no eran incorporados al servicio prolongado o que, tras completar su tiempo en la Prima Categoria, pasaban a integrar la reserva.

En términos prácticos, los jóvenes encuadrados en la Seconda Categoria no realizaban los tres a cinco años continuos de servicio en el cuartel. En su lugar, cumplían un período breve de instrucción ---generalmente de algunos meses--- tras el cual regresaban a sus hogares en condición de congedo illimitato. Jurídicamente seguían siendo soldados y podían ser movilizados en caso de guerra, permaneciendo disponibles hasta los 29 o incluso 32 años según la legislación vigente. En tiempos de paz podían estar obligados a realizar jornadas periódicas de entrenamiento y estaban sujetos a ciertas restricciones administrativas.

Si se toma una cohorte hipotética de 100 jóvenes de 20 años hacia fines del siglo XIX:

  • 55--60 eran declarados aptos.
  • De ellos, aproximadamente 20--25 ingresaban en la Prima Categoria.
  • Entre 5 y 10 quedaban inicialmente en la Seconda Categoria.

A estos se sumaban, con el paso de los años, los licenciados de la Prima, que también pasaban a formar parte de la reserva. En términos estructurales, el Estado podía contar potencialmente con cerca de un tercio de cada generación masculina en caso de movilización general, aunque solo una fracción experimentaba el servicio activo prolongado.

Desde el punto de vista social, la Seconda Categoria ocupaba una posición intermedia. Formalmente dependía del número obtenido en el sorteo y de las necesidades anuales del contingente. Sin embargo, como ocurría en el conjunto del sistema de leva, la igualdad jurídica no eliminaba diferencias sociales efectivas. Los jóvenes con mayor capital cultural o mejores recursos familiares podían gestionar con mayor eficacia instancias administrativas, obtener certificaciones médicas o evitar que situaciones dudosas derivaran en servicio activo prolongado. Además, el hecho de no ser incorporado inmediatamente facilitaba la continuidad laboral, la emigración o la asunción de responsabilidades familiares.

No era una categoría privilegiada en sentido estricto, pero sí ofrecía una experiencia militar mucho menos disruptiva que la Prima Categoria. Los conscriptos permanecían en sus comunidades, insertos en la economía local y en sus redes familiares. Eran soldados en el plano jurídico, pero paisanos en la experiencia cotidiana.

Desde la perspectiva del campanilismo, la Seconda Categoria revela una forma de nacionalización intermitente. El Estado afirmaba su soberanía sobre los cuerpos masculinos y mantenía la posibilidad de movilización, pero no intervenía de manera constante en la vida social de la mayoría. La nación aparecía como pertenencia potencial ---activable en caso de guerra--- más que como práctica diaria.

En este sentido, la Seconda Categoria encarnó una solución de compromiso: permitía al Estado aspirar a una movilización masiva sin asumir el costo económico y social de una militarización permanente de toda la juventud masculina. La identidad local no era reemplazada, sino subordinada temporalmente a una pertenencia militar latente.

La Terza Categoria

La Terza Categoria dentro del sistema militar italiano del siglo XIX tuvo una evolución normativa significativa que conviene distinguir con precisión para evitar confusiones interpretativas. Su transformación refleja no solo ajustes técnicos del sistema de conscripción, sino también las tensiones entre Estado, familia y territorio en el proceso de construcción nacional.

1. La fase inicial (1862--1875): mecanismo de protección social

En los años posteriores a la unificación, el sistema de leva clasificaba a los jóvenes en tres categorías según el resultado del sorteo y determinadas condiciones jurídicas. Entre 1862 y 1907, el sorteo determinaba el orden de asignación a la Prima Categoria hasta completar el contingente requerido en cada distrito. Los restantes jóvenes declarados aptos eran distribuidos en la Seconda Categoria y en la Terza Categoria, esta última reservada principalmente para situaciones familiares consideradas socialmente sensibles.

En esta primera fase, la Terza Categoria funcionaba esencialmente como un mecanismo de protección social. Incluía, entre otros casos:

Hijos únicos de viudas.

Único sostén económico del hogar.

Jóvenes cuya incorporación podía desestructurar gravemente la economía familiar.

No se trataba necesariamente de una exención absoluta, pero sí de una exclusión efectiva del servicio activo prolongado. En la práctica, estos jóvenes permanecían en sus comunidades y no atravesaban la experiencia transformadora del cuartel.

Si se toma como referencia una cohorte hipotética de 100 jóvenes en la Italia liberal (circa 1880--1900), aproximadamente:

20--25 ingresarían en la Prima Categoria (servicio activo de varios años).

5--10 quedarían en la Seconda Categoria (instrucción breve y reserva).

3--5 podrían ser clasificados en la Terza Categoria por razones familiares.

Aunque numéricamente reducida, la existencia de esta categoría resulta altamente significativa: demuestra que el Estado liberal reconocía límites prácticos a su poder de movilización cuando estaba en juego la subsistencia del núcleo familiar.

2. La reforma de 1875: de excepción juvenil a tercera línea territorial

La ley del 7 de junio de 1875 introdujo una reorganización sustancial inspirada en el modelo prusiano de la Landsturm. A partir de entonces, la Terza Categoria dejó de ser únicamente un espacio de excepción juvenil para convertirse en una tercera línea estructural del ejército.

Esta nueva configuración integraba principalmente a clases más avanzadas ---hombres que ya habían transitado por las categorías anteriores y se encontraban próximos al congedo definitivo---. Generalmente comprendía varones entre los 33 y los 45 años (límite posteriormente reducido a los 39).

Sus funciones eran fundamentalmente:

Defensa territorial.

Servicios de retaguardia.

Apoyo eventual al ejército de campaña.

En términos estratégicos, se trataba de una reserva profunda. La Terza Categoria pasó así a formar parte de la arquitectura escalonada del sistema militar, combinando la lógica nacional con un fuerte anclaje territorial.

3. La reforma de 1907 y la universalización formal

La Ley N.º 763 del 15 de diciembre de 1907 introdujo un cambio decisivo: todos los ciudadanos idóneos debían ser asignados a la Prima Categoria. El sorteo dejó de determinar la categoría y pasó a definir únicamente qué parte del contingente excedente sería licenciada por superar la fuerza presupuestada (forza bilanciata).

Con ello se redujo considerablemente la función protectora de la Terza en sentido familiar y se reforzó la universalización formal del servicio activo. La distinción entre categorías adquirió un carácter más funcional que social.

4. La Primera Guerra Mundial y la erosión práctica del sistema

La movilización masiva exigida por la Primera Guerra Mundial debilitó la separación operativa entre categorías. La urgencia bélica llevó a mezclar generaciones en las mismas unidades, y solo los más veteranos o físicamente menos aptos permanecieron en funciones territoriales.

En la práctica, la guerra erosionó la distinción generacional cuidadosamente diseñada por el sistema liberal. La arquitectura tripartita subsistió formalmente, pero su operatividad se vio profundamente alterada.

5. Desigualdad social y mecanismos indirectos

Formalmente, la Terza Categoria no fue concebida como un privilegio de clase, sino como un instrumento de protección familiar. Sin embargo, el sistema de conscripción combinaba igualdad jurídica formal con desigualdad social efectiva.

Antes de 1875 existían mecanismos explícitos de desigualdad, como la sustitución o la redención monetaria. Tras su abolición, las diferencias no desaparecieron, sino que se desplazaron hacia mecanismos indirectos:

Acceso desigual a recursos administrativos.

Capacidad de presentar certificaciones médicas.

Mayor conocimiento del sistema burocrático.

Capital cultural suficiente para solicitar excepciones o acceder a modalidades abreviadas (como el voluntariado anual reservado a quienes poseían educación secundaria).

En la práctica, los jóvenes de clases medias y altas tenían mayores probabilidades de reducir la duración efectiva del servicio o de obtener clasificaciones favorables. La experiencia más intensa del Estado ---la disciplina prolongada del cuartel--- recayó de manera desproporcionada sobre sectores populares.

No se trataba de una exclusión abierta de las élites, sino de un sistema estructuralmente inclinado: la ley proclamaba universalidad, pero la capacidad de activar mecanismos de mitigación dependía del capital económico y cultural.

6. Campanilismo y límites del proyecto nacionalizador

Desde la perspectiva cultural, la evolución de la Terza Categoria resulta reveladora. En su fase inicial, mostraba que la familia y la economía local podían imponerse a la lógica nacional. En su fase territorial posterior, institucionalizaba una defensa del territorio que mantenía un fuerte anclaje local.

