Los hijos del olvido: la herencia en el apellido

Proietti, Esposito, Trovato, Colombo, ColombiniCasadei, son apellidos italianos frecuentes que reflejan una cruda realidad que existió en la Italia de nuestros abuelos. Una realidad que puede parecer incomprensible si no conocemos las particularidades sociales y económicas de la época en que vivían.

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El título de esta nota toma como referencia una publicación homónima de mi amigo genealogista Pablo Briand (†) en 2010; juntos investigamos estos temas: Pablo lo hizo en relación a Francia y yo a Italia.

Marco histórico: un fenómeno antiguo y persistente

El abandono de niños recién nacidos es un fenómeno antiguo y persistente, documentado en distintas sociedades a lo largo de la historia. En épocas en las que no existían mecanismos institucionales de protección, muchos niños eran abandonados en caminos, campos o espacios públicos, donde con frecuencia perecían por hambre, frío o ataques de animales. Se trataba de un verdadero drama social que afectó de manera extendida a Italia, tanto en el norte como en el sur, aunque algunos investigadores señalan una incidencia particularmente elevada en Sicilia.

Este fenómeno no fue exclusivo de la Edad Moderna. En la Antigüedad clásica, el abandono infantil estaba socialmente tolerado en determinadas circunstancias. En la Roma antigua, se estima que entre el 20% y el 40% de los niños nacidos eran abandonados, mientras que en Grecia el porcentaje rondaba el 10%. Estas cifras reflejan una práctica estructural, vinculada a factores económicos, sociales y culturales, más que a episodios aislados.

Hacia fines del siglo XVIII y comienzos del XIX, el abandono infantil adquirió proporciones alarmantes. Alrededor de 1800, en Milano y en otras grandes ciudades europeas, los niños abandonados llegaron a representar hasta un tercio de los nacimientos. Según algunas estimaciones, en Europa occidental, hacia 1850, más de 100.000 niños por año eran abandonados.

El fenómeno presentaba diferencias significativas según el contexto religioso y legal. En los países de tradición católica, como Italia y Francia, el no reconocimiento del nacimiento y el abandono eran más frecuentes. En cambio, en países predominantemente protestantes, las leyes garantizaban el secreto de la maternidad y permitían a las mujeres solteras dar a luz de forma anónima en instituciones públicas, dejando allí al recién nacido. En Italia, este tipo de alternativas recién comenzaron a implementarse hacia fines del siglo XIX, cuando se introdujeron mecanismos más formales de protección y asistencia.

La ruota degli esposti y los brefotrofi

Antes del siglo XIX, en Italia, los recién nacidos no aceptados por sus padres eran abandonados con frecuencia al borde de los caminos, frente a iglesias y conventos, o en las viviendas de parteras y nodrizas. Esta práctica, generalmente desesperada, exponía a los niños a una altísima mortalidad y reflejaba la ausencia de mecanismos institucionales de protección.

Para responder a esta realidad se crearon instituciones específicas de acogida, entre las cuales una de las más características fue la ruota degli esposti. Se trataba de un dispositivo giratorio —generalmente un cilindro de madera empotrado en un muro— instalado en hospitales, conventos u orfanatos. La madre colocaba al recién nacido en la ruota, hacía sonar una campanilla y se retiraba sin ser vista, garantizando el anonimato del abandono. El término ruota deriva del verbo italiano ruotare (rotar), en alusión al mecanismo que permitía introducir al niño desde el exterior hacia el interior del edificio.

La Ruota – Cividale del Friuli, Udine, Italia

Este sistema no fue exclusivo de Italia: en otros países existieron dispositivos similares, conocidos como torno. Sin embargo, en el contexto italiano, la ruota fue concebida por amplios sectores de la población pobre como una forma extrema de asistencia social, preferible al abandono directo en la vía pública.

Junto a las ruote funcionaban los brefotrofi y orfanatos. Allí los niños eran recibidos, registrados y bautizados si no lo habían sido previamente. En muchos casos, eran enviados a casas de nodrizas (balie o nutrici), mujeres que los amamantaban a cambio de una retribución mensual. Durante los primeros años de vida, estos niños dependían de un sistema de asistencia que incluía alimentación, control sanitario y seguimiento administrativo. Cumplida cierta edad, los varones eran orientados hacia aprendizajes laborales —como artesanos o campesinos— y las niñas hacia tareas domésticas y el tejido.

Una figura central del sistema era la ricevetrice —en ocasiones una monja—, encargada de recibir al niño tras el sonido de la campanilla. Sus funciones eran múltiples y delicadas:

  • recibir al recién nacido, hacerlo revisar por un médico,
  • bautizarlo si correspondía,
  • presentarlo al registro civil,
  • asignarle una nodriza,
  • llevar el registro de los abandonados,
  • atenderlo provisionalmente, ocuparse de su higiene, tratar enfermedades frecuentes y, en los casos más trágicos, organizar los funerales.

