Alfonso XII / Alfonso XIII

Atención: hubo tres barcos con cada nombre. La Compañía Trasatlántica reutilizó los nombres Alfonso XII y Alfonso XIII en tres buques distintos cada uno. Si encontraste alguno de estos nombres en un manifiesto, la fecha del registro es lo que te dice de qué barco se trata:
Alfonso XII — el primero navegó entre 1875 y febrero de 1885; el segundo, entre noviembre de 1888 y julio de 1898; el tercero, entre octubre de 1900 y 1926.
Alfonso XIII — el primero navegó entre febrero de 1889 y febrero de 1915; el segundo, entre 1916 y 1923 (rebautizado luego Vasco Núñez de Balboa); el tercero, entre 1927 y mayo de 1931 (rebautizado luego Habana).
Una confusión más: la Armada española tuvo además un crucero de guerra llamado Alfonso XII, botado en Ferrol en 1887, que no era de la Trasatlántica y no llevaba pasajeros.
Ficha: Alfonso XII
El primer Alfonso XII fue construido en 1875 por William Denny & Brothers, en Dumbarton (Escocia), para la casa A. López y Compañía, que en 1881 se convertiría en la Compañía Trasatlántica. Medía algo más de 110 metros de eslora, tenía 3.000 toneladas de arqueo y cubría la línea de Cádiz a San Juan de Puerto Rico, La Habana y Veracruz. El 13 de febrero de 1885, pocas horas después de zarpar de Las Palmas con mar en calma, encalló en la Baja de Gando, un escollo señalado en todas las cartas y situado a menos de una milla de la costa. Los pescadores de la zona salieron con sus barcas y se salvaron todos los pasajeros y tripulantes, pero el buque se perdió por completo. Llevaba en bodega diez cajas con monedas de oro destinadas a pagar a las tropas españolas en Cuba, lo que dio lugar a una operación de rescate submarino que se prolongó durante el otoño e invierno de 1885-1886 y convirtió al barco en leyenda.
El segundo, botado en marzo de 1888 en el astillero de J. Wigham Richardson en Newcastle, era un vapor mixto bastante mayor: casi 130 metros de eslora, acero Siemens y máquina de triple expansión. Es el único de los tres con un viaje redondo documentado a Montevideo y Buenos Aires. Murió en la Guerra Hispano-Estadounidense: en la noche del 4 al 5 de julio de 1898, tratando de burlar el bloqueo frente a La Habana, recibió veintisiete cañonazos y su capitán decidió entrar en el Mariel aun a riesgo de varar antes que entregar el barco. La tripulación se salvó; el buque fue cañoneado durante horas hasta quedar destruido.
El tercero no nació español. Era el vapor alemán Havel, construido en los astilleros Vulkan de Stettin en 1890, capaz de 20 nudos y con capacidad para más de 800 pasajeros. España lo compró en 1898 para la guerra y lo rebautizó Meteoro; terminada la contienda quedó retirado hasta que en 1900 la Compañía Trasatlántica lo adquirió, lo renombró Alfonso XII y lo puso en la carrera de Bilbao a La Habana y Veracruz con escalas en el noroeste español, emprendiendo el primer viaje el 16 de octubre de 1900. Fue rápido pero ruinosamente caro de operar. Se lo desguazó en 1926.
Ficha: Alfonso XIII
El primer Alfonso XIII fue uno de los dos correos gemelos —el otro fue el Reina María Cristina— que la Compañía Trasatlántica encargó a los astilleros Denny de Dumbarton. Se puso la quilla en diciembre de 1887, fue botado en septiembre de 1888 y llegó a Cádiz el 7 de febrero de 1889 para incorporarse a la línea Cantábrico–La Habana–Veracruz, que sería su ruta durante veintiséis años. Quedó ligado a una de las mayores tragedias marítimas españolas: cuando en noviembre de 1893 se incendió en Santander el vapor Cabo Machichaco, cargado de dinamita, buena parte de su tripulación acudió a colaborar en la extinción. En la explosión murieron más de quinientas personas, entre ellas su capitán, Francisco Jaureguizar, y más de treinta de sus hombres.
En la guerra de 1898 lo armaron como crucero auxiliar. Burló el bloqueo norteamericano y llegó a Puerto Rico el 4 de mayo; como no podía seguir viaje a Cuba, pasó semanas llevando provisiones y material de guerra a Mayagüez y Ponce, y más tarde forzó también el bloqueo cubano para entrar en Cienfuegos. Fue su velocidad, a la par de la de los buques norteamericanos, lo que le permitió escaparse una y otra vez.
Su propio final fue casi absurdo. El 2 de febrero de 1915 llegó a la bahía de Santander con un cargamento de café procedente de Cuba y quedó amarrado a la boya de la compañía, frente a la ciudad. Tres noches después, hacia las nueve, los santanderinos salieron a la calle alertados por el sonido insistente de su sirena: una surada —el temporal de viento sur típico de la bahía— lo había tumbado y se le había abierto una vía de agua. Se hundió a la vista de los muelles llenos de gente. No lo mató un torpedo ni un temporal en alta mar: se fue a pique en su propio puerto.
Su reemplazo llegó rápido, y con una historia larga detrás. Había nacido en 1890 como el Scot, un buque de lujo encargado a Denny por la Union Steamship Company para la línea de Inglaterra a Sudáfrica, al que la prensa británica llamó el Albatros Blanco del Sur. Pasó luego a la Hamburg America Line como Oceana, y en agosto de 1915 la Trasatlántica cerró su compra en Nueva York. Reformado en los astilleros de Matagorda, se matriculó en Barcelona a principios de 1916 con el nombre de Alfonso XIII; prestó muy buenos servicios en unos años de escasez de bodega y fletes altos, y tras la guerra colaboró en la repatriación de tropas norteamericanas. En 1923 fue rebautizado Vasco Núñez de Balboa y en 1927 se lo desguazó. El tercer Alfonso XIII, botado ese mismo año, nunca navegó a América del Sur: en mayo de 1931, proclamada la República, pasó a llamarse Habana.
Señas visuales
Chimenea negra, la de la Compañía Trasatlántica española, que la conservó durante toda su historia.