La llamada "Landsturm italiana" no era un ejército profesional distante, sino una milicia territorial que defendía espacios concretos antes que una nación abstracta. El Estado liberal no construyó su sistema militar destruyendo las estructuras comunitarias preexistentes, sino incorporándolas dentro de un esquema escalonado.

En conjunto, la Terza Categoria permite observar los límites del proyecto nacionalizador italiano. El Estado aspiraba a una nación armada, pero debía negociar constantemente con la estructura social y con las necesidades económicas de las comunidades locales. La nacionalización fue un proceso condicionado y gradual, no una imposición absoluta sobre identidades preexistentes.

Duración del servicio militar

Entre 1871 y 1876 se realizaron una serie de reformas, inspiradas en el modelo prusiano-alemán y en el modelo francés de los cuarteles, que sentaron las bases para un servicio militar más justo. La ferma (es decir la duración de la conscripción) se redujo de 4/5 años a 3, aumentando al 25% del total la cantidad de jóvenes que efectivamente debían realizar el servicio militar, gravando sobre todo sobre los estratos sociales más humildes.

En 1910 se redujo aún más el reclutamiento, a 2 años y se aumentó a cerca del 40 % la cantidad de jóvenes de la clase actual que debería realizar la conscripción. Se debe principalmente a esta reforma que Italia fuera capaz de movilizar en forma gradual durante la Primera Guerra Mundial, más de cinco millones hombres y crear nuevas unidades de combate al ritmo de 150 batallones al año. Después de la guerra la ferma se redujo 18 meses con el primer ajuste. En 1964 se redujo a 15 meses y en 1975 a 12 y el servicio militar se extendió a una cantidad cada vez mayor de jóvenes de la leva. Por primera vez en la historia de Italia se estableció la categoría VAS (voluntarios aprendices especializados).

En 1986, gracias a una iniciativa Parlamento, la categoría se estableció el VTO (voluntarios técnicos operadores) y la duración del servicio se redujo a 12 meses para el Ejército y Fuerza Aérea. Para los reclutas de la Marina, como ha ocurrido en pasado, la duración se estableció en 12 meses a partir de 1989. En enero de 1997 el servicio fue reducido para todos, a 10 meses.

La milicia comunal

Por la ley N° 3204 del 30 de junio de 1876, se creó la milicia comunal pero recién el 19 de octubre 1889 se realizó el primer llamado al servicio. Este llamado se llevó a cabo muy pocas veces, sólo en aquellas ocasiones en que alguna región que quedara desprovista temporalmente del reparto de tropas del ejército, que abandonaba la zona por razones de instrucción, campamentos móviles u otras maniobras. Esta Milicia Municipal tenía competencia en el mantenimiento del orden público y la seguridad pública y en caso de eventos catastróficos. En ella se inscribía a los militares en congedo (licencia) residentes en la comuna, sin distinción de arma, cuerpo o categoría, comenzando por las clases más jóvenes. La Milicia comunal cesó puesto que las pocas veces que fue llamada a las armas no dio muestras de buen funcionamiento. Cuando un hombre participaba de la milicia comunal, esto se asentaba en su Ruolo matricolare, pero no existen registros aparte para las milicias comunales.

Los Distritos Militares

Los Distritos Militares son articulaciones periféricas de la organización territorial del ejército. Los Distritos fueron instituidos el 13 de noviembre de 1870 sumando un total de 45, mientras que en 1940 llegaron a ser 116. Luego el número de distritos disminuyó hasta llegar al número actual de 62. Los Distritos eran los encargados de dos importantes actividades asignados a la autoridad militar: el reclutamiento y parte de las operaciones de movilización.

Un distrito militar comprendía circondari de una o varias provincias, por ejemplo el Distrito Militar de Forli tenía bajo su juridisción el Circondario di Rocca San Casciano de la provincia de Firenze, por lo tanto, los ruoli matricolari de los conscriptos que vivían en ese circondario se encuentran en el Archivo de Estado de Forli. Por eso es importante conocer en que distrito militar estaba incluida la comuna donde vivían nuestros ancestros.

Las funciones de matriculación de los distritos militares consistían en:

  • Confección del Foglio Matricolare y su envío a los respectivos cuerpos del ejército
  • Confección y actualización del Ruolo matricolare, a través del intercambio de información con las oficinas comunales y los cuerpos del ejército.
  • Expedición del foglio di congedo a los conscriptos licenciados.

Estas funciones de los distritos militares fueron suspendidas al suprimirse la conscripción obligatoria. Actualmente existen los denominados CEDOC - Centro Documentale que son el vínculo del Ejército con los ciudadanos. En los CEDOC es posible solicitar copias de documentos, certificaciones, etc. En la actualidad existen más de 30 Centros Documentales que nuclean a varios distritos militares. Cabe aclarar que los CEDOC no expiden copias de los fogli matricolari, excepto que el interesado lo requiera para tramitar alguna pensión.

Liste di Leva, Ruoli y Fogli Matricolari

Retomando lo ya expuesto, en estos registros podemos encontrar un dato fundamental y muchas veces desconocido: la comuna (la localidad) donde nació el abuelo italiano. Estos documentos se conservan en los archivos de estado de cada provincia italiana.

Archivos de los Uffici di Leva --- Serie Liste di Leva

Retomando los conceptos mencionados anteriormente, podemos resumir diciendo que las listas de leva son listas redactadas por la comuna y comprenden a todos los varones en edad para realizar el servicio militar que residían en la misma. Generalmente, pero no siempre, están organizadas alfabéticamente. Una copia de las listas de leva era enviada por cada comuna al Ufficio di Leva (Oficina de Leva) instituido en la capital del circondario (en el período fascista en la capital de la provincia). En ese despacho las listas eran encuadernadas por el Consiglio di Leva para cada año y circondario en un volumen, organizado internamente por comunas. Desde 1855 el Consejo de Leva comenzó a compilar otras listas definitivas: las liste di estrazione (listas de sorteo, extracción), donde los nombres de los jóvenes en condiciones eran asentados según el número de orden obtenido durante el sorteo y por circondario. Importante es recordar que no todos los jóvenes inscriptos en las listas de leva fueron considerados abile o idóneos.

Estas listas contienen normalmente los siguientes datos de cada joven: comuna, lugar y fecha de nacimiento, paternidad y maternidad, residencia, los datos recopilados durante la visita al Consejo de Leva. A veces también se registraban el nivel de instrucción, la profesión, algunos caracteres somáticos: el color de los ojos, del pelo y la forma de la nariz, además de las determinaciones definitivas del Consejo: si se lo considero hábil y fue reclutado y en cuál de las tres categorías, o si se lo consideró rivedibile, riformato o renitente. Pasados 70 años del año de la leva, estos registros son entregados al Archivo de Estado que corresponde por el territorio, donde son libremente consultables.

Archivos de los Distritos Militares - Serie Ruoli Matricolari Militari

Los ruoli matricolari contienen la síntesis de la totalidad del servicio militar prestado por el soldado: dónde y cuando se ha desempeñó; las participaciones en campañas militares, eventuales deméritos o distinciones en el servicio. Para mantener actualizada la información de estos documentos, se producía un intercambio constante de información entre los distritos militares y las comunas. En los ruoli matricolari se asentó por ejemplo, la fecha en que se le extendió el congedo illimitato y la fecha en que la questura italiana extendió el pasaporte. No todos los jóvenes inscriptos en las liste di leva fueron considerados como idóneos para realizar el servicio militar, aquellos que fueron considerado riformati no fueron enrolados y no los encontraremos en los ruoli matricolari.

En los Distritos Militares los ruoli matricolari, anuales y divididos en tres categorías, eran utilizados para atribuir a cada soldado una identificación cierta. El soldado era inscripto en el año que comenzaba su ferma (o sea su servicio militar), en la categoría a la que fue asignado en la visita de leva, y le era atribuido un número de matrícula. Año y matrícula con los que desde entonces el soldado era localizado de un modo univoco. La inserción en los ruoli matricolari no se realizaba por año de nacimiento, sino por año en que se el joven fue enrolado. Por lo tanto, para localizar a un soldado es necesario buscar en los volúmenes de años contiguos, considerando que el joven pudiera haber conseguido prórrogas de más de un año o que hubiese sido considerado rivedibile. Los ruoli matriculari de los Distritos Militares son enviados al Archivo de estado de la provincia pertinente al cumplirse los 70 años de la matrícula.