La complejidad de estas tareas da cuenta de la magnitud del fenómeno. La mortalidad infantil entre los niños abandonados era extraordinariamente alta, debido a la falta de lactancia materna, las malas condiciones higiénico-sanitarias y la sobrecarga de las instituciones. A modo de ejemplo, entre 1761 y 1770 un orfanato de Milano registró una mortalidad cercana al 43%.

Estas instituciones existieron tanto en el norte como en el sur de Italia, con especial intensidad en ciudades como Napoli, Milano, Firenze, Venezia, Palermo y Genova, aunque el fenómeno fue común a todo el territorio.

Marco legal y transformaciones institucionales

Durante el siglo XVIII, la situación de los proietti (niños abandonados) se volvió insostenible. En el sur de Italia, bajo dominación española, existieron iniciativas para mitigar el problema, aunque muchas quedaron en manos de benefactores privados y de instituciones eclesiásticas, con una asistencia limitada a los primeros años de vida.

Hacia 1750, las autoridades impusieron a todas las comunas, grandes y pequeñas, la obligación de construir y sostener una ruota pública, formalizando así el sistema de abandono asistido y trasladando a las administraciones locales la responsabilidad económica y organizativa del cuidado de los niños abandonados. Posteriormente, durante el período napoleónico (1805–1816), se impulsaron medidas para ordenar la asistencia, aunque la ruota ya era una práctica consolidada.

En la primera mitad del siglo XIX, los proietti y esposti quedaron bajo la tutela de Comisiones de Beneficencia hasta la mayoría de edad. Tras la unificación italiana, y especialmente entre 1883 y 1888, se produjo un nuevo aumento de niños abandonados, lo que llevó a la promulgación de la ley de 1890, que reorganizó las instituciones de beneficencia mediante la creación de los Istituti per l’assistenza e beneficenza.

Durante este período coexistieron dos formas principales de tutela:

  • la institucional (orfanatos) y
  • la asignación a nodrizas particulares. En algunos casos, estas mujeres llegaron a tener bajo su cuidado un número considerable de niños. Un ejemplo documentado es el de Maria Raffaela Lo Sarco, quien en San Marco Argentano tuvo la tutela de 68 niños entre 1893 y 1899.

En Sicilia, la ruota continuó funcionando hasta 1906. Finalmente, en 1923, todas las ruote fueron abolidas en el territorio italiano mediante un reglamento aprobado por el gobierno de Benito Mussolini, que reorganizó el sistema asistencial a través de las Aziende per il servizio alle persone. A lo largo del siglo XX, el fenómeno del abandono se redujo significativamente, aunque aún se registraron situaciones puntuales: en la década de 1950 se estiman alrededor de 5.000 casos de no reconocimiento del nacimiento en todo el país.

Los apellidos de los niños abandonados

Este sistema de asistencia, abandono y anonimato no desapareció sin dejar huellas. Por el contrario, dejó marcas profundas en la documentación, en los registros civiles y parroquiales, y especialmente en los apellidos asignados a estos niños.

Durante décadas —y en algunos casos durante siglos—, la necesidad administrativa de identificar a quienes habían sido abandonados dio lugar a la creación de apellidos específicos, algunos explícitos, otros deliberadamente neutros, otros inspirados en lugares, conceptos o circunstancias. Muchos de esos apellidos sobrevivieron al sistema que los originó y llegaron hasta nuestros días, integrándose a la trama familiar de generaciones posteriores.

Comprender cómo funcionaron la ruota degli esposti y los brefotrofi permite entender por qué ciertos apellidos existen, cómo se formaron y por qué no siempre es posible reconocer, a simple vista, su vínculo con el abandono.

Los motivos del abandono

Los motivos de abandono eran principalmente: la pobreza (recordemos que más del 70% de la población era pobre), la prostitución, las relaciones desiguales entre patrones y servidumbre, hijos de padres que no reconocían y no querían proteger al niño. Algunas estadísticas demuestran también que en muchos casos, el mayor número de abandonos se produjo después de una epidemia, como en 1861 con la epidemia de cólera.

Por otro lado, en las ciudades las familias de los obreros no podían mantener más de 4-5 niños al mismo tiempo y un nuevo nacimiento era un problema para la economía familiar, además también porque las mujeres obreras
trabajaban y no tenían demasiado tiempo para dedicar a la crianza de niños. Y no se conocían los controles de natalidad (anticonceptivos). Esta era una práctica común.

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