Archivos de los repartos militares --- Serie Fogli Matricolari

Tarea fundamental de los Distritos Militares era el servicio matricular que contiene la documentación oficial de todos los servicios prestados por los militares de carrera y los conscriptos al Estado. El Foglio Matricolare (hoja matricular), sobre el que son apuntados todas las acciones de servicio de cada militar, es uno de los documentos en los que se evidencia tal función. Tanto para cada oficial como para cada soldado se compilaba un Foglio Matricolare, en doble copia. En el caso de los oficiales dicho foglio es llamado también Stato di Servizio, una copia se conserva en el Ministerio de Defensa y la otra en el cuerpo (reparto) del ejército al que el militar pertenecía. Finalizada la carrera militar, las hojas matriculares de oficiales y suboficiales se conservan en el Ministerio de Defensa.

En el caso de los soldados, el Foglio Matricolare (también conocido como Foglio Matricolare e Caratteristico) comenzaba a completarse en el momento del reclutamiento, el primer original quedaba en custodia en la Sección Matrícula del Cuerpo de pertenencia, el segundo quedaba en el reparto del arma a la que el soldado fue asignado. Los Consejos de Leva proveían a los distritos militares los datos necesarios para preparar las hojas matriculares. Al momento de la licencia las dos hojas matriculares eran devueltas al Distrito de Leva del interesado.uando un exconscripto en congedo illimitato cambiaba su domicilio, el segundo ejemplar del Foglio Matricolare pasaba bajo custodia del Distrito Militar correspondiente al nuevo domicilio. Se entiende que cada soldado en congedo illimitato tenía la obligación de comunicar al Distrito Militar, a través de las oficinas comunales, cada cambio de domicilio.

El Foglio Matricolare constituye el documento matriz del historial militar. A partir de la información allí consignada, los distritos elaboraban el Ruolo matricolare, que funciona como un extracto administrativo del servicio prestado. Los Fogli Matricolari contienen información sobre el estado de servicio, atestación de los campos de guerra, hojas de noticias, certificados diferentes, relaciones y certificados sobre los hechos sanitarios del militar, solicitudes y correspondencia.

La búsqueda del Foglio Matricolare de Suboficiales y Tropa es más complicada. Normalmente estos documentos se conservan en los Distritos Militares, al menos hasta el momento en que se otorga el congedo assoluto, vale decir al cumplir los 45 años, o al cumplirse los 70 años de la leva, momento en el que pueden ser enviados al archivo de estado. Pero, los envíos no han sido nunca regulares (por ejemplo, año tras año), así, con el tiempo se han acumulado una gran cantidad de registros en los Distritos Militares.18 Por otro lado, un gran número de Distritos Militares han sido cerrados. Al momento del cierre las hojas matriculares todavía activas (de quienes aún no tenían el congedo assoluto) fueron enviadas al Distrito Militar que absorbió al primero. Pero, las hojas matriculares no activas (quienes ya tenían su congedo assoluto) fueron enviadas al archivo de la comuna, o al archivo de estado o lo peor, fueron destruidas. Solo se "abría" el Foglio Matricolare en el caso de los soldados de 1° categoría que realizaron efectivamente la conscripción o los de 2° y 3° categoría que fueron llamados a las armas en tiempos de guerra. Por lo tanto, si un joven emigró sin realizar el servicio militar y nunca participó de ninguna acción de guerra, no encontraremos su Foglio Matricolare.

Tipos de formularios sobre los que se completaban los ruoli matricolari

Ruolo Matricolare de un soldado de 1° Categoría que realizó el servicio militar y posteriormente fue llamado a las armas. También hay constancia del momento en que se le extendió el nulla osta a los efectos de obtener el pasaporte, indicándose también el país al que emigraría.19

Como se explicara más arriba, en algunos casos el Ruolo matricolare es un resumen del Foglio Matricolare y no contiene toda la información del foglio ni todos sus specchi (recuadros donde se consignaba información expecífica). Esto significa que existe un Foglio Matricolare al cual el Ruolo matricolare hace referencia. ¿En qué casos? En el caso de aquellos soldados de 1° Categoría que realizaron efectivamente el servicio militar o aquellos soldados de 2° y 3° Categoría que fueron llamados a las armas en tiempos de guerra. El resto de los soldados de 2° y 3° Categoría tendrán un Ruolo matricolare más acotado, porque su historial militar fue más breve.

Foglio Matricolare, Modelo 57 - A20

Estos documentos consistían en formularios pre-impresos que contenían una serie de requisitos estipulados por la Ley de Reclutamiento y se completaban manualmente. Los primeros formularios utilizados, durante el reclutamiento desde el momento de la Unificación Italiana hasta el año 1890 son bastante sencillos, contienen los datos personales del inscripto, su descripción física, y el detalle de la actividad militar cumplida expresado en forma bastante concisa.

Ruolo Matricolare, Modelo 57 -- B 21

A partir de 1890 comienza a utilizarse un modelo de formulario llamado Modello 57-A que suele confundirse con el Foglio Matricolare. Este modelo se utilizaba para detallar el historial de los soldados pertenecientes a la 1° Categoría y contiene más detalles del historial militar, incluyendo transferencias del conscripto a otros cuerpos, categorías, etc.

Para los soldados de la 2° y 3° categoría se utilizaba el modelo 57-B que es una versión más simplificada del anterior, puesto que este soldado no realizó el servicio militar. En 1914 se unificó el sistema, utilizándose el mismo formulario para todas las categorías.22

Recuadros del Ruolo Matricolare destinados a volcar la información contenida en los spechi C y D del Foglio Matricolare.

Ruolo Matricolare, con sectores destinados a transcribir la información de los specchi C y D del Foglio Matricolare.23

Veamos ahora un ejemplo de foglio matricolare, en este caso el personal de un archivo de estado italiano que conserva estos registros realizó la trascripción. Se observa que el historial militar es más detallado, aunque la disposición de la información puede producir confusiones entre el foglio y el ruolo matricolare. En una época se utilizó un formato de ruolo muy parecido al foglio, generando a veces, cierta confusión entre genealogistas e investigadores.

El Foglio Matricolare es un fascículo personal, donde se asentaba el historial militar del soldado. Un joven podía cumplir sus obligaciones militares en distintos repartos (regimientos, batallones). Cuando se lo trasladaba, se enviaba al nuevo reparto la copia del foglio destinada a los repartos militares. Si el joven permanecía en el mismo cuerpo militar, la copia correspondiente a la Sección Matrícula de ese cuerpo permanecía en el mismo. Por eso se dice que era un documento individual. Cuando finalizaba el período del servicio militar o la campaña de guerra, el foglio era enviado a los Distritos Militares, los fascículos se agrupaban por clase de leva y la información contenida en los mismos era volcada en los Ruoli Matricolari.24

Para ayudar a diferenciar estos documentos, podemos decir que el Ruolo matricolare ruolo matricolare era un documento que se gestionaba en los distritos militares, es decir en una oficina (ufficio) militar; mientras que el foglio matricolare era gestionado en los frentes de batalla o en los lugares donde el soldado realizaba su entrenamiento militar (batallón, regimiento, etc.). La información del foglio matricolare era escrita en un fascículo individual por el oficial que lideraba el entrenamiento militar o las operaciones en el campo de batalla y era transcrita al ruolo matricolare en una oficina, por un oficial militar que desempeñaba tareas administrativas, por eso se dice que es un "documento d'ufficio" es decir, un "documento de (generado en) una oficina". En algunos casos se encontró el foglio matricolare adjunto al ruolo matricolare, adherido con algún tipo de elemento como clips o broches

¿Son confiables los datos del foglio y del ruolo matricolare?

El Foglio y el Ruolo matricolare no siempre son reflejo exacto de lo que sucedió durante los largos años de servicio de los combatientes o conscriptos. Desafortunadamente no siempre las condiciones de servicio enumeradas en estos documentos son las más fiables. ¿Por qué? La trascrizione a matricola (lista numerada de las personas que forman parte de una dotación) era realizada por los furieri que se basaban en documentos o informaciones escritas por otros militares en los distintos niveles (compañías o regimientos).

Los libretos matriculares no se conservaban en las líneas de frente por motivos obvios, por lo tanto, la actividad militar cumplida por cada militar y cada soldado se volcaba periódicamente en documentos que iban pasando de nivel en nivel, hasta llegar a la fureria. Furieri era el personal de la fureria, oficina administrativa militar donde se conservan los documentos relativos a una compañía. Los primeros compiladores de datos sobre el accionar militar se encontraban, literalmente, en la delantera y muchas veces se veían obligados a elaborar la documentación para enviar a los comandos entre un asalto y otro, entre una bomba y otra. Esta es la razón por la que los oficiales de carrera controlaban por sí mismos, periódicamente, sus registros militares. Algo poco probable en el caso de los conscriptos enviados al frente.

Servicio militar y emigración

La relación entre el servicio militar y la emigración no fue un fenómeno marginal ni tardío: estuvo presente desde los primeros años del Reino unificado y se intensificó precisamente en las décadas de mayor emigración masiva. Ambos procesos ---la conscripción y la partida al exterior--- formaron parte de la misma realidad histórica y se condicionaron mutuamente de maneras que los documentos militares registraron con detalle.

Joven soldado italiano escribiendo una carta a la luz de una vela
Cartas desde el cuartel: el hilo que mantenía unidos los pueblos con los que ya estaban del otro lado del mar.

Las investigaciones de Marco Rovinello sobre la composición social del ejército en los años previos a la Primera Guerra Mundial revelan un dato significativo: entre 1907 y 1914, el perfil del recluta estaba cambiando. Los llamados "agricultores y similares" ---campesinos y jornaleros--- que habían representado históricamente la mayoría aplastante del contingente comenzaban a ceder terreno, aunque seguían siendo predominantes: en la clase de 1886, representaban alrededor del 48% de los incorporados a la fuerza activa. Al mismo tiempo, crecía la presencia de jóvenes con algo más de instrucción y movilidad geográfica, producto de la lenta modernización del país. Estos reclutas llegaban a los cuarteles algo más familiarizados con los mecanismos del Estado y con la institución del reclutamiento que sus padres o abuelos.

Este cambio en el perfil del recluta ocurría justo cuando la emigración masiva estaba en su punto más alto. No es una coincidencia: ambos fenómenos respondían a las mismas transformaciones estructurales de la sociedad italiana. Los jóvenes que en esos años cruzaban el océano eran, en muchos casos, los mismos que el ejército buscaba incorporar. La leva y la emigración competían por los mismos cuerpos. Y el Estado italiano lo sabía: el vínculo entre pasaporte y situación militar no era burocrático, sino estratégico. Sin regularizar la obligación militar, el joven no podía emigrar legalmente. La conscripción era, también, una forma de controlar el flujo migratorio.

Para el investigador genealógico, entender esta relación es fundamental. La trayectoria migratoria de un antepasado y su trayectoria militar están casi siempre entrelazadas. La fecha en que se expidió el pasaporte, la fecha del congedo illimitato, las anotaciones sobre emigración en el ruolo matricolare: todos esos datos cuentan una historia conjunta. A continuación se explica cómo funcionaba ese vínculo en la práctica.

Para poder emigrar legalmente un joven mayor de 20 años debía regularizar su situación militar. Para obtener su pasaporte necesitaba una constancia de que había cumplido con sus obligaciones militares y que se le había extendido el congedo illimitato, quedando a disposición para ser llamado a las filas en tiempos de guerra.

Lista de leva de un joven italiano emigrado en su adolescencia, es declarado renitente por no presentarse ante el Consiglio di Leva. La reintensa es revocada cuando él se presenta en el Consulado Italiano de Bahía Blanca, en Argentina, para regularizar su situación militar.25 Como se mencionara más arriba, existía una intensa comunicación entre los distritos militares y las oficinas comunales, para que el certificado de congedo illimitato expedido por los distritos militares tuviese valor, debía ser refrendado por las comunas. Este certificado era necesario para que la Questura expidiera el pasaporte, la fecha de emigración era registrada en el anagrafe comunal y la fecha en que se expidió el pasaporte era registrada en el Ruolo matricolare. 26

Continuación del ejemplo anterior - En el Ruolo matricolare se detalla que el joven que regularizó su situación ante el Consulado Italiano de Bahía Blanca fue enrolado en la primera categoría y puesto en congedo illimitato.

Otros, habiendo emigrado antes de cumplir los 20 años, debían presentarse para regularizar su situación militar en el Consulado más cercano al lugar donde residían, o no se presentaban nunca siendo declarados finalmente desertores. Otros jóvenes no gestionaron nunca su pasaporte, emigraron ilegalmente, pudieron adoptar la ciudadanía del país donde emigraron y no se presentaron ante el Consulado.

Emigrar antes de los 16 años: estrategia familiar y margen legal frente a la leva

En la Italia liberal de fines del siglo XIX y comienzos del XX, la edad ordinaria de la leva era los 20 años. Sin embargo, el vínculo entre emigración y obligación militar comenzaba mucho antes. El punto clave no era solo la edad de incorporación, sino el momento en que el joven quedaba plenamente integrado en el circuito administrativo de la conscripción.

En este contexto, la ley de emigración de 1901 introdujo una distinción importante: quienes emigraban antes de los 16 años podían quedar exentos de la obligación militar italiana. Esta medida respondía a una realidad evidente: la emigración masiva era un fenómeno estructural que el Estado no podía simplemente ignorar ni criminalizar en bloque. Regularizar la situación de los residentes en el exterior se volvió una necesidad administrativa y diplomática. La norma intentaba ordenar esa realidad distinguiendo entre emigración temprana y evasión deliberada.

Sin embargo, la disposición tenía un efecto ambivalente. Si bien buscaba evitar conflictos y dar un marco legal claro, también podía funcionar como incentivo indirecto para emigrar antes de cumplir los 16 años. Para muchas familias rurales o urbanas pobres, especialmente aquellas que ya contaban con redes en América, enviar al hijo al exterior antes de esa edad se convertía en una estrategia preventiva frente a la futura obligación militar.

La clave estaba en la residencia efectiva. Si el joven emigraba antes de los 16 y fijaba residencia estable en el extranjero, quedaba fuera del circuito activo de reclutamiento. Pero si regresaba a Italia en edad militar sin haber regularizado su situación, podía ser llamado. No era una liberación absoluta e incondicional, sino una solución vinculada a la permanencia en el exterior.

Este mecanismo revela que la relación entre emigración y leva no fue simplemente una historia de desobediencia o fuga. Fue, más bien, un espacio de negociación constante entre el Estado, que buscaba organizar y movilizar cuerpos, y las familias, que intentaban asegurar su supervivencia económica y reducir riesgos. Emigrar antes de los 16 años no siempre fue un acto de rebeldía; en muchos casos fue una decisión estratégica, racional y planificada dentro de un contexto de incertidumbre estructural.

En suma, aunque la leva comenzaba formalmente a los 20 años, las decisiones familiares en torno al servicio militar podían empezar varios años antes. La emigración temprana fue una de las formas más claras en que las familias intervinieron activamente en el destino de sus hijos frente a las demandas del Estado nacional.

Otros documentos militares

Foglio di congedo (congedo assoluto, illimitato y provvisorio)

El congedo o licencia es la cesación del servicio de un conscripto que ha cumplido con sus obligaciones militares o bien la exoneración de estas obligaciones. El Foglio di Congedo es el documento que atesta la licencia. Existían y existen cuatro clases de licencias:

Soldado italiano bajando del tren en la estación de su pueblo
El regreso del soldado licenciado: el foglio di congedo en el bolsillo y el pueblo esperando.
  • Congedo Assoluto: la conclusión absoluta y definitiva del servicio militar, sin posibilidad de ser llamado a las armas. El congedo es/era definitivo al momento de cumplir la edad máxima prevista por la ley para absolver del servicio militar, 39 o 45 años, según la época.
  • Congedo Illimitato: licenciamiento otorgado al finalizar el servicio militar, con la posibilidad de ser llamado a las armas.
  • Congedo Illimitato Provvisorio: la condición del conscripto en el período de tiempo transcurrido entre el reclutamiento y la puesta en servicio.
  • Congedo Provvisorio: una licencia provisoria.

Foglio di Congedo Illimitato conservado por los descendientes de un inmigrante italiano

El Foglio di Congedo se expedía al interesado cuando terminaba el servicio militar (en este caso se trataría de un Foglio di Congedo Illimitado). Este documento debía ser validado en la comuna de residencia del conscripto. Los jóvenes comprendidos en las categorías que no realizaban el servicio militar, quedaban a disposición de ser llamados para la guerra. Estos, si querían emigrar tenían que pedir el congedo illimitato. Luego, al cumplir cierta edad o si sobrevenía algún problema físico que imposibilitara el servicio en las armas, se extendía congedo assoluto. Dicho en otras palabras, el Foglio di Congedo era una especie de "libre deuda militar", se expedía al interesado. La fecha del congedo illimitato y del congedo assoluto se registraba en el Ruolo matricolare.

Ahora bien, respecto a la posibilidad de solicitar una copia del Foglio di Congedo de nuestro antepasado, la web del Ministero Della Difesa (Ministerio de Defensa), es clara en sus instrucciones: Per quanto riguarda i "fogli di congedo" non sono duplicabili. Es decir que no existe la posibilidad de obtener una copia, excepto que nuestro antepasado haya conservado la hoja que se le expidió cuando fue licenciado y ese documento haya perdurado hasta nuestros días.

Ruoli Matricolari realizados por las comunas

En base a la normativa de 1854 la incumbencia de compilar anualmente la lista de ciudadanos en condiciones de prestar el servicio militar (Lista de leva) recaía sobre la administración comunal. Posteriores disposiciones emanadas en 1877 establecían la obligación a las comunas de llevar otros de registros: los ruoli matricolari.

El Ufficio di Leva (Oficina de Leva) de las comunas ha desarrollado desde entonces una serie de actividades que van de la formación de la Lista de leva a la conservación y actualización de los ruoli matricolari.

5\. Confección de las listas de leva.

  1. Conservación y actualización de las listas de leva y de los ruoli matricolari comunales.
  1. Expedición de certificados de esiti di leva para los riformati - rivedivibile - abili arruolati.
  1. Expedir los fogli di congedo.
  1. Revisión mensual de las pratiche migratorie de los jóvenes de sexo masculino para volcar dicha información en los ruoli matricolari
  1. Realizar el listado de los jóvenes emigrados para enviar a los comandos militares.
  1. Confeccionar listados mensuales con los allegati (certificados de defunción de los jóvenes fallecidos en la comuna) para enviar al comando militar respectivo.

Los ruoli matricolari comunales comprenden a los hombres residentes en la comuna sujetos a las obligaciones del servicio militar, esto es aquellos comprendidos entre los 18 y los 45 años de edad. Son listados aparte de los que confeccionaban los distritos militares. Entre las oficinas de leva de las comunas y los distritos militares existía un intenso intercambio de información para actualizar la información sobre la situación de cada uno de los ciudadanos comprendidos en edad de estar sujeto a las obligaciones militares. Los ruoli matricolari comunales de las personas con congedo assoluto, si se conservan, forman parte del patrimonio documental de los archivos comunales.

Portada del registro que contiene los ruoli matricolari comunales de la comuna de

Castellammare, Napoli.

Listas de leva comunales

En algunas regiones italianas se están realizando desde hace un tiempo, trabajos de re-inventariado de archivos comunales localizándose en esos archivos documentación de tipo militar generada durante el proceso de confección de las listas de leva, que como señaláramos son competencia de las comunas. Es decir, se trata de las listas de leva preliminares que las comunas redactaban previo al llamado al Consiglio di Leva (el Consejo de Leva funcionaba a nivel de circondario o de provincia, segn la época).

En este tipo de liste di leva, al ser preliminar, luego sujeto a las modificaciones que surgieran del intercambio de información con el anagrafe, se podría encontrar a un hermano de nuestro antepasado que falleció antes de cumplir 20 años, o a quien provenía de otra comuna. Es interesante también, que a través de estos trabajos se han identificado colecciones de registros muy particulares, por ejemplo:

  • Listas de renitentes: los renitentes eran los renuentes, reacios a la leva.
  • Listas de riformati (reformados): es decir aquellos que eran declarados no aptos para el servicio militar por algún problema físico.
  • Fogli della situazione di famiglia dei giovani della lista di leva es decir hojas de la situación de familia de los jóvenes de las listas de leva.

Registri sommari delle decisioni del Consiglio di leva

También conocido como Sommari di Leva, en este fondo, que se conserva en muchos archivos de estado italianos, aunque no en todos, es posible encontrar los recursos presentados por los inscriptos en las listas de leva a fin de quedar eximidos del enrolamiento. Las disposiciones legales emanadas de las autoridad militar preveían el descarte de estas documentación después del congedo assoluto de la clase a la que correspondían. Estos registros contienen: número de estrazione, datos anagraficos y de residencia, en el caso de inscriptos en listas anteriores (quienes solicitaron una prórroga) consta la clase, características físicas, profesión, nivel de instrucción (alfabetizado o analfabeto), decisión del Consiglio di Leva, suscripta por el Commisario di Leva (fecha, idoneidad, reforma, etc. motivo de la decisión), clase de nacimiento.

293Sommario di Leva, 1876 [en línea] Archivio di Stato di Vicenza [citado 20 Agosto de 2021] Disponible en Internet en http://www.archivi.beniculturali.it/ASVI/

La documentación está ordenada por clase de leva, por año y alfabéticamente. Entonces, en caso de encontrar que en la Lista de leva o en el Ruolo matricolare de un antepasado hay evidencia de que este pidió algún tipo de prórroga, podemos solicitar al archivo de estado una búsqueda en este fondo. Los Sommari di Leva, no contienen el nombre de los padres y la comuna de nacimiento, contienen exclusivamente el nombre del conscripto y la comuna de inscripción en las listas de leva, que es la comuna de residencia y puede no ser la comuna de nacimiento.

Esito di leva

El esito di leva es el certificado que muestra los datos personales del sujeto inscripto en la Lista de leva, los datos relativos a la clase de pertenencia, el resultado del exámen psico-físico y la situación militar. Se solicita en la Oficina de Leva de la comuna y sirve para demostrar la situación en relación a las obligaciones militares: arruolato, rivedibile, riformato, dispensato, esonerato, alle armi, congedato.

En algunos archivos de estado, existen fondos documentales catalogados como esiti di leva, pero su contenido consiste en listas de leva y liste di estrazione sobre las cuales se dejó constancia del esito della visita di leva, esto es el resultado de la visita de leva, de la evaluación que el Consejo de Leva realizó sobre la aptitud física del joven para el servicio militar y también sobre pedidos de prórroga, casos de renuencia, etc. Este tipo de listados son importantes en caso de un joven que haya solicitado una prórroga o eximición del servicio militar porque se describe la situación de la familia, proporcionando una interesante visión de la vida familiar y personal que de otro modo se perdería. En el caso de que el joven hubiera sido considerado riformato, encontraremos detalles de las dificultades físicas que justificaron esa decisión.

Ruolini

Vista de dos hojas de un ruolino30

Cuadro Esquemático: Cuerpos, Armas y Repartos

Para ayudar a clarificar el concepto de doble Foglio Matricolare, conviene señalar que en 1914 las fuerzas armadas italianas estaban formadas por 14 cuerpos, organizados en cuatro "armas": Arma di Artiglieria, Arma dei Carabinieri, Arma di Cavalleria, Arma del Genio. Cada arma se organizaba en distintos niveles jerárquicos o repartos, por ejemplo: Comandos, Brigadas, Regimientos, Batallones. Existían entonces 116 regimientos de infantería, 30 regimientos de caballería, 36 batallones de artillería de campaña y los regimientos de apoyo.

Servicio Militar en la Marina --- Leva di Mare

La Marina Militar italiana fue creada en marzo de 1861 con el nombre de Regia Marina (Marina Real) y mantuvo esta denominación hasta 1946, cuando, tras la proclamación de la República Italiana, adoptó el nombre de Marina Militare.

Las Capitanerie di Porto nacieron en 1865 de la fusión de dos cuerpos: los Consoli di Marina, empleados civiles, y el Stato Maggiore dei Porti, compuesto por oficiales provenientes de la Marina. Este nuevo cuerpo dependía del Ministerio de la Marina, que en aquel período tenía competencia tanto sobre la Marina Militar como sobre la Marina Mercante. Durante la Primera Guerra Mundial, la Capitaneria di Porto fue militarizada y, en 1924, pasó a formar parte definitivamente de la Marina Militar.

La formación del contingente de leva marítima fue una de las funciones de las Capitanerie di Porto desde su institución en 1865. Existía también un Consiglio di Leva di Mare, encargado de evaluar la aptitud física de los jóvenes inscriptos en la Leva di Mare.

Estaban sujetos a la leva marítima aquellos jóvenes que ejercían actividades vinculadas al ámbito naval y portuario: marineros, trabajadores de puertos, playas y del dominio marítimo en general, así como de las orillas y aguas de ríos, lagos y lagunas; empleados en la construcción, equipamiento, reparación y mantenimiento de buques flotantes de cualquier tipo; trabajadores en la construcción y reparación de calderas; estudiantes de escuelas marítimas y ciudadanos residentes en municipios costeros.

Muchos jóvenes comenzaban a embarcarse a los 10 o 12 años como mozos en goletas y embarcaciones menores, con la intención de ser inscriptos en la leva di mare llegado el momento. Para ellos, la leva marítima representaba una oportunidad de obtener ingresos económicos y, en algunos casos, de acceder a escuelas navales militares, desde donde podían continuar una carrera en la Marina, incluso en especialidades técnicas como el buceo.

En numerosos Archivos de Estado se conservan listados de jóvenes inscriptos en la leva di mare, documentación que puede resultar de gran interés para la investigación genealógica cuando un antepasado estuvo vinculado al ámbito marítimo.

La Amnistía de 1919

El tema del "patriotismo" italiano durante la Primera Guerra Mundial genera mucha controversia: "en nombre del patriotismo se envió a la masacre a millones de italianos durante la Primera Guerra Mundial", se puede leer en foros en Internet y otras publicaciones. En tres años y medio se movilizó (llamado a las armas) a 5.200.000 italianos, de los cuales 870.000 (un 15%) fue denunciado ante los tribunales militares y en algunos casos, ejecutado. De los 870.000 denunciados:

- 470.000 eran renuentes, en su mayor parte emigrados imposibilitados de responder al llamado a la guerra (tal vez ese "llamado" nunca llegó a sus manos).

- 189.400 fueron denunciados como desertores, aunque muchas veces la deserción consistía en una fuga temporal, de 3 a 10 días, durante la cual el soldado se escapaba para visitar a su familia, darles tal vez un último abrazo a sus seres queridos antes de partir hacia el frente y luego regresaban a su unidad militar. En Stienta, Rovigo, en 1917, la población civil atacó a los Carabinieri de la compañía de disciplina, que estaba a la caza de desertores, y los arrojó a un canal con agua. Es importante mencionar también que se planificaron las represalias contra miembros de la familia, tales como la confiscación de los bienes y privación de los subsidios, tan solo por una denuncia de deserción.

  • 31-000 fueron los casos de indisciplina denunciados, muchos de los cuales fueron ejecuciones a punta de fusil por parte de un oficial, sin juicio previo. Incluso se consideró como indisciplina el tener actos humanitarios con los soldados enemigos heridos. No hay estadísticas precisas sobre la cantidad de soldados que murieron de esta manera: porque un superior consideró que había cometido un acto de indisciplina y lo ejecutó sin un proceso previo.
  • 15.000 denuncias por lesiones o mutilaciones voluntarias. Muchos soldados se auto-sometían a las torturas más increíbles: mutilarse la mano de un disparo, se inyectaban aceite en la espina dorsal, ácido muriático en los oídos, etc.

Y tanta controversia genera el tema del "patriotismo", que hasta he llegado a leer lo siguiente: "Y en ese punto, los hombres más fuertes, con más determinación y coraje nunca serán aquellos con el mayor número de medallas en su uniforme, sino los desertores." El gran número de recursos y procesos que había que realizar frente a un ejército en el proceso de desmovilización, llevó a promulgar, 2 de septiembre de 1919, una amnistía que comprendía a los inmigrantes que regularizaron su situación en sus respectivas embajadas, alrededor de 370.000 personas. 20.000 personas no fueron beneficiadas por ninguna amnistía por causa de delitos graves o porque habían sido previamente ejecutadas.

Llamados a las armas en Argentina

Fernando Devoto, investigador minucioso de la inmigración italiana en Argentina, comenta: "Las citaciones para presentarse ante el comando militar comenzaron a llegar cuando Italia decretó la movilización general en mayo de 1915. Estas arribaron también a los inmigrantes que se encontraban en el exterior, aunque no con la misma precisión que en la península, ya que no siempre el Estado italiano sabía de modo fehaciente donde se encontraba la persona convocada. De todos modos, aquellos a quienes les llegó al lugar correcto o que supieron de la citación a través de sus parientes en la península, se enfrentaban a la disyuntiva de retornar y presentarse o no hacerlo, convertirse en infractores y poner en riesgo el retorno futuro al país de origen. Una incertidumbre quizás no mayor que la de aceptar la citación y correr el riesgo de no poder volver luego al país de la inmigración (...) se encontraban ante una decisión a tomar, individual o familiar, en la que pesaban muchos factores culturales y personales."

La participación de Italia en (...) la Primera Guerra Mundial (1915-1918) contribuyó a reforzar la solidaridad y la identidad étnica entre los italianos en Argentina. En un clima de acalorado patriotismo asociaciones, círculos regionales, periódicos y sociedades de socorros mutuos apoyaron el esfuerzo bélico italiano. Entre 1915 y 1918 se recaudaron fondos por un valor superior a los mil millones de liras. Se repatriaron ciudadanos italianos, ya sea como voluntarios o como convocados para combatir llegando a un total de 32.430. Sin embargo, el número de los insumisos fue elevado. Aunque la decisión fuese en última instancia individual, en muchos casos se ejercieron fuertes presiones para que los convocados se presentasen. Más importantes que las que podían ejercer los consulados eran las que realizaban las mismas instituciones italianas en Argentina. Como ejemplo F. Devoto cita: el Hospital Italiano despedía a todos los convocados que no se presentasen y conservaba la fuente de trabajar para el que partiera a la guerra, la Sociedad de Beneficencia del hospital otorgaba gratificaciones y subsidios y el Circolo Italiano de la capital votó para la expulsión de cualquier socio que teniendo la edad requerida no partiese para Italia para enrolarse en las fuerzas armadas.

¿Cómo obtener una copia de estos documentos?

Comenzaremos tratando algunas pautas para la búsqueda de las liste di leva y ruoli matricolari puesto que representan la mayor parte en cuanto a fondos documentales militares.

Consulta en línea y pedido a los Archivos de Estado

La investigación de las liste di leva y de los ruoli matricolari puede realizarse actualmente a través de distintas modalidades, según el grado de digitalización de los fondos documentales y las políticas de acceso de cada Archivo de Estado. Antes de realizar un pedido al archivo, conviene verificar si la documentación ya puede identificarse mediante consultas en línea.

Índices y registros digitalizados

Numerosos Archivos de Estado han publicado índices nominales de documentos militares y, en algunos casos, también imágenes digitales de las liste di leva o de los ruoli matricolari. Estos recursos pueden presentarse de distintas formas:

  • índices nominales alfabéticos en formato digital, que incluyen apellido, nombre y número de matrícula;
  • índices en forma de tablas o listados, con búsqueda por nombre y datos básicos del conscripto, como el número de matrícula;
  • imágenes escaneadas de los libros de leva o de los ruoli matricolari, organizadas por año y según distintos criterios territoriales: a veces por provincia, a veces por circondario y otras por comuna.

Cuando existen índices nominales, la consulta se realiza generalmente en dos etapas. En primer lugar, se debe buscar el apellido y nombre del conscripto en el índice correspondiente. Estos índices suelen indicar el año de nacimiento, en algunos casos la comuna, y un número de matrícula o referencia archivística.

Una vez identificado este número, el índice cumple su función principal: permitir localizar con precisión el documento original. El índice, por sí solo, no reemplaza al ruolo matricolare ni a la lista de leva, sino que constituye una herramienta para acceder a ellos.

En estos casos, es necesario solicitar al archivo la imagen digital o copia del documento correspondiente, indicando de manera exacta el número de matrícula o la referencia obtenida en el índice.

Colecciones digitalizadas externas

Existen también colecciones digitalizadas de los propios libros, realizadas tanto por los Archivos de Estado como por plataformas externas, entre las cuales se destaca FamilySearch. Esta institución ha digitalizado, para determinadas provincias y períodos, series completas o parciales de liste di leva y, en algunos casos, de ruoli matricolari.

Estas colecciones pueden incluir listas preliminares elaboradas a nivel comunal, que permiten identificar no solo al antepasado buscado, sino también a hermanos varones, cambios de residencia y eventuales ausencias por fallecimiento o emigración. No obstante, es importante tener presente que estas series no siempre están completas ni cubren todos los años o territorios.

La importancia de los datos precisos en la solicitud

Para solicitar una copia de las liste di leva o de los ruoli matricolari a los Archivos de Estado, es indispensable conocer con certeza el lugar de residencia del conscripto al momento de la llamada obligatoria (generalmente a los 17 o 19 años, según la época), ya que la comuna de residencia no necesariamente coincidía con la comuna de nacimiento.

En la actualidad, debido al elevado volumen de solicitudes que reciben los Archivos de Estado, las búsquedas se realizan de forma directa y puntual, accediendo al volumen correspondiente al año y a la comuna específicos. A diferencia de lo que ocurría en el pasado, los archivos ya no realizan búsquedas amplias que abarquen varios años. Por este motivo, se exige al investigador proporcionar datos precisos que permitan identificar el registro correcto. La publicación de índices nominales responde justamente a esta necesidad de optimizar los tiempos de búsqueda y de respuesta.

Realización del pedido al Archivo de Estado

Cuando la documentación no se encuentra disponible en línea o cuando solo se dispone del índice, será necesario realizar un pedido directo al Archivo de Estado correspondiente. En la solicitud deben indicarse, de manera clara y ordenada, los datos conocidos del antepasado ---nombre y apellido, año de nacimiento aproximado, comuna de residencia al momento de la leva--- y, cuando corresponda, el número de matrícula o referencia archivística obtenido a través del índice. Incluir esta información permite al personal del archivo dirigirse directamente al volumen correcto, evitando búsquedas extensas y aumentando las posibilidades de obtener una respuesta favorable en tiempos razonables.

Solicitando otro tipo de registros militares

Si has avanzado en tu búsqueda genealógica y en las listas de leva o ruoli matricolari encontraste que tu antepasado fue declarado riformato por tener una enfermedad, podrías averiguar si en el archivo de estado de la provincia correspondiente se conservan este tipo de registros: Sommari di leva, Esito di leva, Liste dei riformati, Registri dei riformati, Liste dei Renitenti, puedes escribir a dicho archivo solicitando la búsqueda de información adicional de tu ancestro en esos listados.

Instrucciones para adaptar la nota al pedido.

Al redactar la solicitud al Archivo de Estado, es conveniente tener en cuenta las siguientes indicaciones:

  • Utilizar "a" o "o" según corresponda al género de quien escribe y de quien recibirá el pedido (director o directora del archivo).
  • Aproximar, en la medida de lo posible, las fechas y el lugar de nacimiento del antepasado. Algunos Archivos de Estado conservan documentos militares correspondientes a numerosos circondari y requieren al menos una referencia geográfica para orientar la búsqueda. En ausencia de esta información, el personal debería revisar la documentación de todos los circondari (a veces más de diez), tarea que generalmente no es posible debido a la falta de recursos.
  • Si no se dispone de una fecha exacta, se recomienda indicar un año aproximado y un margen razonable, de unos cinco años. Por ejemplo:

- tra il 1875 e il 1880 (entre 1875 y 1880)

- fino al 1875--1880 (hacia 1875--1880)

- intorno al 1875--1880 (alrededor de 1875--1880)

Estas expresiones permiten al archivo identificar el volumen correcto sin necesidad de realizar búsquedas amplias.

Según lo explicado anteriormente, el pedido puede basarse en distintos datos. En algunos casos se conoce la comuna de residencia o de nacimiento del conscripto, mientras que en otros solo se dispone del número de matrícula obtenido a través de un índice nominal. Ambos datos son válidos para realizar la solicitud, y cuando se cuenta con el número de matrícula, este permite al archivo localizar directamente el documento correspondiente, aun cuando no se conozca con certeza la comuna.

Modelo de carta

Archivio di Stato di ...\ (colocar el nombre de la provincia)

Signor Direttore / Signora Direttrice\ (seleccionar la opción según corresponda y, si se conoce, indicar el nombre)

Egregio Direttore / Egregia Direttrice,

Mi chiamo ... (escribir nombre y apellido) e sono alla ricerca della mia storia familiare.

Le sarei molto grato/a di farmi pervenire una copia della lista di leva o del ruolo matricolare di:

COGNOME E NOME: ... (apellido y nombre del antepasado)\ NATO IL: ... (fecha de nacimiento; si no se conoce con precisión, indicar un rango aproximado, por ejemplo intorno al 1880--1885)\ FIGLIO DI: ... (nombre del padre) e ... (nombre de la madre)\ RESIDENTE / NATO IN: ... (indicar la comuna de residencia o de nacimiento, si se conoce)\ NUMERO DI MATRICOLA: ... (indicar el número de matrícula, si se dispone)

RingrazioLa per quanto potrete fare e Le invio i miei più cordiali saluti.

Dati personali\ (nombre y apellido, dirección postal completa y correo electrónico)

Traducción orientativa del modelo

Este modelo de nota expresa lo siguiente:

Me llamo ... y me encuentro en la búsqueda de mi historia familiar. Le estaría muy agradecido/a si pudiera hacerme llegar una copia de la lista de leva o del ruolo matricolare de:

Apellido y nombre\ Nacido el\ Hijo de\ Residente / nacido en

Agradeciéndole por cuanto pueda hacer, le envío mis cordiales saludos.

Solicitar Foglio matricolare

Ambas copias del Foglio Matricolare se conservan en los Distritos Militares, al menos hasta el momento en que se otorga el congedo assoluto, vale decir al cumplir los 45 años, o al cumplirse los 70 años de la leva, momento en el que pueden ser enviados al archivo de estado. Pero, los envíos no han sido nunca regulares (por ejemplo, año tras año), así, con el tiempo se han acumulado una gran cantidad de registros en los Distritos Militares. No obstante, tenemos que recordar que los CEDOC no emiten copias de documentación, a menos que el propio interesado lo requiera.

Entonces, la opción sería buscar en las webs que describen el patrimonio de los archivos de estado, a fin de comprobar si guardan entre sus registros los fogli matricolari, los archivos de estado que conservan fogli matricolari generalmente realizan transcripciones o envían una copia certificada de los mismos. Por ejemplo, el Archivo de Estado de Alessandria recibió en 1995 fogli matricolari correspondientes a las clases 1916-1918.Registros digitalizados

Registros en línea

Dada la importancia de las liste di leva para identificar el lugar de nacimiento de un antepasado italiano y considerando el aumento constante de las consultas vinculadas a la ciudadanía italiana, algunos Archivos de Estado han puesto ---o se encuentran en proceso de poner--- estos registros en línea para facilitar la investigación genealógica. A este esfuerzo se suma el trabajo de digitalización realizado por FamilySearch, que ha puesto a disposición colecciones de registros militares para determinadas provincias y períodos.

Sin embargo, dado que periódicamente surgen nuevos proyectos de digitalización y que la disponibilidad de los registros puede variar con el tiempo, incluir en este manual una lista fija de archivos con documentación accesible en línea correría el riesgo de quedar desactualizada en poco tiempo.

Por otro lado, en el Portale Antenati, encontrarás la descripción del tipo de documentos militares italianos que conserva cada archivo de estado italiano. De este modo podrás determinar si se conservan registros de la zona donde vivió tu antepasado y en qué archivo se conservan, ya que no siempre se encuentran en el archivo de estado de la provincia donde nació o residió. Para ello puedes consultar este enlace:

https://antenati.cultura.gov.it/esplora-gli-archivi/

Por este motivo, se ha preparado una página web actualizada donde se recopilan estos proyectos, en la que es posible seleccionar la provincia de interés y consultar qué registros militares conserva cada Archivo de Estado, si se encuentran digitalizados y el enlace correspondiente para acceder a las imágenes:

https://ancestrositalianos.com/militares-italianos-leva-ruolo/

Video explicativo sobre los registros militares italianos

Este video aborda los principales registros militares italianos, como la lista di leva y el ruolo matricolare, explicando qué información contienen y cómo pueden utilizarse en la investigación genealógica. A través de estos documentos es posible identificar el lugar de nacimiento o residencia de un antepasado, reconstruir su trayectoria militar y comprender el contexto histórico y familiar en el que se desarrolló el servicio militar obligatorio.

1: Marco Rovinello es profesor asociado de Historia contemporánea en la Università della Calabria (Italia). Sus investigaciones se centran en la historia social y cultural del Estado liberal italiano, con especial atención al sistema de conscripción, la justicia militar y el papel del ejército y la escuela en los procesos de construcción nacional entre 1861 y 1914.

Rovinello basa su estudio sobre la conscripción y la justicia militar en la Italia liberal en un corpus muy amplio y diverso de fuentes. El núcleo principal está formado por documentación de tribunales militares ---más de 12.500 sentencias y unos 5.000 expedientes de instrucción---, lo que le permite desarrollar un análisis cuantitativo sólido.

Estas fuentes provienen de distintos archivos estatales (Torino, Bari, Catanzaro y Bologna), lo que le da a su investigación una perspectiva comparativa a escala nacional. A esto suma documentación del Archivo Central del Estado en Roma, especialmente del Ministerio de la Guerra, que le permite reconstruir el marco institucional y las políticas disciplinarias.

Además, incorpora fuentes individuales como los fogli matricolari, con datos sobre los soldados (instrucción, sanciones, condiciones físicas), lo que le permite complementar el análisis estadístico con una mirada más cercana a las experiencias personales.

En conjunto, su metodología combina un enfoque cuantitativo con uno microhistórico, integrando distintos tipos de fuentes y una cobertura geográfica amplia para ofrecer una visión nacional de la justicia militar en la Italia posterior a la unificación.

2: Campanilismo. (s.f.). En Wikipedia -- la enciclopedia libre. Recuperado 26 de febrero de 2026, de https://es.wikipedia.org/wiki/Campanilismo

3: Domenico Quirico es un autor y periodista italiano cuya obra Naja. Storia del servizio di leva in Italia (Mondadori, 2008) reconstruye la historia del servicio militar obligatorio en Italia desde una perspectiva social y cultural, destacando cómo la experiencia castrense contribuyó a la formación de identidades nacionales en interacción con identidades locales.

4: Rovinello, M. (2020). Fra servitù e servizio: Storia della leva in Italia dall'Unità alla Grande guerra. Viella.

5: Rovinello, M. (2020). Fra servitù e servizio: Storia della leva in Italia dall'Unità alla Grande guerra. Viella.

6: Rovinello, M. (2025). The draft and draftees in Italy, 1861--1914.

7: Quirico, D. (2008). Naja. Storia del servizio di leva in Italia. Mondadori.

8: Rovinello, M. (2020). Fra servitù e servizio: Storia della leva in Italia dall'Unità alla Grande guerra. Viella.

9: Daly, S. (2021). Emigrant draft evasion in the First World War: Decision-making and emotional consequences in the transatlantic Italian family. Journal of Modern Italian Studies, 26(2), 145--164.

10: MARIA C. TRIADAN, Le fonti militari austriache presso l'Archivio di Stato di Trieste [en línea] Arte Ricerca, Rivista scientifico-culturale d'Arte, 2008 [citada 10 Octubre 2010]. Disponible en Internet en http://www.artericerca.com

11: VIRGILIO ILARI, Storia del servizio militare in Italia, Roma: CeMiSS-Rivista Militare, 1989, 434p.

12: Rovinello, M. (2012). One nation, two worlds? Prolegomena to new research on nation-building in Italian schools and the military (1861--1914). History of Education & Children's Literature, 7(2), 149--172.

13: Rovinello, M. (s. f.). The draft and draftees in Italy, 1861--1914.

14: Rovinello, M. (2013). The draft and draftees in Italy (1861--1914): Conscription, society, and the making of the nation. European History Quarterly, 43(1), 49--74.

15: I Centri Documentali - I servizi al Cittadino [en línea] Ministero della Difesa, Direzione Generale per il Personale Militare (PERSOMIL), 2002 [citado 20 Septiembre 2021] Disponible en Internet en: http://www.difesa.it/

16: Forum de Coleccionistas de Militaria [en línea] Italia: Associazione Culturale MILES [citado 23 Agosto de 2021]. Disponible en Internet en: http://miles.forumcommunity.net/

17: Forum de laCommissione Internazionale permanente per lo Studio degli Ordini Cavallereschi [en línea]

18: Bologna: Istituto Araldico Genealogico Italiano e di Famiglie Storiche d'Italia [citado 23 Agosto de 2021] Disponible en internet en: http://www.iagiforum.info/

19: Documentación familiar - Ruolo Matricolare de Enrico Scoponi, gentileza de Gonzalo Pelatti. Fotografía tomada del libro original en el Archivio di Stato di Macerata, 2010.

20: Documentación familiar -- Ruolo Matricolare de Francesco Perugini, enviado por el Archivio di Stato di Macerata, 2007.

21: Documentación familiar -- Ruolo Matricolare de Luigi Massolo, enviado por el Archivio di Stato di Alessandria, 2011

22: GIUSEPPE VETRONE, Ruoli Matricolari della Provincia di Benevento [en línea] Archivio di Stato di Benevento, 2009 [citado 12 Agosto de 2021 de 2014] Disponible en Internet en: http://www.archiviodistatobenevento.beniculturali.it/

23: Documentación familiar - Ruolo Matricolare de Enrico Baldoni, enviado por el Archivio di Stato di Macerata, 2007.

24: Documentación Familiar -- Foglio Matricolare di Placido LoCicero, gentileza de Laura Nobile. Expedido por el Archivio di Stato di Messina

25: Documentación Familiar: Ruolo Matricolare di Enrico Baldoni, copia enviada por el Archivio di Stato di Macerata, 2007

26: MARIA J. CERUTTI, Un archivio storico ell'emigrazione: l'esperienza cuneese [en línea] Revista 'Mobilità, migrazioni, percorsi professionali dal Piemonte sud-occidentale e dal Ponente ligure', Centre de la Mediterranee Moderne et Contemporaine dell'Università di Nizza, 1995 [citado 25 agosto 2021] Disponible en Internet en: http://www.cg06.fr/

27: Documentación Familiar: Foglio di Congedo de Francesco Lamperti, gentileza de Sabrina Lamperti, conservado por sus descendientes.

28: Modalita per la richiesta dei fogli matricolari [en línea] Ministero della Difesa, Direzione Generale per il Personale Militare (PERSOMIL), 2002 [citado 20 Septiembre 2021] Disponible en Internet en: http://www.difesa.it/

29: Italy, Napoli, Castellammare di Stabia, Civil Registration (Comune), 1809-1936 [en línea] Index e imagenes, FamilySearch, 2011 [citado 3 de Noviembre de 2011] Disponible en Internet en https://familysearch.org

30: Forum de militaria World War [en linea] Il portale italiano della militaria [citado 5 Enero de 2013] Disponible en Internet en http://www.worldwarforum.net/forum/viewtopic.php?f=42&t=2956&start=0

31: "Grazie Ragazzi!" 90° Anniversario della Vittoria. L'ante-festival...[en línea] Blog Liberthalia, 2008 [citado 26 Agosto de 2021] Disponible en Internet en: http://liberthalia.wordpress.com/

32: GIANNI STRASIOTTO, Amnistia di settembre 1919: i "feriti nell'anima" erano 40 mila [en línea] Il Popolo, Semanario de la Diócesis de Concordia, Pordenone [citado 20 Septiembre 2021] Disponible en Internet en: http://www.db.ilpopolopordenone.glauco.it/

33: MARIANO D'AMELIO, Amnistia [en línea] Enciclopedia Italiana Treccani, 2010 [citado 20 Septiembre 2021] Disponible en Internet en: http://www.treccani.it/

34: Grazie ragazzi! 90° Anniversario della Vittoria. L'ante-festwal..

35: FERNANDO DEVOTO, Historia de los italianos en Argentina, Buenos Aires: Biblos, 2008, 489p.

36: EUGENIA SCARZANELLA, Cuando la patria llama: Italia en guerra y los inmigrantes italianos en Argentina. Identidad étnica y nacionalismo (1936-1945) [en línea] Revista electrónica Nuevo Mundo, 2007, [citado 20 Septiembre 2021] Disponible en Internet en: http://nuevomundo.revues.org/3735

37: DEVOTO, Historia de los italianos en Argentina,

Búsqueda